lunes, 4 de noviembre de 2019

ESPERANDO LO QUE NOS DIGAN


Aquí estamos la gente de un país con más historias que un TBO impacientes por oír lo que tengan a bien decirnos de palabra pero con la sutil amenaza subyacente de que, como no les hagamos caso, nos vamos a enterar.
    Antes de que llegaran a tanto atrevimiento como aconsejar a quienes no les hemos pedido consejo, eran personas normales.
     Lo que quiere decir que empezaron obedeciendo a muchos y, poco a poco, se atrevieron a pedirles que los obedezcan a ellos.
    --Oiga, que lo políticos del gobierno no te ponen una navaja en el pecho.
--Peor, te meten mano en el pecho por debajo de la chaqueta y se quedan con la cartera que encuentran en el rebusco.
     Hay quien dice que eso es verdad pero tan exagerada que cuesta trabajo creerla y que siempre ha sido así.
      Y traen como ejemplo los tiempos de un tal Franco, que para unos era queso manchego y para otros caca de la vaca.
   --In variatio delectat.
    --Sí señor, en la variedad está el gusto pero, si tienes papas fritas con huevo, ¿para qué probar otra cosa?
      -- Dio usted de lleno en la diana. ¿Por qué, cuando se acaben los noventa minutos de juego de un buen partido, no se prorroga indefinidamente su duración?

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