miércoles, 27 de mayo de 2015
martes, 26 de mayo de 2015
TORTILLA DE PATATAS
Se conoce por
democracia el sistema de organización del estado que consiste en que los
ciudadanos decidan quien debe gobernarlos, generalmente por elección.
O eso es mentira o
en España no hay ni ha habido democracia.
La constitución de
1978, de la que emanan las leyes que rigen en el Estado Español, asignaron a
los partidos políticos la autodesignación de sus burocracias políticas, cuyo
principal cometido es elaborar las listas y el orden de colocación en ellas de
los nombres de los candidatos a gobernarlos.
Fuera de esas
listas, nadie puede ser candidato aunque cumpla todas las condiciones para ser
electo, menos la de del beneplácito de los burócratas partidarios para incluir
su nombre en la nómina de aspirantes.
Pero ni con ese
visto bueno es bastante: si la lista que haya conseguido el mayor número de
votos,(pero no suficientes para que salgan elegidos la mitad más uno de los
imprescindibles para gobernar sin ayuda de alguna de las candidaturas
derrotadas), es como si hubiera perdido los comicios.
Porque las
burocracias de los partidos recuperan la autonomía que habían compartido con
los incluidos en sus listas y son libres para negociar qué partido debe
gobernar.
Así, un partido
que haya conseguido el mayor número de votos puede tener que conformarse con
oponerse a la coalición de partidos perdedores, que sume la mitad más uno a la
que no llegaron los ganadores, negociada sin contar con los ciudadanos
electores.
Los gobernantes
pueden ser consecuencia del enjuague pactado entren los burócratas políticos
que hayan negociado el reparto de los muchos beneficios y de los escasos
contratiempos de gobernar.
Así que esto que
pasa en España desde 1978 no es una democracia.
Es, más bien, una
tortilla de patatas a la que, además de aceite, papas y huevos, se le puede
añadir cebolla, ajos, pimientos y, si ni con eso fuera suficiente, se puede y
debe sazonar con cocaína venezolana.
lunes, 25 de mayo de 2015
LA ESPAÑA BIPOLAR
No es España
un país al que le siente bien la bipolaridad porque siempre (moros o
cristianos, partidarios del candidato francés o del aspirante austríaco, carlistas
o isabelinos, conservadores o liberales, frente popular o coalición de derechas) se acaba en guerra civil.
Asusta, por
eso, que el secretario general socialista Pedro Sanchez, para justificar anoche
el fracaso electoral de su partido, dijera que los resultados demostraban que
era la principal fuerza de izquierdas.
La última vez
que esa bipolaridad nacional hizo saltar por los aires la paz de España provocó
un millón de muertos de la coalición de izquierdas llamada frente popular y de la alianza
militar-acomodada capitaneada por Franco.
Si las mitades
opuestas de una sociedad se enzarzan, no hay lugar para los neutrales: es
enemigo al que hay que exterminar todo el que no colabore en ese exterminio.
Todas las declaraciones
que he oído a los dirigentes socialistas cuando interpretaban el resultado de
las elecciones de ayer sugerían que aspiran a resucitar la condición bipolar
que la Constitución de 1978 intentó eliminar.
Lo hizo
facilitando que la sociedad española se fragmentara en tantos partidos políticos
que dificultara su concentración en dos mitades opuestas.
Pedro Sanchez
y Susana Diaz, dos de los socialistas a los que he oído la aspiración de que su
partido encabece a los grupos de izquierdas que se presentaron a las elecciones
municipales señalaron implícitamente al adversario común de sus coaligados: la
derecha.
Poco dura la
paz en España. Menos que la alegría en la casa de un pobre.
sábado, 23 de mayo de 2015
CONTRA LA JORNADA DE REFLEXION
Un sieso es un
fulano esaborío, sin grasia, que va cuando los demás vienen y viene cuando los
demás van. Un malage.
Pues la
cosecha de siesos esta temporada ha sido particularmente abundante. Se
distinguen de las personas normales en que dicen que habría que suprimir la
jornada de reflexión que antecede a la electoral.
Los siesos no
entienden que ese día es más que necesario, imprescindible y que, en ocasiones
como la actual en la que el voto está tan disputado, más que un día de
reflexión haría falta una semana.
Sobre todo, en
Andalucía, crisol de razas con preponderancia de las semíticas que, como todo
el mundo sabe, tienen especiales inclinaciones para el comercio gracias a su habilidad para el
regateo.
Y en esta
ocasión, un solo día para regatear el precio del que está dispuesto a vender su
voto con el comprador que esté interesado en pagar por conseguirlo es demasiado
poco tiempo.
¿Razones? El
crecimiento de la demanda porque hay agentes nuevos en el mercado del voto que,
como artículo sometido a las inmutables leyes de la oferta y la demanda, ha
disparado su precio.
En la bolsa
clandestina del voto protestan tanto los compradores como los vendedores por
las limitaciones a su comercio porque la jornada de reflexión, impide utilizar
los medios de comunicación para difundir las últimas ofertas y demandas de votos.
Los agentes
del mercado del voto, aunque son contrarios a la interferencia estatal que
altere el precio que fije el ajuste entre oferta y demanda, estarían dispuestos
a aceptar dos medidas:
a) Que el
precio del voto tenga un precio máximo equivalente al de seis meses del salario
mínimo y,
b) Que en
todos los colegios electorales se habilite un espacio acotado, contiguo a las
mesas sobre las que se encuentren las urnas, desde el que los agentes de los
partidos hagan su oferta final a los votantes.
viernes, 22 de mayo de 2015
ESPAÑA: VOLVER A EMPEZAR
Supongo que algún
psicoloco habrá inducido a su paciente a un estado de amnesia para reajustar su
comportamiento al ambiente en que desarrolla su actividad.
Volver a empezar para
recuperar el sentido de lo que se hace y para qué se hace, si lo que hacemos
mecánicamente y sin saber por qué ni para qué, nos deja cada vez más confusos.
Hacer punto y aparte
si, como parece, los españoles de ahora no sabemos si España es la patria por
la que merece la pena morir o la farsa que debemos matar para que vivamos.
De hecho, los
españoles siempre hemos tenido nostalgia como pueblo diferenciado, si es que lo
somos, de los tiempos remotos en que cada individuo era enemigo de su semejante
y cada grupo coyunturalmente aliado lo era de la pandilla contraria.
En éstos momentos,
por un capricho evolutivo de la sociedad, pandillas de españoles accidentalmente
agrupados en un partido político disputan a las bandas adversarias los
beneficios de la explotación del territorio.
Tiene prioridad la
eliminación de la pandilla adversaria, como paso inevitable para el disfrute en
exclusiva del disfrute del espacio en disputa.
Ahora, como pasaba
mil años antes del nacimiento de Cristo, grupos de individuos conocidos por iberos, descendientes
de los llegados de Libia y el Norte de Africa, disputaban el control del
territorio a los indoeuropeos llamados celtas , que habian entrado por los
Pirineos.
Hasta que llegaron
los romanos y los obligaron a todos a soportarse, aquellos iberos y celtas
andaban como sus descendientes actuales, a guantazo limpio.
Pero es más difícil
de solucionar que el de entonces el conflicto de ahora porque, antes de los
romanos, los de etnia distinta vivían en pueblos cercanos pero alejados.
Los de los
partidos políticos enemistados de ahora conviven en regiones, ciudades, pueblos
y hasta en las mismas casas, mirándose todos de reojo, acechando un descuido del
adversario para rebanarles el cuello.
No es como antes,
lo de ahora es peor.
Si la Historia
tiende a repetirse, algún Imperio Romano, si Dios quiere, llegará de fuera para
que los españoles dejen de pelearse entre ellos.
jueves, 21 de mayo de 2015
ELECCIONES: QUE LO QUE SIGUE SIENDO NO LO PAREZCA
¿Qué le importa
al cerdo el nombre del porquero? ¿Aligera el peso que tiene que cargar el
caballo si la piel del jinete es blanca y no negra?
Si el vencedor
no lo enchufa en una colocación cómoda y bien pagada, ¿qué mas le da al votante
que gane las elecciones PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos o cualquier otro partido?
Algo tan
superfluo y artificial como el recurso electoral no basta para alterar las
naturales aspiraciones básicas del hombre: alimentarse, perpetuarse y mandar
para que otros lo obedezcan y, así, no
tener que obedecer a otros.
Porque, ¿qué busca
el que dirija el partido que gane las elecciones?
Garantizarse
las condiciones de vida a las que aspira, que lo suceda el que designe para
sucederlo y mandar a los que, por el
cargo obtenido al ser electo, estén obligados a obedecerlo.
Con o sin
elecciones, con democracia o dictadura, el que manda es único y los que
obedecen, multitud.
Es el sistema
electoral, de moda en las sociedades que se autoconsideran avanzadas
socialmente, un medio más sutil y engañoso que el dictatorial, propio de
pueblos primitivos.
Una envoltura
más tentadora para inducir a comprar un producto igual de grosero: obedecer al
que mande.
Al sometido a
obedecer al dictador le quedaba la excusa exculpatoria de que lo hacía
obligado, para evitar el castigo físico o el aislamiento social.
Pero, ¿qué
puede aducir en su favor el responsable nominal de que lo tiranice el gobierno
en cuya elección participó?
Ya que el
resultado de cualquier modalidad de establecer jerarquías en la sociedad es el
mismo, sin elecciones, al menos, queda el derecho al pataleo.
Con la mal
llamada democracia electoral, ni eso.
martes, 19 de mayo de 2015
HUNDIR LOS BARCOS
El dañino
pacifismo al que la humanidad no deja de degenerar es culpable de que las películas en las que
muñecos mecánicos matan a otros muñecos mecánicos hayan reemplazado a aquellas
en las que unos hombres mataban a otros hombres.
Al fin y al
cabo, se maten muñecos o personas, matar seguirá siempre siendo el espectáculo
más placentero para el que no corra peligro de que lo maten.
Lo que ya no
tiene remedio es que, con tanto nefasto pacifismo, el más grandioso y dramático
espectáculo, que es la guerra, sea tan extraño al hombre actual como una
ecuación de segundo grado lo es para mí.
Por eso, los
ignorantes se extrañan de que el objetivo militar prioritario de la coalición
militar mundial contra la emigración sean los desarmados y desvencijados barcos
que los traen de Africa a Europa.
Esa decisión,
que para los pacifistas carece de sentido, lo tiene todo para los que la guerra
nos gusta más que a un tonto una candelita.
Bombardear los
barcos viejos y desarmados que los emigrantes usan para llegar a Europa es
eliminar la red estratégica de transporte que el adversario invasor utiliza
contra el europeo invadido.
Un suponer: si
los alemanes hubieran hundido los miles de barcos en que llegaron desde
Inglaterra los que viajaban en ellos, antes de que desembarcaran en Normandía,
nos habríamos evitado películas tan insufribles como “Salvar al soldado Ryan”.
Tiene una
ventaja todavía más evidente la operación militar europea contra los barcos que
usan los emigrantes africanos: como están desarmados, no hay que temer que
opongan resistencia. Si la operación falla, será solo por la mala puntería de
los atacantes. A los estrategas europeos se les ha escapado un detalle fundamental: que se televise en vivo y en directo el heroico ataque. Serviría para elevar la moral de los europeos y disuadir a futuros y posibles emigrantes africanos.
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