martes, 11 de agosto de 2009

DISGUSTADO ESTA RAJOY

Si hubiera seguido impasible ante el acoso que su Partido Popular dice que sufre por parte del Gobierno y del Partido Socialista, Mariano Rajoy no hubiera desencadenado el cataclismo que estremece a España.
No fue la esperada ratificación de las denuncias de María Dolores de Cospedal y de Federico Trillo las que han provocado el terremoto, sino la conclusión final de la filípica de Rajoy en Pontevedra: “…y tienen que saber que eso no me gusta”
Se buscan disculpas a ese exceso verbal del Presidente del Partido Popular y la única plausible es su temperamento mercurial que, sin transición, pasa de la abulia al arrebato.
El disgusto de Rajoy ha desconcertado a los votantes socialistas porque confiaban en que la televisada detención de dirigentes populares, el espionaje telefónico a representantes electos de la oposición o las instrucciones a la Fiscalía para que recurra una sentencia favorable al valenciano Camps agradarían al Presidente del Partido Popular.
Los militantes y votantes del PP también están conmocionados porque la ira que trasciende del disgusto de Rajoy podría indicar que ha puesto pié en pared y está dispuesto a pelear por arrebatar el gobierno a los socialistas.
El “tienen que saber que eso no me gusta” de Rajoy suena a turbadora amenaza porque, ¿y si el disgusto implica que se acabó la era feliz en la que dejó el Partido en manos de segundones que hacían la vista gorda a los chanchullos?
Todos parecen coincidir, después de oírlo, en que hubiera sido mejor que Rajoy hubiera seguido como una esfinge porque su mutismo roto en Pontevedra ha sacudido las conciencias de toda la población, mientras que su silencio extrañaba solo a los votantes de su partido.
Ese manifiesto disgusto convierte en profunda crisis de conciencia lo que, hasta que habló Rajoy, era una vulgar trifulca política coyuntural.
Lo que no le guste a un hombre bueno, como el Presidente del Partido Popular, conmueve a todos los españoles, sean de derechas, de izquierdas o ambidextros.
Hay que buscar responsables de su sosiego perdido.
¿Quién es el culpable de que se haya alterado la paz de sus vacaciones?
¿Qué derecho tiene el gobierno a hacer lo que disgusta a Rajoy?
¿Ha encontrado Zapatero a alguien del PP que le preocupe menos que Rajoy?
Si hace lo que el gobierno quiere, ¿por qué enoja el PSOE a Rajoy?
Es inaplazable la convocatoria de un selecto panel de tertulianos y comentaristas que respondan satisfactoriamente a éstas inquietantes cuestiones.

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