martes, 13 de septiembre de 2016

EL MUNDO AMENAZADO

Por lo que uno ve, lee y oye, la gran amenaza para el futuro del mundo—al menos para la humanidad que goza y expolia este mundo—no es la contaminación ambiental, que consiste en dejar bolsas de plástico en la inocencia inmaculada del campo.
El que hizo este mundo, que era más listo que los bichos, arboles y gente que puso en el mundo que creó, ya se preocupó de que fuera una recicladora de residuos tan puntual que se activaba al mismo ritmo que se producían los desechos contaminantes.
El mundo seguirá si no eternamente, al menos perpetuamente.
Pero es cierto que el mundo, que evoluciona y cambia sin descanso, está amenazado ahora más que nunca por una alteración en constante progreso y que, en un futuro inevitable, hará desaparecer al hombre como desaparecieron los dinosaurios.
Será, más o menos, un cambio generado como cuando un meteorito cayó sobre el Caribe mexicano y se acabaron los dinosaurios que hasta entonces señoreaban el mundo.
Esta vez no se necesitará ningún meteorito para que los dinosaurios que hoy señorean el mundo, el hombre, desaparezca.
Es un meteorito de efectos progresivos: la revolución sexual promovida por el propio hombre.
¿Cómo va a garantizarse que el hombre seguirà sobre la superficie de la tierra si es el propio hombre el que renuncia al sistema válido hasta ahora para perpetuarse?
Hasta ahora, el apareamiento entre hombre y mujer era el método que, con el incentivo del placer mutuo, tenía como consecuencia la renovación y multiplicación de la especie.
Pero, si el mismo placer se obtiene con un procedimiento diferente, y además sin las consecuencias incómodas de tener que preocuparse del molesto efecto del disfrute, ¿para qué amargar el dulce regusto del placer si puede evitarse?
Esa y no otra, o esa sobre todo, es la razón por la que está amenazado el mundo, que no lo será como ahora lo es sin el hombre.

A ver quien endereza lo torcido, a ver quien da marcha atrás a ese motor del progreso que es la búsqueda y disfrute del placer, sin miedo a que lo acusen de machista.

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