viernes, 18 de noviembre de 2016

PATÉTICO O PERIPATÉTICO



Nunca es demasiado tarde para saber lo que hasta entonces se había ignorado por muy a la vista que lo hayamos tenido.
Por ejemplo, Pedro Sánchez, ese personaje que tan familiar se nos hizo porque sabía lo que quería pero ignoraba cómo conseguirlo va a resultarnos, además de patético, peripatético.
Su patetismo lo evidenciaba el padecimiento moral que reflejaba su obsesiva pasión por el poder, por sacudirse las cadenas de la esclavitud para empuñar el látigo de capataz.
Y ahora, el Pedro Sánchez en que se ha transmutado el nuevo nos ha resultado peripatético aunque no en el sentido que se aplicaba a las enseñanzas del filósofo, sino por la forma en la que Aristóteles las impartía, paseando.
¿Qué busca y no encuentra el que hasta hace poco parecía tan seguro de saber lo que quería y cómo conseguirlo?
Puede que, como la lima del tiempo suaviza las rugosidades del metal, los intentos fallidos por encontrar su alegría y su persona en las borrascosas aguas del poder lo hayan inducido a buscar lo que busca en otras tierras, en otros paisajes limitados por otros horizontes.
Por eso, seguramente, el alma en pena que se esconde dentro del cuerpo de Pedro Sánchez quiera librarse de su patetismo dedicándose al peripatetismo, andar por andar siempre sin parar y en círculos concéntricos, para no tener que pensar.
Que caminar y pensar simultáneamente solo lo consiguen los pocos sabios que en el mundo han sido.

jueves, 17 de noviembre de 2016

SERVIR PARA TODO





Los polítícos profesionales, que como su nombre indica son los han hecho de la política la ocupación que les garantice el jamón de bellota para acompañar su  Moet Chandon de cada día, lo mismo entienden de capar grillos que de hacer trasplantes cardíacos.
Ahí tienen, como ejemplo ilustrativo, a Jorge Fernandez Díaz que, cuando dejó de rebuscárselas como el ministro del Interior, y rechazado como presidente de la comisión de asuntos exteriores de la cámara, va a encontrar pesebre amigo en la Comisión de Peticiones.
¿Sirve para algo el que sirve para todo o, en ésta sociedad especializada el que sirve para todo no sirve para nada?
¿Es un político profesional como el jabón milagroso que borra todas las manchas, tanto las de vino como las de grasa?
¿O es que el verdadero, el genuino , el auténtico político profesional es el subordinado eventual que lo mismo le echa una mano a su señorito para resolverle la negativa de una gachí escrupulosa,  que para confirmarle que fue un tal Fleming el que inventó la penicilina?
Había en tiempos pretéritos, que se llaman así porque eran anteriores a ésta democracia sin la que la vida es un imposible categórico, la muy noble y sacrificada profesión de agradador, parásitos interesados de los señoritos, de cuyas sobras engordaban.
¿Qué es un politico subordinado como Fernandez Diaz y los fernandezdiaz de todos los partidos políticos que viven de reirle las gracias y de ejecutar lo que sus señoritos les manden, sino agradadores que engordan de las sobras de sus jefes políticos?
Para que luego vayan por ahí diciendo los ingenuos interesados que esto de la democracia es la improsulta (el non plus ultra) o la guinda que remata y adorna el cucurucho del helado.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

LA EDUCACION



A la única de las siete leyes de educación aprobadas a propuesta del Partido Popular la sentenció anoche el Congreso de los Diputados, que con los votos de todos los partidos menos los del que la patrocinó, quedó congelada en espera de la que la sustituyan.
Siete leyes reguladoras del servicio público que es la educación se han sucedido desde la primera en 1980, y todas apadrinadas por el Partido Socialista, que hasta derogó antes de que entrara en vigor la impulsada por el Partido Popular de José María Aznar.
 Como único impulsor de todas las leyes educativas de España, al Partido Socialista hay que reconocerle el mérito o reprocharle el fracaso del servicio público que es la Educación.
Sería lógico, por lo menos para enjuiciar su solvencia o su inepcia, juzgarlo a la luz independiente de árbitros neutrales, por ejemplo a organizaciones educativas no españolas.
Se llega asi a la conclusión de que los baremos de los organismos internacionales coinciden en que todos los paises europeos, salvo Portugal, preceden a España en las listas de los mejores sistemas de enseñanza.
¿Por qué, entonces, el Partido Socialista hizo una vez más causa de honor la derogación de la única ley educativa no patrocinada por ellos?
¿Es del Partido Socialista toda la culpa del evidente fracaso escolar en España?
No toda.
¿Qué esperan de los planes de enseñanza los alumnos y los padres de alumnos?
Deberían exigir el gradual aprendizaje para que con aplicación y constancia, el alumno se habitúe a alcanzar metas que se fije cuando, en el ejercicio de su profesión, tenga que competir con los que les disputen el éxito.
Y, sin embargo solo aspiran a poder presentar la acreditación oficial de que superó las pruebas académicas que les exija el contratador para ocupar un puesto de trabajo.
Los alumnos y sus padres quieren ante todo aprobar, y que sus hijos aprueben el curso que les exigirán para encontrar empleo.
(Los padres, o muchos de los padres, esperan de la enseñanza que tenga ocupados a sus hijos durante las horas en las que ellos estén trabajando).
¿Son solamente los alumnos y los padres de los alumnos los responsables de un sistema de enseñanza fracasado?
No.
Los trabajadores de servicios públicos, como el de la enseñanza o la atención médica, están afiliados a, o simpatizan con, el Partido Socialista y sus sindicatos afines.
Lo demuestra la participación masiva de empleados de esos servicios a manifestaciones contra planes educativos o de asistencia sanitaria y hospitalaria.
¿Protestan porque enfermos y alumnos son mal atendidos, o porque la atención a enfermos y alumnos les exigiría un esfuerzo que perjudicaría su bienestar?
El bien de los alumnos y enfermos, que debería tener prioridad en la preocupación de profesores y maestros, se ha subvertido.
Los alumnos y los enfermos son, al fin y al cabo, el pretexto para que los que trabajan en esos sectores tengan una vida lo más plácida posible.
Por eso, si la exigencia de calidad se opone al deseo de comodidad, se sacrifica la calidad a la comodidad.
Al fin y al cabo, manda el Partido que consiga mayor número de votos, no el respaldado por los más  votantes más sensatos.

martes, 15 de noviembre de 2016

TRUMP: MENOS ESTADO, MÁS LIBERTAD



En comparación con las innumerables que hacen los políticos españoles, las promesas electorales que han aupado a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos fueron escasas y poco explícitas.
Por su espectacularidad sobresalen la construcción del muro que frene la inmigración mexicana, la derogación del fracasado programa de asistencia médica actual,  o reactivar la expulsión de inmigrantes ilegales, que Obama ya aplicó profusamente.
Los mensajes que más han calado en los votantes y que dieron el triunfo a Trump coinciden en que todos ellos significarían limitar la intromisión del Estado en asuntos que le corresponde resolver a los ciudadanos.
Si cumple ese propósito insinuado en su campaña electoral, los ciudadanos norteamericanos recuperarán la filosofía sobre la que descansó su fundación: que la gente se arriesgue a acertar o equivocarse sin que decidan por ellos las burocracias tiránicas europeas de las que habían huido.
La base en que fundamenta su programa Trump es apartar al Estado de sus crecientes intromisiones en la libertad del individuo.
La relajación de los controles que el estado ejerce sobre el individuo con el pretexto de mimar el medio ambiente o premitir que las compañías de seguros compitan libremente entre ellas sin las barreras interestatales de ahora tienen ese objetivo.
Por eso los europeos, y sobre todo los europeos españoles, están desconcertados con la victoria de Trump.
No conciben que la gente pueda preferir arreglárselas por sí mismos a la cómoda incuria de que sea el Estado el que decida cuantas horas trabaja, qué día puede no trabajar, a qué hora debe cerrar sus comercios, qué deben estudiar sus hijos y en qué clase de escuela.
En la renovada América que se avizora si Trump cumple lo que insinúa, cada ciudadano será más dueño de sí mismo porque se emancipará de la tiranía estatal.
Una sociedad más libre porque el Estado la controlará menos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

QUE NO SE ENFADE RAJOY



La presión (casi tiranía) social del antitabaquismo tiene la culpa de que a Mariano Rajoy se le haya agriado el carácter, tan apacible y pastueño cuando exhalaba el aromático humo de sus puros monumentales, y su sinvivir lo vamos a pagar todos.
En primavera, si los progresistas que no lo dejan fumar  tampoco lo dejan aprobar sus presupuestos, habrá elecciones.
Y es que ganar elecciones es, para Mariano Rajoy, un placer sucedáneo al gusto que lo nirvana cuando, fumando, espera tras los cristales de los alegres ventanales de La Moncloa a que los españoles hagan lo que les mande.
¿Que el contubernio de la oposición se empecina en que no están claras las cuentas presupuestarias que les pida que aprueben? Después de unas nuevas elecciones perdidas lo harán.
Y como los de la oposición están doblemente deprimidos porque todas las elecciones las pierden porque las gana Rajoy, aprobarán sus cuentas como Fernando de Aragón aprobó las del Gran Capitán.
Y, desde los apacibles Ciudadanos a la derecha, a los más enrabietados podemitas a la izquierda,  todos le temen más a unas elecciones contra Rajoy que a una inundación después de una riada.
Se van a enterar estos demócratas que ya empiezan a convencerse de que no todos sus problemas los resuelven las elecciones, sino las elecciones que ganen si es que alguna vez las ganan.
Y como nunca las ganan porque los derrota Mariano Rajoy, a Rajoy le aprobarán los presupuestos o lo que haga falta, con tal de que no se cabree y los vuelva a convocar a las urnas.

domingo, 13 de noviembre de 2016

QUE DIOS NOS AMPARE CONTRA EL GOBIERNO



Ahora que se acabaron las excusas para no hacer nada, ha llegado el momento en el que, ya con plenos poderes como presidente del gobierno, Mariano Rajoy se remangue y empiece a hacer algo.
Ya empezó nombrando ministros, que son como los encargados de las empresas que forman el cartel que es España y ahora los encargados tienen que nombrar a los manijeros que brieguen con y embriden a los capataces de cuadrilla que son los funcionarios medios de la administración.
En estas primeras decisiones gubernamentales será donde se forje el improbable éxito o el inevitable fracaso del reelecto Rajoy y, por lo que se husmea, el futuro tiene mala pinta.
Un suponer: quieren hacer presidente de la comisión de exteriores del Congreso a Fernández Díaz, el que manejó los pasados casi cinco años la paz y el sosiego en el interior de España, como ministro del Interior.
Si lo quitaron del cargo que tenía por no haber cumplido a plena satisfacción de Rajoy la vigilancia del sosiego de la España que tan bien conoce por haber nacido en ella, ¿cómo va a llevar las relaciones con el ancho mundo extraespañol, que seguramente desconocerá más que lo que desconocía de España?
O esto de los gobiernos no tiene pies ni cabeza o mandar es algo así como el jabón milagroso que quita todas las manchas.
Y, si todos servimos para todo o nadie sirve para nada, ¿para que queremos gobierno con lo caro que sale mantenerlo y lo incómodo que nos resulta a los gobernados cumplir lo que nos manden los gobernantes?
Mal va la cosa, y no ha hecho más que comenzar a empezar.
Que la infinita misericordia divina nos ampare contra las amenazas inmediatamente venideras, o nos dote de resignación para soportarlas.
Como siempre, y en todas las circunstancias de la vida, en las manos de Dios estamos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

ELEFANTE TRUMP-RATON ECHENIQUE



La audacia, que es una virtud envidiable, a veces se transmuta en ridiculez  esperpéntica si el ratón cae en la tentación cómica de ponerse a la altura de un elefante.
A la altura de un elefante (el animal emblemático del Great Old Party, el partido republicano de los Estados Unidos), con cuyo candidato vencedor en las elecciones norteamericanas, se han apresurado a establecer diferencias los personeros de Podemos.
¿A quién que no sea al propio Pablo Echenique se le hubiera ocurrido comparar con el Partido Republicano vencedor en las elecciones norteamericanas a su Podemos, perdedor en todas las contiendas resueltas en las urnas?
Porque, en eso de las elecciones el que no las gana las pierde, por mucho que del apaño entre perdedores se le arrebate el premio al vencedor.
La insensatez de comparar lo incomparable solo se le puede ocurrir a un insensato, a un lunático o a un insensato lunático.
Saliva gastada en balde, patente truco para que, al establecer la diferencia comparativa con un gigante, la enanez se olvide.
Ay si Echenique y sus comparsas tuvieran acceso al botón de las claves fatídicas…
Entonces, en vez de la sonrisa que despierta su ridiculez por compararse con Donald Trump , sí que provocaría pánico.