viernes, 27 de noviembre de 2015

EL NIÑO DE RAJOY

En contra de mis principios, estoy dispuesto a votar si, para las elecciones del 20 de diciembre, el candidato a presidente por el partido popular fuera el niño de Rajoy.
¿Y por qué?
Porque el niño de Rajoy dice lo que piensa y no lo que si, por un casual improbable lo dijera su padre, no lo votarían ni para jardinero de La Moncloa.
Lo más notable es que el niño de Rajoy dijo lo que dijo (que los comentarios  de un comentarista deportivo allí presente eran “bastante mejorables, una basura”), en plena campaña electoral de su padre.
De hecho, un político está permanentemente en campaña electoral porque lo que hace y dice nunca lo determina lo que deba decir y hacer sino lo que lo ayude a ser electo o reelecto.
La vida normal de un profesional de la política es mucho más sacrificada que la de un cómico, que solo tiene que ser quien no es durante la hora y media qur dura la función. El político actúa desde que abre los ojos hasta que los cierra y, algunos, hasta fingen durmiendo.
Pero no se sabe por qué, en los quince dias previos a las elecciones (durante la campaña electoral), los políticos se esfuerza todavía más en ocultar lo que son, para parecer lo que los votantes quisieran que fueran.

En unos días, coincidiendo con el comienzo oficial de la campaña electoral, los aspirantes a que los elijan harán durante dos semanas el ensayo general con todo para que los catetos confundan su villanía natural con su caballerosidad artificial.

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