viernes, 24 de agosto de 2018

QUÉ HACER Y CÓMO HACERLO


El circulo se cerró y estos inventores de la manteca que tan cansinos son al ponderar lo buena que es la democracia y lo mala que fue la dictadura, han acabado agachando la cabecita y admitiendo que lo blanco es negro.
Porque han llegado a la conclusión de que todo lo que la Dictadura hacía no era malo y, si se enjuicia imparcialmente, menos malo que lo prescrito por la democracia.
Un suponer: gobernar.
La dictadura lo hacía por decreto ley que consistía en que, si al despertarse un lunes le diera al que mandaba el volunto de que fuera domingo, firmaba un decreto- ley y en domingo se convertía ese lunes hasta las doce de la noche.
No como ahora que, para que al que yace en un sitio lo entierren en otro, el que se supone que manda tiene que acatar todas y cada una de las leyes y hacérselas aprobar por los que se supone que deben obedecerlo, los diputados que cobran sus sueldos porque los colocó en un lugar de la lista de segura elección.
(Hay un tropel de gritos, pateos y silbidos, inequívoca muestra de desacuerdo).
Restablecida a duras penas la calma, la voz más estridente del tumulto logra silenciar a las menos ruidosas.
--“Pero usted está proponiendo volver a la dictadura”, grita.
--“Lo que yo propongo” susurra el orador, “es hacer lo que haya que hacer. Lo que importa es hacerlo, no cómo se haga”.



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