sábado, 21 de julio de 2018

PUIGDEMONT O POR LA BOCA MUERE EL PEZ




Este Puigdemont que tanto perturba nuestro sosiego espiritual desde el día aciago en que por primera oímos su apellido, será todo lo cara que ustedes quieran pero su ingenio es envidiable.
Vive como un cura, y sin darle palo al agua, de lo que les saca a los ingenuos que creen que es la divina garza con moña tornasolada.
¿Habría que fusilar o meter en la cárcel al famoso fugitivo, del que todos hablan para encomiarlo o denigrarlo?
No señor: es mejor que la mandamasa  a la que los intrusos del gobierno han puesto al frente de Televisión, que por ser Publica debería ser de todos, lo saque en un programa en directo de la medianoche a las seis de la mañana.
--Oiga, pero en un programa con ese horario nadie vería a Puigdemont ni oiría lo que dijera..
--Mejor. No se trata de que lo vean sino de que los pocos que lo vieran pagaran con el sacrificio de no dormir el mal gusto de verlo.
--Ah, bueno.

viernes, 20 de julio de 2018

¡¡¡¡SOCORRO!!!!


El Estado, ha anunciado el gobierno al que le corresponde administrarlo, subirá un 4,4 por ciento su gasto anual.
Puede significar que:
a) Suba su recaudación por impuestos un cuatro por ciento adicional.
b) Aumente un 4 por ciento la deuda estatal, que ya supera el valor de los bienes y servicios que España produce durante un año.
Como no es el gobierno que administra el Estado, sino los ciudadanos que pagan impuestos al Estado los que se comprometen a pagar la deuda, tendrán que privarse de un cuatro por ciento de sus gastos para financiar el gasto adicional que ha anunciado el gobierno.
Considerando que:
c) En 1975, último año de la era que dio paso a la era actual, la deuda exterior de España era del 7,3 (siete con tres por ciento) del valor de lo que España producía.
La cosa estará mejor para los que meten mano en el zurrón desde 1975 pero para los que estamos obligados a llenar lo que otros vacíen del zurrón, la cosilla esta cada vez más jodida.

MANIFIESTO A LA NACION


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   El alcalde de Móstoles eran tan desconocido antes de su proclama contra los franceses que traían a España la modernidad, como servidor lo es ahora, al avisar a los españoles contra la extraña horda que pretende justificar el mal que hacen en que son los españoles los que han querido que les hagan ese mal.
   Salvémonos los españoles de estos farsantes y salvemos a España del descarado expolio del que se benefician.
   Que den la cara. Que confiesen que quieren gobernar para beneficiarse personalmente de las ventajas de no ser gobernados.
   ¡Políticos, a los albañiles!
     

jueves, 19 de julio de 2018

EL QUE PIERDE, GANA


Muchos trenes supersónicos y que no falten variedades sexuales para catalogar a los españoles, que somos, al mismo tiempo subvencionadores y subvencionados del Estado  pero que, de verdad, no hemos pasado de arrieros y capadores de guarros.
¿A qué otro bípedo racional y más o menos razonable se le hubiera ocurrido mandar que le hagan un submarino, que mientras no esté submarineando necesita que lo guarden, y hagan un garaje en el que, en el momento de meter el barco, se descubre que  falta espacio o sobra submarino?
¿Y cómo es posible que no se les haya ocurrido a los que tenían la obligación de habérseles ocurrido, que hicieran un barco más chico o un aparcadero de submarino más grande?
Si el despropósito de no adecuar el barco a su garaje ni el garaje al barco es solo uno de los muchos que en el futuro salgan a la luz, más valdría que sus propios tripulantes sean los que lo hundan en caso de necesidad, que será cuando se les ordene entrar en combate.
Habrá quien se rasgue las vestiduras y se ponga cenizas en el pelo o la calva, que eran los síntomas tradiciones de desconciert antes de que disfrazaran la dolencia con nombres raros.
¿Y para qué quiere España un submarino, si en ninguna guerra contra extranjeros ha salido vencedora porque todas las ha perdido?
--Pues para guerras civiles, a las que tan aficionados somos los españoles porque en ellas uno de los combatientes pierde, pero sus contrincantes y compatriotas ganan.
Es la ventaja de las guerras civiles. Siempre gana la mitad de la población del país, en éste caso de España.
La experiencia y la historia así lo demuestran.
Y ya se sabe, si al final de una guerra civil se le ocurriera al que la haya ganado hacer un monumento, que lo piense dos veces: con el paso del tiempo (as time goes by) puede que los que  creían que ganaron la guerra la perdieron,   porque los que parecía que la habían perdido, la ganaron.

miércoles, 18 de julio de 2018

ARREGOSTADOS A OBEDECER


Me contaba un viajo amigo, hijo de la suegra del irrepetible Mingote, que su madre solía sentenciar: “siempre vive de ilusiones el tonto de los cojones”.
Y en esas andamos ahora, tal como venimos andando desde aquella aciaga madrugada otoñal en la que hubo que pensar en buscarle sucesor al que durante tantos años se había sucedido a sí mismo.
Es ésta que llevamos luchando una lucha periódicamente repetida desde que se fue el que siempre estaba, el que se sucedía a sí mismo y cuya sucesión por otro no se planteó hasta que llevaba mandando un cuarto de siglo.
Va ya para 50 años  de su muerte en los que los españoles gastan la mitad de sus vidas quejándose del que manda y la otra mitad anhelando que lo suceda otro, que después descubrirán que es peor que el anterior.
Inútil ejercicio para un pueblo que, como el español, ha sido sistemáticamente entrenado  para confiar a otros tanto la salvación de sus almas como la alimentación de sus cuerpos desde el primer aliento hasta el último suspiro.
A un pueblo así, acostumbrado a obedecer al que los mande desde que fue considerado  pueblo distinto, pretenden que se autogobierne.
“… siempre vive de ilusiones…. “

martes, 17 de julio de 2018

LADRONES EN FUGA


Por culpa de éste libertinaje de prensa que desde hace una temporada padecemos, uno no sabe a ciencia cierta qué ha leído ni qué periódico lo publicaba.
Pero juraría que ha sido “El Mundo” el que hoy titulaba que “El gobierno anuncia subidas impositivas y más margen fiscal para las autonomías”.
Si noticia es el relato de un acontecimiento novedoso, que suba impuestos un gobierno no lo es, y mucho menos, si su ideología se basa en traspasar al Estado la capacidad de decisión del individuo.
Lo que suena raro es lo de traspasar a las autonomías una mayor capacidad de despilfarro.
Porque en todos los regímenes de izquierda, como los que en sus días de esplendor tiranizaban Rusia y Alemania, era la cabeza de las hidras soviética y nazi la que decidía lo que había que hacer, aunque delegara en sus tentáculos locales la ejecución, sobre todo si se trataba de una ejecución sumaria.
A uno, que ya era listo cuando niño y al que su decrepitud le ha multiplicado la suspicacia que es   condición indispensable para la sabiduría, lo que se esconde detrás de esa nueva genialidad del nuevo gobierno le parece más claro que una alborada diáfana.
Aquí de lo que se trata es de centralizar el propósito y dispersar la atención del que quiera estorbarlo:  
Lo aprendí cuando anduve de bandolero y los miqueletes nos acosaban después de haber dado un golpe suculento: “Cada uno por su lado y alguno escapará porque, si nos quedarnos juntos nos trincan a todos”.
Así que, si las 17 autonomías y la fiscalidad central, que es la banda de bandoleros al completo se separan, lo mismo tendrán que hacer los miqueletes.
A alguno trincarán, pero los demás quedarán tan inocentes como una virgen núbil con un  lirio blanco sobre sus senos turgentes.

sábado, 14 de julio de 2018

LAS COSAS DE LA VIDA


   Si todos los que se dedican a opinar coinciden, malo.
Como el olor a chamusquina que esparcía la borla del gorro de dormir del tio Frasquito de Pequeñeces, indica que algo se está quemando.
Pues el partido popular, que anda éstos días buscando pastor que guíe a sus ovejas al matadero o al abrevadero, apesta a chamusquina.
Y todo por la envuelta que quieren ponerle al regalo electoral del día cada vez más lejano en que, el que ahora gobierna sin haber ganado las elecciones, se decida a convocarlas.
Como parece que un achichincle de los mero-mero del Partido Popular puede ganar a la que vicemandaba el tinglado, de lo que se trata es de asustar a los que caigan en la tentación de votarlo.
La improbable conveniencia de que en el ejercicio del poder haya alternancia se proclama como punto positivo de la democracia, ese sistema que consiste en que el que mejor sepa freir espárragos vale tanto como el que mejor sepa quemarlos.
Y la clave para timonear éste tinglado montado para sustituir al que terminó en 1975 es huir como de un toro enfurecido de lo que había antes de ahora: el franconismo o franconato, al que prestó su nombre el General Franco.
¿Qué necesitan ahora los españoles? Lo que no tenían hasta 1975.
¿Qué les falta ahora a los españoles? Lo que hasta 1975 tenían.
 Por eso a la cutre manía del ahorro la ha sucedido el jubiloso despilfarro del gasto, a la modestia en el vestir la ha sucedido la descarada vistosidad del desnudo y, en la manera de organizar la administración de lo común, los que aportan son cada vez menos que los que detraen.
Es mucho más alegre gastar que ahorrar y ésta España de ahora es mucho más vistosa (“gay” en ingles) que la asotanada de antes.
¿Estamos entonces ahora con la democracia mejor que antes con Franco?
El estado de ánimo, que va de la alegría a la tristeza, es personal e intransferible.
Solo hay momentos contados en los que la segunda se sobrepone a la primera: cuando, como dice la copla, “yo no tengo más remedio/que agachar la cabecita/ y decir que lo blanco es negro”.