lunes, 21 de octubre de 2013

DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIO A NO ANDAR-10-DINERO Y POLVORA DE REYES



La utilización de la pólvora como arma de guerra, que hacía tiempo se había experimentado como simple curiosidad, comenzó a extenderse a medida que se inventaban nuevos artefactos con los que impulsar proyectiles.
También se había perfeccionado la utilización de la caballería para dispersar masas de infantes, gracias al acorazamiento de las cabalgaduras, al empleo de lanzas y espadas mejor forjadas y a la táctica de hacer intervenir ejércitos montados en lugares donde no los esperara el adversario.
Caballos, armaduras, arcabuces, cañones y las flexibles y resistentes armas de mano eran escasas y difíciles de conseguir para el poder limitado y subsidiario de los nobles feudales.
Incapaces de competir contra ejércitos dotados de esas armas, se plegaron a ante la capacidad de los reyes de endeudarse, para lo que obligaron a los nobles a que pagar mayores tributos que, naturalmente, extraían de siervos y burgueses.
La burguesía era una clase social en pleno auge gracias al  incremento del volumen y la riqueza generada por el comercio y a la profusión del uso de herramientas fabricadas en los talleres.
Pacificadas las regiones desde hacía tiempo en conflicto, se multiplicó el número de ovejas, su lana incrementó la fabricación de tejidos y los excedentes nacionales se exportaban al extranjero.
Apagado el brillo del poder en sus feudos, los nobles fueron poco a poco a la Corte  del Rey con la esperanza de ganarse su favor e incrementar así su influencia en todo el reino.
Los pocos y débiles adversarios que quedaban a los reyes en sus territorios no eran dignos de su atención, por lo que pretextaron intereses nacionales generados por matrimonios con princesas de otros reinos para darle dimensión internacional a su indiscutida hegemonía nacional.
Ese recurso a la guerra generado por compromisos dinásticos sirvió a los reyes europeos durante cinco siglos para pelear entre ellos, con el único costo de la muerte de súbditos de los contendientes.
También se empeñaron algunos en una rivalidad por extender sus dominios a lugares desconocidos e incrementar su poder con riquezas que sus descubridores encontraran.
Los navegantes portugueses insistieron sistemáticamente en navegar hacia el sur hasta abrir una nueva ruta para traer especias de la India, llegadas irregularmente y a alto precio en caravanas a los puertos del Mediterráneo Oriental.
La reina de Castilla promovió el envió de tres barcos hacia el Oeste para encontrar una vía más corta a la India, y se topó con América, que en los siguientes siglos envió riquezas a España, para que sus reyes pagaran guerras en Europa que interesaban a sus parientes alemanes.
Los descubrimientos de los navegantes pagados por los reyes europeos con los tributos que obligaban a pagar a sus súbditos sirvieron de poco provecho a los pueblos de sus paises.
A la larga, las especias de la India las prohibieron los médicos porque producían ardores y molestias estomacales, la América que descubrieron los españoles llegó a producir mujeres hermosas y dictadores sanguinarios y el Norte de América produjo lo que más ansiaba la Humanidad: películas de vaqueros heroicos contra indios arteros de caballos corriendo caballos detrás de caballos y de coches detrás de coches.
También se debe a América del Norte el embeleso de bailar el boogi-boogi.
   Si se hiciera la cuenta ahora de lo que  los descubrimientos aportaron a la humanidad, puede que tengan razón de queja los mestizos resultantes de aquel encuentro de civilizaciones: los europeos debieron quedarse en sus paises y dejar que se las apañaran por su cuenta los pobladores de las tierras descubiertas.





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