Verónica nació en el Hospital Español del Distrito Federal de México.
Ahora, casada y con dos hijos, vive en Lisboa. Está esperando su tercero, mi sexto nieto.
En la ronda de consultas familiares, yo propuse Satanás o Cain como nombre adecuado para el que ha de llegar pero me temo que, como en asuntos de menor enjundia que éste, tampoco me harán caso.
Y acertarán porque, como el tiempo se encargó de demostrar, yo siempre me equivoqué donde mis hijas acertaron.
VERONICA, DEL OTRO LADO DEL MAR
Junto a campos de henequén sembrados,
bajo ceibas de ramas retorcidas,
del cacao y de la miel se hizo vida
un pálpito de anhelos coronado.
En el azul de turquesas engarzado
que el guajolote ensueña cuando anida
Verónica alentó con su venida
ruinas, templos y dioses destronados.
La vida que empezó en la Nueva España,
tan cercana a su estirpe y tan extraña,
en su viejo país brotó esplendente.
El buen Dios generoso la bendijo
y pródigo le dió el mejor presente:
El mágico milagro de sus hijos.
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sábado, 1 de noviembre de 2008
viernes, 31 de octubre de 2008
ENEMIGOS DEL ESTADO
Si fuera cierto que el Estado somos todos, ¿cómo es posible que el Estado tenga enemigos?
Conviene aclarar esta aparente contradicción para, en caso de que lo tenga, librarnos cuanto antes del enemigo común.
Los que lo dirigen califican de enemigos del Estado a las personas o grupos que, activa y sistemáticamente, lo combaten.
Por lo general no son enemigos del concepto político del Estado, sino de la organización social y coercitiva que lo dirige y que quieren suplantar.
Se trata de reemplazar en el nombre de las calles a los de los prohombres de la estructura social estatal que pretenden derribar.
Pero una vez cambien los nombres y las efigies de los pedestales por las suyas, serán tan convencidos defensores del Estado-concepto como los defenestrados.
Generalmente, esos enemigos del Estado están perfectamente identificados por la burocracia y los cuerpos represivos de la organización estatal amenazada.
El Estado tiene, además, enemigos anónimos: los ciudadanos que, de manera fortuita o deliberada, infringen las leyes de que el Estado se dota para protegerse.
Es tan tupida esa coraza protectora que es imposible que ningún ciudadano no haya transgredido alguna ley alguna vez.
El Estado, consciente de que su supervivencia depende de la observancia de las leyes con que se acoraza, persigue de forma implacable a los infractores particularmente si, al violar alguna norma, privan al Estado de las aportaciones económicas que demanda.
El Estado arguye que recauda fondos de los contribuyentes para poder darles los servicios pactados por sus dirigentes en las campañas electorales: sanidad, educación, protección policial, justicia eficaz, comunicaciones, defensa frente a amenazas exteriores, protección del medio ambiente, etc.
Pero la más perentoria necesidad de todo Estado es pagar la nómina de su burocracia y de sus fuerzas coercitivas. Lo que sobra de esas partidas es lo que revierte a la sociedad como parte de los servicios pactados. El Estado nunca cump'le todo lo que promete.
Sondeos imparciales muestran el descontento de los contribuyentes por los servicios que del Estado esperan, y muchos lo acusan de que solo cumple su función recaudatoria.
Si esa impresión de los contribuyentes se acentúa, los ciudadanos rechazarán que el Estado seamos todos para, a continuación, ver a la estructura social estatal como algo ajeno a sus intereses primero y, finalmente, como una amenaza de la que protegerse.
Ese es el peligro que el Estado corre porque, si los ciudadanos se convencieran de que el Estado es su enemigo, la conclusión del silogismo sería evidente: los que el Estado define como sus enemigos son sus aliados.
Conviene aclarar esta aparente contradicción para, en caso de que lo tenga, librarnos cuanto antes del enemigo común.
Los que lo dirigen califican de enemigos del Estado a las personas o grupos que, activa y sistemáticamente, lo combaten.
Por lo general no son enemigos del concepto político del Estado, sino de la organización social y coercitiva que lo dirige y que quieren suplantar.
Se trata de reemplazar en el nombre de las calles a los de los prohombres de la estructura social estatal que pretenden derribar.
Pero una vez cambien los nombres y las efigies de los pedestales por las suyas, serán tan convencidos defensores del Estado-concepto como los defenestrados.
Generalmente, esos enemigos del Estado están perfectamente identificados por la burocracia y los cuerpos represivos de la organización estatal amenazada.
El Estado tiene, además, enemigos anónimos: los ciudadanos que, de manera fortuita o deliberada, infringen las leyes de que el Estado se dota para protegerse.
Es tan tupida esa coraza protectora que es imposible que ningún ciudadano no haya transgredido alguna ley alguna vez.
El Estado, consciente de que su supervivencia depende de la observancia de las leyes con que se acoraza, persigue de forma implacable a los infractores particularmente si, al violar alguna norma, privan al Estado de las aportaciones económicas que demanda.
El Estado arguye que recauda fondos de los contribuyentes para poder darles los servicios pactados por sus dirigentes en las campañas electorales: sanidad, educación, protección policial, justicia eficaz, comunicaciones, defensa frente a amenazas exteriores, protección del medio ambiente, etc.
Pero la más perentoria necesidad de todo Estado es pagar la nómina de su burocracia y de sus fuerzas coercitivas. Lo que sobra de esas partidas es lo que revierte a la sociedad como parte de los servicios pactados. El Estado nunca cump'le todo lo que promete.
Sondeos imparciales muestran el descontento de los contribuyentes por los servicios que del Estado esperan, y muchos lo acusan de que solo cumple su función recaudatoria.
Si esa impresión de los contribuyentes se acentúa, los ciudadanos rechazarán que el Estado seamos todos para, a continuación, ver a la estructura social estatal como algo ajeno a sus intereses primero y, finalmente, como una amenaza de la que protegerse.
Ese es el peligro que el Estado corre porque, si los ciudadanos se convencieran de que el Estado es su enemigo, la conclusión del silogismo sería evidente: los que el Estado define como sus enemigos son sus aliados.
jueves, 30 de octubre de 2008
CAMBIO CLIMATICO
No es sabio por viejo sino porque la prudencia lo enseñó a rectificar los errores que cometió a lo largo de su vida.
Como ha vivido tanto y enmendado tantas equivocaciones, sus amigos conocen a Salomón Cabeza Sagaz por Alfonso Décimo.
Es tan sabio que sospecha que el apodo es una chanza y no un elogio.
Y sabe tanto que está convencido de que su sabiduría es insignificante comparada con su ignorancia.
Por eso, cada día se levanta dispuesto a admitir y enmendar un nuevo error.
Salomón, o Alfonso, sabe que el clima no ha dejado de evolucionar desde que el mundo es mundo y que el cambio climático es una perogrullada.
Le consta, por ejemplo, que al conocido como “Período Templado Medieval”, de los siglos X al XIV, siguió el “Período Glacial Parcial” de los siglos XVI al XIX.
El deshielo de los mares circundantes permitió en el siglo X a los vikingos colonizar Groenlandia, cuyo nombre en inglés es Greenland o Tierra Verde.
El último acto de los colonizadores de aquella isla, ahora inhóspita, del que queda constancia escrita, es una boda en la iglesia de Hvalsey, cuyas ruinas se conservan.
Durante el “Período Glacial Parcial”, en 1607 se celebró la primera feria del Támesis, en la que algunos osados londinenses patinaban sobre el río helado. En 1780 se pudo caminar sobre el hielo del puerto de Nueva York desde Manhatan a Staten Island; en 1700, el año de la primera batalla de Narva, se congelaron las desembocaduras del Ródano y el Tajo, y el Cuerno de Oro y el Bósforo sur, en 1622.
La ciencia achaca a oscilaciones de la intensidad de la actividad solar y volcánica los cambios del clima, aunque Ruddiman apunta que el hombre pudo influir en la prolongación de Período Glacial Medieval.
Según su teoría, las epidemias de peste que diezmaron la población del Hemisferio Norte despoblaron mucho terreno que, al quedar baldío, ocuparon los bosques y la reforestación natural resultante elevó el consumo de carbono atmosférico.
Algo así propaga en su campaña Alberto Arnoldo Gore (Cuerno), aspirante el año 2000 a la presidencia de Estados Unidos, derrotado por Jorge Walker (Caminante) Bush (Matorral), pero hasta esta mañana, Salomón Cabeza Sagaz desconfiaba de la teoría de la influencia humana como determinante del cambio climático.
Ha admitido su error al depertar helado, al recorrer su gélido piso y descubrir que una ventana que dejó abierta al acostarse era la causa de la polar temperatura.
La evidencia era tan palpable que está convencido ahora de que fue la influencia humana—su olvido de cerrar la ventana—la causa del cambio del clima del piso.
Como ha vivido tanto y enmendado tantas equivocaciones, sus amigos conocen a Salomón Cabeza Sagaz por Alfonso Décimo.
Es tan sabio que sospecha que el apodo es una chanza y no un elogio.
Y sabe tanto que está convencido de que su sabiduría es insignificante comparada con su ignorancia.
Por eso, cada día se levanta dispuesto a admitir y enmendar un nuevo error.
Salomón, o Alfonso, sabe que el clima no ha dejado de evolucionar desde que el mundo es mundo y que el cambio climático es una perogrullada.
Le consta, por ejemplo, que al conocido como “Período Templado Medieval”, de los siglos X al XIV, siguió el “Período Glacial Parcial” de los siglos XVI al XIX.
El deshielo de los mares circundantes permitió en el siglo X a los vikingos colonizar Groenlandia, cuyo nombre en inglés es Greenland o Tierra Verde.
El último acto de los colonizadores de aquella isla, ahora inhóspita, del que queda constancia escrita, es una boda en la iglesia de Hvalsey, cuyas ruinas se conservan.
Durante el “Período Glacial Parcial”, en 1607 se celebró la primera feria del Támesis, en la que algunos osados londinenses patinaban sobre el río helado. En 1780 se pudo caminar sobre el hielo del puerto de Nueva York desde Manhatan a Staten Island; en 1700, el año de la primera batalla de Narva, se congelaron las desembocaduras del Ródano y el Tajo, y el Cuerno de Oro y el Bósforo sur, en 1622.
La ciencia achaca a oscilaciones de la intensidad de la actividad solar y volcánica los cambios del clima, aunque Ruddiman apunta que el hombre pudo influir en la prolongación de Período Glacial Medieval.
Según su teoría, las epidemias de peste que diezmaron la población del Hemisferio Norte despoblaron mucho terreno que, al quedar baldío, ocuparon los bosques y la reforestación natural resultante elevó el consumo de carbono atmosférico.
Algo así propaga en su campaña Alberto Arnoldo Gore (Cuerno), aspirante el año 2000 a la presidencia de Estados Unidos, derrotado por Jorge Walker (Caminante) Bush (Matorral), pero hasta esta mañana, Salomón Cabeza Sagaz desconfiaba de la teoría de la influencia humana como determinante del cambio climático.
Ha admitido su error al depertar helado, al recorrer su gélido piso y descubrir que una ventana que dejó abierta al acostarse era la causa de la polar temperatura.
La evidencia era tan palpable que está convencido ahora de que fue la influencia humana—su olvido de cerrar la ventana—la causa del cambio del clima del piso.
miércoles, 29 de octubre de 2008
EMIGRANTES
No puede ser la quimera de un paraiso improbable la que impulse a nadie a arriesgar su vida, embarcarse en un cayuco de maderamen mal emsamblado y motor achacoso, para navegar durante diez días por un mar extraño y embravecido.
Si la comida para la travesía es escasa, el agua insuficiente y hay que hacinarse en 30 metros cuadrados con otros 120 ilusos, mucho tiene que atraerlo el sueño que persigue.
O muy insoportable el infierno del que huye.
No los detiene el peligro del mar, la más que posible muerte en la travesía, la dificultad que saben que tendrán para el permiso de trabajo si llegan.
Ni la crisis económica de la que han oído decir que azota Europa los disuade de subir al cayuco o la patera.
Se siguen arriesgando no por llegar a una tierra extraña, sino por huir de la propia.
Vienen de paises en los que una insólita conjunción de los intereses de Estados Unidos y la Unión Soviética, los dos únicos que salieron más fuertes de la segunda guerra mundial que al comenzar la contienda, y los indujo a aunar esfuerzos para acabar con el colonialismo.
El propósito real de las dos superpotencias no era altruista, sino desplazar de sus colonias a las potencias coloniales europeas y sustituir con las suyas sus influencias.
Estados Unidos se escudaba en su romántico orgullo de primer país que se sacudió el yugo colonial europeo, en la guerra de la independencia de Inglaterra, la que más los enorgullece de las innumerables que han librado en sus 230 años de historia.
La Unión Soviética justificaba la ayuda a la independencia en motivos ideológicos: la aversión dialéctica del comunismo al colonialismo y al imperialismo y su devoción a la autodeterminación de los pueblos.
Lograron que pueblos, cuya evolución social y política correspondía a la de la Europa de la Edad Media, se saltaran los pasos intermedios de renacimiento, despotismo ilustrado y revolución industrial y cayeran, como paracaidistas desconcertados, en el sufragio universal.
Se sirvieron de cómplices locales ilustrados para conseguir sus fines y, como premio, los encumbraron como manijeros de sus intereses.
No podía fracasar el intento de los dos colosos y Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda,Portugal y España perdieron sus colonias y, desde entonces, alcanzaron cotas de prosperidad para sus ciudadanos que nunca hasta entonces habían conseguido.
En los nuevos paises independientes, sin embargo, el bienestar de sus pueblos se ha degradado progresivamente y, medio siglo después de su independencia, es menor que cuando los administraban las potencias coloniales.
Si hubiera una única excepción a esa regla general aceptaría feliz mi error y me alegraría de que la independencia haya contribuido a la felicidad de los pueblos antiguamente colonizados.
Si la comida para la travesía es escasa, el agua insuficiente y hay que hacinarse en 30 metros cuadrados con otros 120 ilusos, mucho tiene que atraerlo el sueño que persigue.
O muy insoportable el infierno del que huye.
No los detiene el peligro del mar, la más que posible muerte en la travesía, la dificultad que saben que tendrán para el permiso de trabajo si llegan.
Ni la crisis económica de la que han oído decir que azota Europa los disuade de subir al cayuco o la patera.
Se siguen arriesgando no por llegar a una tierra extraña, sino por huir de la propia.
Vienen de paises en los que una insólita conjunción de los intereses de Estados Unidos y la Unión Soviética, los dos únicos que salieron más fuertes de la segunda guerra mundial que al comenzar la contienda, y los indujo a aunar esfuerzos para acabar con el colonialismo.
El propósito real de las dos superpotencias no era altruista, sino desplazar de sus colonias a las potencias coloniales europeas y sustituir con las suyas sus influencias.
Estados Unidos se escudaba en su romántico orgullo de primer país que se sacudió el yugo colonial europeo, en la guerra de la independencia de Inglaterra, la que más los enorgullece de las innumerables que han librado en sus 230 años de historia.
La Unión Soviética justificaba la ayuda a la independencia en motivos ideológicos: la aversión dialéctica del comunismo al colonialismo y al imperialismo y su devoción a la autodeterminación de los pueblos.
Lograron que pueblos, cuya evolución social y política correspondía a la de la Europa de la Edad Media, se saltaran los pasos intermedios de renacimiento, despotismo ilustrado y revolución industrial y cayeran, como paracaidistas desconcertados, en el sufragio universal.
Se sirvieron de cómplices locales ilustrados para conseguir sus fines y, como premio, los encumbraron como manijeros de sus intereses.
No podía fracasar el intento de los dos colosos y Francia, Inglaterra, Bélgica, Holanda,Portugal y España perdieron sus colonias y, desde entonces, alcanzaron cotas de prosperidad para sus ciudadanos que nunca hasta entonces habían conseguido.
En los nuevos paises independientes, sin embargo, el bienestar de sus pueblos se ha degradado progresivamente y, medio siglo después de su independencia, es menor que cuando los administraban las potencias coloniales.
Si hubiera una única excepción a esa regla general aceptaría feliz mi error y me alegraría de que la independencia haya contribuido a la felicidad de los pueblos antiguamente colonizados.
martes, 28 de octubre de 2008
DEPRESIONES POLITICAS
Los responsables de verificar las causas de la baja de los trabajadores por cuenta ajena no se enfrentan, como temían, a una epidemia de fraudes.
Los motivos de su baja son genuinos, pero el absentismo laboral sigue aumentando.
Todos, con rara unanimidad, aducen una abismal depresión como razón de su incapacidad laboral transitoria, pero nadie acertaba a explicar de forma convincente el origen de su abatimiento.
El misterio lo ha resuelto el Gabinete de Altos Estudios del Espíritu (AEDE), regentado por el doctor Lionel Agretti, egresado de la Escuela Superior de Trastornos Espirituales,(ESTE), de Avellaneda, Buenos Aires, en la República Argentina.
El eminente científico, en su informe, llega a la conclusión final de que "la apatía que acusan los sujetos estudiados la origina su melancolía en grado crónico ante su manifiesta incapacidad de influir en las condiciones de su entorno".
--"Ché, si está"--protestó Agretti ante el desconcierto del máximo reponsable político cuando leyó su informe--"meridianamente diáfano".
En la versión de Pemán de la Antígona de Sófocles, Creonte dice: "busca un culpable que, si no lo eres tú, te sustituya". Los trabajadores han encontrado en su depresión el chivo expiatorio del estado catatónico en que han caido.
Y explicó:
En la dictadura, bastaba culpar a Franco para quedar absuelto de los males del entorno. La culpa era toda del Dictador porque mandaba en todo sin que los mandados pudieran impedir sus fechorías. Pero, ¿qué ha cambiado con la democracia?
--Que los gobernados no solo son cómplices--respondió a su pregunta retórica--de las trapisondas de los que ha elegido, sino los verdaderos culpables, por haberlos encumbrado.
Si la primera o la segunda vez que acudió a las urnas se equivocó, su error pudo achacarlo a caprichos del destino pero, ¿qué le ocurre al votante cuando comprueba que ninguno de los que votó hizo lo que de él esperaba, una vez en el poder?
Inevitablemente, descubre su ineptitud para escoger gobernante, la principal virtud de la democracia y la justificacion del Dictador para mantener su dictadura.
A la dictadura no quiere volver y en la principal responsabilidad de la democracia ha fracasado.
Resultado: la depresión que lo obliga a solicitar y obtener la baja laboral.
Los motivos de su baja son genuinos, pero el absentismo laboral sigue aumentando.
Todos, con rara unanimidad, aducen una abismal depresión como razón de su incapacidad laboral transitoria, pero nadie acertaba a explicar de forma convincente el origen de su abatimiento.
El misterio lo ha resuelto el Gabinete de Altos Estudios del Espíritu (AEDE), regentado por el doctor Lionel Agretti, egresado de la Escuela Superior de Trastornos Espirituales,(ESTE), de Avellaneda, Buenos Aires, en la República Argentina.
El eminente científico, en su informe, llega a la conclusión final de que "la apatía que acusan los sujetos estudiados la origina su melancolía en grado crónico ante su manifiesta incapacidad de influir en las condiciones de su entorno".
--"Ché, si está"--protestó Agretti ante el desconcierto del máximo reponsable político cuando leyó su informe--"meridianamente diáfano".
En la versión de Pemán de la Antígona de Sófocles, Creonte dice: "busca un culpable que, si no lo eres tú, te sustituya". Los trabajadores han encontrado en su depresión el chivo expiatorio del estado catatónico en que han caido.
Y explicó:
En la dictadura, bastaba culpar a Franco para quedar absuelto de los males del entorno. La culpa era toda del Dictador porque mandaba en todo sin que los mandados pudieran impedir sus fechorías. Pero, ¿qué ha cambiado con la democracia?
--Que los gobernados no solo son cómplices--respondió a su pregunta retórica--de las trapisondas de los que ha elegido, sino los verdaderos culpables, por haberlos encumbrado.
Si la primera o la segunda vez que acudió a las urnas se equivocó, su error pudo achacarlo a caprichos del destino pero, ¿qué le ocurre al votante cuando comprueba que ninguno de los que votó hizo lo que de él esperaba, una vez en el poder?
Inevitablemente, descubre su ineptitud para escoger gobernante, la principal virtud de la democracia y la justificacion del Dictador para mantener su dictadura.
A la dictadura no quiere volver y en la principal responsabilidad de la democracia ha fracasado.
Resultado: la depresión que lo obliga a solicitar y obtener la baja laboral.
lunes, 27 de octubre de 2008
ENVIDIA SUICIDA
Coinciden los que de medicina saben en que, cuanto más precoz sea el diagnóstico de una enfermedad, más probabilidades tiene el médico de curar al enfermo.
Los tertulianos radiofónicos, los contrincantes en debates televisivos y otros acreditados expertos en auscultar la evolución de los acontecimientos mundiales, coinciden también en el diagnóstico del enfermo que les preocupa: el mundo.
Y ninguno de ellos discrepa de que el mundo está enfermo, de que su dolencia más acuciante es la economía ni de que la evolución de la enfermedad ha entrado en una fase grave.
De la gravedad del enfermo es un indicio que hayan sido convocados precipitadamente a una sesión clínica en la capital del mundo los 20 especialistas de mayor prestigio de la humanidad.
Pero son reacios a que se les una el que, de entre todos ellos, mayor sagacidad y diligencia demostró en el diagnóstico.
Desde la pasada primavera, cuando todos insistían en que el mundo estaba más sano que una pera, el ahora postergado los alertaba avisándoles de que la crisis no solamente era patente, sino grave.
Lo acusaron de alarmista, de demagogo y como afirmaba que la crisis afectaba al mundo entero, no lo tacharon de antipatriota, sino de inhumano.Otros decían que su advertencia no tenía más fundamento que el de conseguir ventajas políticas y electorales.
Los colegas del sagaz precursor del certero diagnóstico de la enfermedad del mundo admiten a regañadientes ahora que tenía razón, pero mantienen la contumacia y no lo invitan a la sesión clínica de Washington.
No hay razones objetivas para esa exclusión, por lo que habría que achacarla a ruines resentimientos individuales y a su temor a que, si en las fotos que se publicarán y en los reportajes televisivos que darán cuenta de la reunión aparece entre ellos, el mundo entero apreciará su superior jerarquía y, en comparación, la insignificancia de los demás.
No lo invitan a que asista a la reunión de Washington, simplemente, por envidia.
Pero si ese sentimiento mezquino prevalece sobre la necesidad de contar con sus guía para el tratamiento de la enfermedad, que fué el primero en diagnosticar, el mundo está en peligro de muerte.
Y todo por la cochina envidia. Por una envidia suicida.
Los tertulianos radiofónicos, los contrincantes en debates televisivos y otros acreditados expertos en auscultar la evolución de los acontecimientos mundiales, coinciden también en el diagnóstico del enfermo que les preocupa: el mundo.
Y ninguno de ellos discrepa de que el mundo está enfermo, de que su dolencia más acuciante es la economía ni de que la evolución de la enfermedad ha entrado en una fase grave.
De la gravedad del enfermo es un indicio que hayan sido convocados precipitadamente a una sesión clínica en la capital del mundo los 20 especialistas de mayor prestigio de la humanidad.
Pero son reacios a que se les una el que, de entre todos ellos, mayor sagacidad y diligencia demostró en el diagnóstico.
Desde la pasada primavera, cuando todos insistían en que el mundo estaba más sano que una pera, el ahora postergado los alertaba avisándoles de que la crisis no solamente era patente, sino grave.
Lo acusaron de alarmista, de demagogo y como afirmaba que la crisis afectaba al mundo entero, no lo tacharon de antipatriota, sino de inhumano.Otros decían que su advertencia no tenía más fundamento que el de conseguir ventajas políticas y electorales.
Los colegas del sagaz precursor del certero diagnóstico de la enfermedad del mundo admiten a regañadientes ahora que tenía razón, pero mantienen la contumacia y no lo invitan a la sesión clínica de Washington.
No hay razones objetivas para esa exclusión, por lo que habría que achacarla a ruines resentimientos individuales y a su temor a que, si en las fotos que se publicarán y en los reportajes televisivos que darán cuenta de la reunión aparece entre ellos, el mundo entero apreciará su superior jerarquía y, en comparación, la insignificancia de los demás.
No lo invitan a que asista a la reunión de Washington, simplemente, por envidia.
Pero si ese sentimiento mezquino prevalece sobre la necesidad de contar con sus guía para el tratamiento de la enfermedad, que fué el primero en diagnosticar, el mundo está en peligro de muerte.
Y todo por la cochina envidia. Por una envidia suicida.
domingo, 26 de octubre de 2008
SEGUIDILLAS DE LA RISA Y EL LLANTO
La A-431, que une Córdoba con Sevilla, bordea las lomas de Sierra Morena siguiendo el curso del Guadalquivir por su margen derecha.
Al llegar a un nudo de reciente trazado que regula los accesos al nuevo y airoso puente de Palma del Río, sale a la derecha la CO-140 que lleva a Hornachuelos.
A un par de kilómetros de su arranque, e inmediatamente después de salvar las vias del AVE, nace un camino asfaltado que pasa por el cortijo de La Higuera, corre paralelo a un canal de regulación, deja atrás la presa de derivación de El Retortillo y, en el cortijo de Malapié, se topa con la carretera de Peñaflor a La Puebla de los Infantes.
Si hace ese recorrido al atardecer de un día de primavera, merece que pare el coche, encianda un cigarrillo, lo fume despacio sentado en la cuneta, mire y escuche.
En las lomas opacas
del campo en sombras
cogujadas medrosas
sus ducas lloran
y oculta en el secereto
de las acacias
insensible a ese llanto
la mirla canta.
Bajo el palio turquesa
del mes de mayo
hay lamentos y risas
de amor, mezclados.
Como nacen los cardos
en los senderos
y sus púas cobijan
la flor del trébol,
alegría y tristeza
trenzan las coplas
que en mi tierra lejana
del ansia brotan.
...................................
Al llegar a un nudo de reciente trazado que regula los accesos al nuevo y airoso puente de Palma del Río, sale a la derecha la CO-140 que lleva a Hornachuelos.
A un par de kilómetros de su arranque, e inmediatamente después de salvar las vias del AVE, nace un camino asfaltado que pasa por el cortijo de La Higuera, corre paralelo a un canal de regulación, deja atrás la presa de derivación de El Retortillo y, en el cortijo de Malapié, se topa con la carretera de Peñaflor a La Puebla de los Infantes.
Si hace ese recorrido al atardecer de un día de primavera, merece que pare el coche, encianda un cigarrillo, lo fume despacio sentado en la cuneta, mire y escuche.
En las lomas opacas
del campo en sombras
cogujadas medrosas
sus ducas lloran
y oculta en el secereto
de las acacias
insensible a ese llanto
la mirla canta.
Bajo el palio turquesa
del mes de mayo
hay lamentos y risas
de amor, mezclados.
Como nacen los cardos
en los senderos
y sus púas cobijan
la flor del trébol,
alegría y tristeza
trenzan las coplas
que en mi tierra lejana
del ansia brotan.
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