martes, 9 de junio de 2015

SI YO FUERA ARGENTINO...



Si yo fuera argentino, que por mucho que lo intente no lo consigo, diría que esta España es peor que un quilombo sin cafiche: un  quilombo con casi tantos cafiches como protegidas dedicadas a sacarle la guita a los paganos.
Tan poco eficiente había llegado a ser el quilombo que los cafiches han llegado a la conclusión de que, para que el negocio prospere, necesitan aliarse todos contra el que, hasta ahora, controlaba el mayor número de inquilinas.
O todos contra uno, o el quilombo se va para la miércoles.
Y, confían, el negocio saldrá ganando porque los cabritos saldrán perdiendo.
Se acabará la competencia en tarifas y aberraciones especiales que,  hasta ahora, obligaba a esmerarse a las internas.
Desde ahora, la sociedad limitada de la asociación de alcahuetes será la que establezca el servicio único y fije el costo por disfrutarlo.
Casi todos los visitantes habituales de la hasta ahora popular casa de relajo saben que saldrán perdiendo pero, como eso es lo que hay, se achantan  y seguirán frecuentando el negocito.
Sólo han aplaudido el arreglo las varias asociaciones promotoras de las buenas costumbres que, hasta ahora, habían intentado sin éxito cerrar el lupanar.
Pero se dice que será una alegría pasajera porque una multinacional con recursos económicos y conexiones financieras y políticas fuera del barrio están buscando un local que restablecerá la libertad de ofertas y tarifas.
Así, el barrio tendrá otra vez un local que sea de verdad un quilombo, y no un campo de concentración en el que unas máquinas con apariencia humana alivien a los paganos.

lunes, 8 de junio de 2015

AQUELLA TRANSICION EJEMPLAR





La muerte de Franco, precedida de una tan larga y minuciosamente relatada como el desarrollo de un partido de fútbol, fue como el rayo: hasta que no cayó no se evaluaron los daños que había provocado.
Como toda catástrofe, desencadenó problemas de atención inmediata (evitar una guerra como la que aprovecho para su ascensión al caudillato) y medidas a largo plazo (organizar el Estado para no excluir a ningún ciudadano o partido, que se sintiera tentado a salirse del sistema para hacerse hueco a la fuerza).
Lo primero se logró y, para conseguir lo segundo se elaboró, con el acierto que permitió la urgencia de impedir un enfrentamiento, la Constitución de 1978.
Fue la Constitución que tenía por objetivo devolver a los ciudadanos el poder que había monopolizado Franco, pero no fue ese el resultado del acuerdo al que llegaron los muñidores del Pacto Constitucional.
En vez de dar la responsabilidad del poder al pueblo entonces desestructurado, lo cedieron a los avispados individuos que se proclamaron mejor capacitados para estructurarlo en partidos políticos.
Ahora está quedando en evidencia el error de entonces porque los dictadores con minúscula de los partidos políticos ejercen el Poder con mayúscula del Dictador.
Nunca dejó de sufrir la Dictadura el incauto pueblo español: antes unipersonal y desde entonces compartida por dictadorcitos teatralmente enfrentados.
La fragmentación del electorado en las municipales y autonómicas del 24 de Mayo han dejado en evidencia la martingala: no son los votantes los que deciden que gobierne el que haya ganado elecciones, sino los que tienen el privilegio de sumar churras con merinas.
Al fin y al cabo, las ovejas siempre harán lo que el pastor y sus perros los obliguen que hagan.

domingo, 7 de junio de 2015

JODER, QUÉ TROPA



Estos chisgarabíes de ahora se creen que están inventando la sutil elaboración  de la tela que permite a la araña cazar a la mosca.
Al lado del conde de Romanones no serían más que angelicales aprendices de un truhán merecedor del premio Nobel de la truhanería.
Si los de ahora se creyeran pillos perfectos, Romanotes sería el bribón pluscuamperfecto.
Romanes metió mano en la olla política española desde finales del 19 hasta la llegada de la segunda república y siempre, naturalmente, para quedarse con la mejor tajada.
Como el tunante se cree que sirve para todo y que para todo es el mejor, a Romanotes le dio por ocupar un sillón de académico de la Academia Española de la Lengua, naturalmente como paso previo para presidirla.
Se sometió al ritual obligado de visitar en sus domicilios a cada uno de los ya miembros, y por tanto electores, para suplicar, comprar, amenazar o persuadir para que lo admitieran y, como maestro que era en esos menesteres, lo logró.
Pero, antes de la sesión académica que lo encumbraría como uno más de los inmortales, las veleidades de la política le dieron la espalda y, de presidir el gobierno, pasó a la oposición.
En su escaño al que lo habían relegado estaba, cuando se le acercó un bedel cariacontecido, que le murmuró: “Señor conde, ni un voto”.
--“Joder, qué tropa”, se cuenta que, más que contrariado, exclamó admirado Romanones.

sábado, 6 de junio de 2015

LA AFÓNICA LEGION

A Rafael Blázquez, que encabezó la lista de “Ganemos”, el apodo de Podemos para las municipales de la ciudad de Córdoba del 24 de Mayo, lo he oido decir por radio que “hay un clamor popular” para que no gobierne la ciudad el todavía alcalde, el popular José Antonio Nieto.
Nieto ganó las pasadas elecciones municipales, con 50. 776 votos, veinte mil y pico más que el candidato del PSOE y treinta y dos mil y pico más que Blázquez.
Como no sería democrático dudar de podemistas ni socialistas, es obligado encontrar una explicación al clamor que Blázquez oye.
1.-Puede que necesite visitar a un otorrinolaringólogo.
2.-Podría ser que sea tan listo que solo oiga lo que le interese oir.
3.-A lo mejor se ha adelantado varios meses al tiempo real, y viva ya el inminente futuro en el que los izquierdosos hayan conseguido hacer desaparecer a todos los no izquierdosos.
Y eso último es lo más preocupante porque los del Partido Popular y otros no izquierdosos podrían:
1.-Resignarse a la desaparición de la vida pública electoral que los izquierdosos pretenden, o
2.-No conformarse, y buscar sistemas ajenos al electoral, para no mantenerse sumisamente callados.
Ojo al parche: si la famélica legión se pone en pié, lo mismo podría intentar la afónica legión.
Y ya se habría liado el lío.



viernes, 5 de junio de 2015

LA TORTILLA FRANCESA



Si lo televisaran, desplazaría a los multivistos programas en los que todos se despedazan a todos y, en vez de salvarse, se empozoñan.
Hablo, naturalmente, de las reuniones de pillos en las que, con el sigilo obligado para que no se sepa de lo que hablan (el que teme algo debe), se reparten el pastel.
Si no quieren que la gente sepa de lo que hablan (aunque admiten que urden pactos para gobernar a la gente) será que temen que la gente se entere de lo que traman a sus espaldas.
Celebran sus tenebrosas reuniones en luminosos reservados de finos hoteles y restaurantes en los que dicen que comen tortillas francesas y pescados a la plancha.
Esa supuesta frugalidad los delata como futuros pésimos administradores de los bienes públicos: es innecesario un escenario tan ostentoso para un menú tan frugal.
Si las cosas en España fueran como deberían ser y no como son, la policía debería haber intervenido, detener a los comensales y, después de ponerles la mano en el pescuezo para que no se golpearan la cabeza al entrar en el coche celular, llevarlos a declarar.
--“Oiga, uste”, protestará el inevitable secuaz de los detenidos, “¿ y de qué los iban a acusar al detenerlos?”
--“De tráfico ilícito de personas, porque tramaban que a los ciudadanos de una ciudad o comunidad autónoma los administre uno de ellos, a cambio de que a los de otras ciudades o comunidades autónomas los administre el otro”

miércoles, 3 de junio de 2015

DEMOCRACIA ARISTOCRÁTICA




Como concepto absoluto, la democracia es una utopía inalcanzable porque  un término abstracto como es el “pueblo”,  fusión artificial de individuos con gustos contradictorios, discrepan  por lo mismo en lo que quieren y en cómo conseguirlo.
Como sucedáneo relativo, se ha dado en llamar democracia al sistema por el que la mayor parte de los individuos impone al conjunto cómo  organizarse para lograr objetivos de la mayoría que no satisfacen a la minoría.
Pero, si esa mayoría no es suficiente para decidir qué hacer y cómo hacerlo, la democracia se deja de lado.
Se recurre, entonces, a acuerdos entre la aristocracia de los partidos para que, a espaldas de los ciudadanos, decidan por todos y asuman así  la responsabilidad de que la minoría marque lo que tienen que hacer las mayorías.
Esa argucia, degeneración aristocrática de un concepto democrático, es la que determina la actual situación política de España: chalaneo entre tratantes profesionales para complotar quien se queda con los mulos y quien se lleva las cabras.
Es así como esta supuesta democracia española ha evolucionado a la aristocracia plebeya de los partidos políticos, que es la que en definitiva decidirá quien manda a quien y quien obedece a quien.
Para eso no hacía falta tanta demagogia. Al final, la mayoría tendrá que obedecer lo que mande la minoría.
Como siempre, como cuando no había internet ni telefónos móviles y la solidaridad social se llamaba caridad.  

martes, 2 de junio de 2015

PESIMISMO



Del fulano (no añado “o fulana” para no ofender) pesimista, se dice que es el que solo ve la parte mala de un asunto.
Aunque no se diga, también es pesimista el que cree que lo bueno podría haber sido mejor.
Un suponer: ¿es pesimista el que está convencido de que todo y cualquier episodio de la historia de España fue malo para los españoles o el que se queja de que hasta los más exaltados pasajes de esos momentos pudieron mejorarse?
Vamos a dos de ellos: la conquista de América y la guerra de Independencia.
Los conquistadores atravesaron el mar, 1º :para escaparse de un país en el que no estaban a gusto, 2º para medrar sirviendo a la Corona y volver ricos y con mando y, 3º, para difundir allí una religión que aquí los tenía esclavizados.
De esos polvos salieron estos lodos y así les fue a los  que allí encontraron y a los mestizos de los que llegaron y de las nativas con las que procrearon. Las naciones que formaron se encuentran entre las más corruptas y violentas del mundo, exceptuando quizá a los países moros.
Lo del levantamiento contra los ejércitos de Napoleón, que en sus mochilas llevaban los manuales de igualdad, libertad y fraternidad fue todavía peor.
Al combatir a los franceses, los españoles defendían al régimen del mismo  Rey que había cedido a Napoleón sus tierras y súbditos, como el que enajena un cortijo con ganado incluido.
Como para estar orgulloso de la Historia de España, que sigue por sus eternos derroteros: los mandamases de ahora cambian votos con la soberana arrogancia del que sabe que los votantes son ganado, igual que lo eran los españoles en tiempos de  Carlos IV.