viernes, 5 de junio de 2015

LA TORTILLA FRANCESA



Si lo televisaran, desplazaría a los multivistos programas en los que todos se despedazan a todos y, en vez de salvarse, se empozoñan.
Hablo, naturalmente, de las reuniones de pillos en las que, con el sigilo obligado para que no se sepa de lo que hablan (el que teme algo debe), se reparten el pastel.
Si no quieren que la gente sepa de lo que hablan (aunque admiten que urden pactos para gobernar a la gente) será que temen que la gente se entere de lo que traman a sus espaldas.
Celebran sus tenebrosas reuniones en luminosos reservados de finos hoteles y restaurantes en los que dicen que comen tortillas francesas y pescados a la plancha.
Esa supuesta frugalidad los delata como futuros pésimos administradores de los bienes públicos: es innecesario un escenario tan ostentoso para un menú tan frugal.
Si las cosas en España fueran como deberían ser y no como son, la policía debería haber intervenido, detener a los comensales y, después de ponerles la mano en el pescuezo para que no se golpearan la cabeza al entrar en el coche celular, llevarlos a declarar.
--“Oiga, uste”, protestará el inevitable secuaz de los detenidos, “¿ y de qué los iban a acusar al detenerlos?”
--“De tráfico ilícito de personas, porque tramaban que a los ciudadanos de una ciudad o comunidad autónoma los administre uno de ellos, a cambio de que a los de otras ciudades o comunidades autónomas los administre el otro”

miércoles, 3 de junio de 2015

DEMOCRACIA ARISTOCRÁTICA




Como concepto absoluto, la democracia es una utopía inalcanzable porque  un término abstracto como es el “pueblo”,  fusión artificial de individuos con gustos contradictorios, discrepan  por lo mismo en lo que quieren y en cómo conseguirlo.
Como sucedáneo relativo, se ha dado en llamar democracia al sistema por el que la mayor parte de los individuos impone al conjunto cómo  organizarse para lograr objetivos de la mayoría que no satisfacen a la minoría.
Pero, si esa mayoría no es suficiente para decidir qué hacer y cómo hacerlo, la democracia se deja de lado.
Se recurre, entonces, a acuerdos entre la aristocracia de los partidos para que, a espaldas de los ciudadanos, decidan por todos y asuman así  la responsabilidad de que la minoría marque lo que tienen que hacer las mayorías.
Esa argucia, degeneración aristocrática de un concepto democrático, es la que determina la actual situación política de España: chalaneo entre tratantes profesionales para complotar quien se queda con los mulos y quien se lleva las cabras.
Es así como esta supuesta democracia española ha evolucionado a la aristocracia plebeya de los partidos políticos, que es la que en definitiva decidirá quien manda a quien y quien obedece a quien.
Para eso no hacía falta tanta demagogia. Al final, la mayoría tendrá que obedecer lo que mande la minoría.
Como siempre, como cuando no había internet ni telefónos móviles y la solidaridad social se llamaba caridad.  

martes, 2 de junio de 2015

PESIMISMO



Del fulano (no añado “o fulana” para no ofender) pesimista, se dice que es el que solo ve la parte mala de un asunto.
Aunque no se diga, también es pesimista el que cree que lo bueno podría haber sido mejor.
Un suponer: ¿es pesimista el que está convencido de que todo y cualquier episodio de la historia de España fue malo para los españoles o el que se queja de que hasta los más exaltados pasajes de esos momentos pudieron mejorarse?
Vamos a dos de ellos: la conquista de América y la guerra de Independencia.
Los conquistadores atravesaron el mar, 1º :para escaparse de un país en el que no estaban a gusto, 2º para medrar sirviendo a la Corona y volver ricos y con mando y, 3º, para difundir allí una religión que aquí los tenía esclavizados.
De esos polvos salieron estos lodos y así les fue a los  que allí encontraron y a los mestizos de los que llegaron y de las nativas con las que procrearon. Las naciones que formaron se encuentran entre las más corruptas y violentas del mundo, exceptuando quizá a los países moros.
Lo del levantamiento contra los ejércitos de Napoleón, que en sus mochilas llevaban los manuales de igualdad, libertad y fraternidad fue todavía peor.
Al combatir a los franceses, los españoles defendían al régimen del mismo  Rey que había cedido a Napoleón sus tierras y súbditos, como el que enajena un cortijo con ganado incluido.
Como para estar orgulloso de la Historia de España, que sigue por sus eternos derroteros: los mandamases de ahora cambian votos con la soberana arrogancia del que sabe que los votantes son ganado, igual que lo eran los españoles en tiempos de  Carlos IV.

lunes, 1 de junio de 2015

EL DUELO A GARROTAZOS Y LAS LANZAS



Estos días de desconcierto en los que la mitad de la población espera que pase ya en España lo que quieren que pase y la otra mitad teme que ocurra lo que ya se han resignado a sufrir, son para todos un  sinvivir.
Y todo porque los españoles, por mucho que digan lo que dicen esos tunantes que se las buscan calificando el bienestar de los pueblos, van demasiado a los museos y demasiado poco a los campos de fútbol.
Los museeros se creen que es verdad lo que han visto en el cuadro de Las Lanzas o la Rendición de Breda, en el que el vencedor pone la mano en el hombro del derrotado y lo consuela por haber perdido.
Si es inevitable, que en vez del de Las Lanzas vean el Duelo a Garrotazos de  Goya, en el que dos paisanos se muelen a palos, sin poderse mover por estar sembrados en el suelo, hasta que fenezca uno de ellos.
Esa estampa de las pinturas negras de Goya sí que es paradigmática (olé lo redicho) del carácter de los españoles.
Es como si a los dos partidos, perdedores ambos de las recientes elecciones, los hubiera inspirado la leyenda española de que al enemigo ni agua, o la norteamericano de que el mejor indio es el indio muerto.
Porque al español, generoso según la propaganda y mezquino conforme a la realidad, ganar no es lo que más le importe.
El objetivo estratègico de toda confrontación con el adversario no es ganar, sino que el enemigo pierda, y ganar es sólo un movimiento táctico para lograr el fin propuesto: aniquilar al enemigo.

domingo, 31 de mayo de 2015

PITOS SIN FLAUTAS





Hay que ver lo que es esa patraña de la evolución que se le ocurrió a Darwin si se aplica al deporte: un estruendo de plebeyos pitos, sin la ancestral nobleza de la flauta, una sola de cuyas notas puede cambiar el mundo.
“El mundo he de cambiar”, es como se conoce el opening 1 de Inuyasha, “notas para flauta dulce”
El estruendo de pitos sin flauta es a lo que ha evolucionado un espectáculo originalmente deportivo como la Final de la Copa del Rey de Fútbol.
Y ojalá se quede en eso y no empeore.
Porque, afortunadamente, todavía es solo una cacofónica denegación de una realidad evidente: pitan los que, por mucho que les duela España, son españoles.
Que se sepa, todavía no hay resultados de inverosímiles estudios de impronunciables universidades norteamericanas sobre la aceleración de la evolución hacia la no españolidad mediante el abuso del silbato.
Como para todo lo que se considera problema, también para el de las pitadas organizadas se adelantan soluciones.
Una de ellas (oídos que no oyen, corazón que no siente) es apagar el televisor. Otra, fusilar a los silbantes, con lo que el estruendo de los disparos ensordecerá al de los pitos.
Pero hay otro remedio más sutil que, por lo mismo, inevitablemente es chino: el de que el bambú, para no quebrarse, se incline en la dirección en que el viento sople.
Así que, en la próxima ocasión en la que algún equipo de alguna de las regiones propensas a silbar acuda al estadio para silbar con el pretexto del partido, el Rey y toda su corte del palco deberían sacar del bolsillo de sus chaquetas sus propios pitos, llevárselos a la boca y soplarlos con ejemplar entusiasmo.

sábado, 30 de mayo de 2015

ECHARSE AL MONTE




Aquellos gallardos bandoleros a los que nimbaron con aureola romántica los viajeros europeos que en el siglo 19 descubrieron España eran unos apestados sociales.
Señoreaban las sierras, atracaban a los incautos, asesinaban a los posibles delatores y se enfrentaban a los mercenarios a sueldo de las diputaciones para que no volvieran a la sociedad que los había expulsado.
Tragabuches, El Tempranillo, Pasos Largos o Flores Arocha se refugiaron en despoblado porque eran proscritos de la sociedad en la que, hasta que se echaron al monte, habían vivido.
Se hicieron bandoleros porque esperaban sobrevivir solos mejor que en compañía de los que no querían que vivieran entre ellos.
Como le está pasando ahora a los disidentes que votan y militan en el Partido Popular.
Si se echan al monte no será porque los tiente la bucólica perspectiva de disfrutar de la soledad y el silencio,  amenizados por el gruñido esporádico de los jabalíes y la berrea otoñal de los venados.
Si decidieran vivir frente a los demás (PSOE, Podemos, Nacionalistas, Ciudadanos, Comunistas) será porque se niegan a que convivan con ellos.
No faltarán los Pablo Neruda, Ernest Hemingway, George Orwell o André Malraux que se instalen en el Palace madrileño para, desde el confort de sus suites, contar al mundo lo bien que se matan los nuevos bandoleros y los esbirros contratados por la sociedad que los expulsó.

viernes, 29 de mayo de 2015

LA ESPAÑA ETERNA



Hay que ver la poca confianza que algunos españoles tienen en la capacidad de supervivencia de ésta España, que fue capaz hasta de sobreponerse a la cutrez del régimen cuartelero del generalísimo Franco.
Este pueblo de eternos acobardados, que tan sabiamente ha aplaudido a su tirano de turno hasta que otro déspota heredara su poder y sus aplausos, teme ahora que una pandilla de perroflautas ponga fin a la existencia sometida que padece desde hace tres mil años.
Aquí se han corrompido todos los moralizadores: los romanos, los bárbaros, los moros, los bandoleros cristianos, los reyes casamenteros de estirpe alemana, los de origen francés, los más entretenidos de las dos repúblicas, los sargentos franquistas y hasta los urdidores postfranquistas.
Ya están a punto de tiranizar a los españoles los moralizadores antisistema, deseosos de corromperse desde su proyecto anticorrupción.
Y es que el pueblo español, eternamente sometido, tiene el bálsamo de fierabrás para eternizarse, por mucho que se empeñen en anularlo los opresores de turno:
Ensordecerlos con sus aplausos, encadenarlos con sus adhesiones inquebrantables, adormecerlos con la droga letal de sus elogios, dejar que la obesidad mórbida consecuencia de sus despojos los paralice.
Por eso, los de Podemos y similares, como otros tiranos que los precedieron, pasarán, y los españoles seguirán existiendo.
Sometidos, pero eternos.