viernes, 25 de marzo de 2016

RELIGIÓN

Recuerdo la primera vez que ví el rastro blanco que dejaban los residuos del queroseno quemado por las turbinas de un avión al entrar en contacto con temperaturas de hasta 50 grados bajo cero.
Como en el momento de ver lo que ví no tenía ni idea de por qué, temí que fuera un aviso de la inminencia de la fin der mundo.
Pues algo parecido nos pasa a muchos cristianos cuando nos espantamos cada vez que un moro se lía la manta a la cabeza. El misterio, como el del chorro de humo de los aviones, deja de serlo en cuanto se descubren sus causas.
Mahoma nació en La Meca, tradicional lugar de peregrinación de creyentes politeístas, en el que sus residentes vivían prósperamente de la venta de exvotos e imágenes a los peregrinos, como ahora viven los comerciantes de exvotos en torno a santuarios marianos.
A Mahoma se le ocurrió predicar que sólo había un Dios, e inmaterial por añadidura, por lo que era sacrílego vender imágenes que plasmaran lo inmaterial en figuras visibles.
Los comerciantes previeron que Mahoma les arruinaría el negocio, por lo que lo echaron y el profeta de la fé irrepresentable salvó su vida huyendo a Medina. La fuga del profeta marca la Hégira, el punto cero de la historia del islamismo.
A su muerte, el año 632, Abú Bakr, uno de los nueve suegros de Mahoma, se proclamó Califa—rey, general y máxima autoridad religiosa—de los creyentes y, los discípulos de Mahoma conquistaron y se impusieron fulminantemente en toda la península arábiga.
El germen de la violencia que impulsa la expansión musulmana también se manifiesta entre musulmanes, que se escinden en sunnitas (partidarios de que los fieles elijan al califa) y chiitas, defensores de que el califa proceda de la familia del Profeta).
Coinciden las dos ramas, sin embargo, en un principio crucial: el que rechaza que no hay más dios que Dios, Allá) es enemigo del Islam y debe aceptar a Allá como único Dios o morir.
Para el Islam no es posible la convivencia entre la suya y las creencias opuestas. El primer mandato de todo musulmán y objetivo de su religión es convencer al que acepte convencerse o eliminar al que se niegue o se empecine en no aceptar la conversión.

No hay medias tintas ni neutralidad para el musulmán: el que no acate el Islam es enemigo del Islam. La alianza entre la civilización emanada de la religión islámica y la que proceda de otra religión no islámica es blasfema, una apostasía de la única religión verdadera, la que predicó Mahoma y expandió uno de sus nueve suegros.

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