miércoles, 23 de septiembre de 2009

AFGANISTAN:LA POBLACION NOS ODIA

“Nos paraliza el miedo a irritar a una población que, hagamos lo que hagamos, nos odia”.
Lo asegura el sargento retirado del cuerpo de Marines de los Estados Unidos John Bernard, en carta a la senadora por Maine Susan Collins, para la que las nuevas normas de combate incrementan las bajas de los soldados norteamericanos en Afganistán .
El supremo comandante de las fuerzas norteamericanas y de la OTAN en Afganistán, Stanley McChrystal, restringió el recurso a los bombardeos aéreos y al apoyo artillero para limitar bajas de no combatientes entre los que se escudan los talibanes.
Con las nuevas normas, 96 soldados norteamericanos murieron en combate los pasados Julio y Agosto, por 42 en los mismos meses del año pasado. El número de no combatientes afganos muertos pasó de 151 a 19.
Poco después de escribirle a la senadora, el sargento Bernard supo que su hijo, el cabo Joshua Bernard, había muerto en una emboscada con lanzagranadas de los talibán a su pelotón en la que pidieron para repelerla, sin éxito, apoyo artillero.
El lunes pasado, The Washington Post reveló un informe del general McChrystal evaluando las consecuencias de la aplicación de sus propias reglas de combate y en el que instaba a sus superiores a “incrementar de forma radical” operaciones conjuntas con el ejército afgano contra los taliban.
Esas operaciones, advirtió el general, supondrán a corto plazo un peligro mayor para nuestras fuerzas, “pero a la larga salvarán vidas”.
“Me preocupa”—dijo Susan Collins en la comisión del senado de servicios armados de la que forma parte—“que aumenten nuestras bajas para evitar bajas afganas”.
El Presidente Barak Obama ya ha avisado que no enviará a Afganistan “ni un soldado más” hasta que se concierte una estrategia adecuada para la intervención.
Ya en Febrero, Henry Kissinger había advertido contra el más grave error de la implicación militar extranjera en el conflicto afgano.
Señalaba que, como en intervenciones anteriores en países extranjeros, también en Afganistan los Estados Unidos pretenden crear un gobierno central y respaldarlo para que extienda su control al resto del país.
Si ni en Vietnam ni en Irak lo consiguieron, todavía menos posibilidades de éxito tienen en Afganistán, apuntaba Kissinger, porque el poder del gobierno de Kabul nunca se extendió de forma eficaz a los jerifaltes tribales y religiosos.
Pero el error imperdonable de los Estados Unidos lo cometió al ayudar a los mujahidines a derrotar al ejército soviético que había invadido Afganistan para que cambiaran sus formas tribales de vida y adopten sistemas de organización de la sociedad que rechazan.
Los Estados Unidos ayudaron a los mujahidines—predecesores de los taliban a los que ahora se enfrentan--para que Afganistan no cayera en el comunismo, sin percatarse de que el comunismo puede evolucionar hacia la democracia, pero el integrismo islámico no.

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