lunes, 28 de marzo de 2016

GOBIERNO INTERINO

A la gente le ha dado últimamente por decir la tontería más grande que a ningún tonto se le pueda ocurrir: que la interinidad es mala.
¿Qué es la vida sino el tiempo impreciso entre el nacimiento y la muerte? Si vivir es el período indeterminado entre empezar a y dejar de vivir, ¿es mala esa interinidad o es mejor  lo que antecede a la vida y sigue a la muerte?
Para no ponernos tremendos en ésta Pascua de Resurrección, que celebra la improbable vuelta a la vida después de haber muerto, invoquemos algo comparativamente baladí con la muerte y la vida:
El interinato del actual gobierno, que como no tiene capacidad de equivocarse tomando decisiones que perjudiquen a los que les afecte, es tan beneficioso como vivir, ese período de tiempo que aspiramos a que se eternice.
¿Por qué no va a ser lícito suponer que el actual interinato del gobierno será más beneficioso para los gobernados que lo que decida el gobierno que por derecho reemplace a éste de hecho?
Yo, miserable de mí, de la acción administrativa del gobierno interino no tengo motivos de queja, que los tuve cuando manchaba de política su tarea administrativa.
Así que,  hablando por mí, ojalá la interinidad se eternice y, cuando fatalmente se acabe, se pueda decir evocando lo que ahora tenemos: ¨dichosa edad y siglos aquellos,,,,”



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