viernes, 5 de diciembre de 2008

MAULLIDOS DE GATOS

Aunque parezca mentira, queda entre Andorra y Gibraltar algún que otro ciudadano que no vota al PP, al PSOE, ni a nadie.
Hay quien, sencillamente, no vota.
No se le debe considerar un irresponsable, porque presenta anualmente la Declaración de la Renta desde que la hizo aprobar el voluble Paco Fernandez Ordóñez, al que durante todo un vuelo entre Madrid y Nueva York lo oyó criticar la inepcia de su antecesor en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Cumple, pues, con la obligación que más interesa al Estado, la de pagarle.
Ese ciudadano, que no vota porque no quiere, ha tenido ocasión de tratar a bastantes políticos nacionales y extranjeros y, porque los conoció, a pocos de ellos le compraría lo que le ofrecieran como una ganga.
Alguno que ha renunciado gustosamente al placer de votar llegó a lo que un redicho llamaría “la cúspide de su carrera” en una empresa del estado con un gobierno del PSOE, de la que lo echaron con uno del PP.
Ni por agradecimiento se ha sentido nunca inducido a votar al PSOE ni, por despecho, lo ha hecho contra el PP.
Además de porque no le da la gana, no vota porque los políticos logran su condición de candidatos por lealtad a la burocracia de sus partidos y no porque sean los mejores para los votantes.
Y no los vota, además, porque seguimos, de hecho, en un régimen dictatorial, aunque no de dictadura personal.
A la muerte del Dictador, el poder que la muerte le arrebató y al que se había aupado por la fortuna con que lo favoreció la guerra, la mayor parte de los ciudadanos se creyeron que recuperarían el poder que el Dictador usurpó al pueblo.
Hay quien no vota porque el Poder del Dictador lo monopolizan ahora, compartiéndolo entre ellas, las burocracias de los partidos, que ni siquiera tuvieron que ganar una guerra para quedárselo.
Y, además, porque no confiaría ni en sí mismo, que es a quien mejor conoce, si le prometiera que va a resolver los problemas de otros.
Tan reacio a dar consejos suele ser el no votante como a votar, así que si a alguien le entretiene, que vote cada vez que pueda. De nada sirve, pero tampoco cuesta mucho.
Pero que tenga en cuenta que su participación en una elección, aunque sea blanco el voto que deposite, implica su aceptación de todo el proceso y de su resultado, aunque el electo no haya sido el candidato al que dio su voto.
Quejarse del gobernante en cuya elección se tomó parte es mayor trivialidad que extrañarse de que los gatos maullen, en enero, en los tejados.

jueves, 4 de diciembre de 2008

ETA: VICTIMARIOS Y VICTIMAS

Miran desafiantes a los policías que ocultan su identidad tras una capucha.
Insultan y amenazan a los jueces que los condenan.
Celebran en la cárcel los asesinatos que cometen los que siguen sueltos.
Exigen la libertad de asesinos encarcelados.
Proclaman su respaldo a organizaciones que amparan a los asesinos.
Rotulan con el de asesinos el nombre de las calles.
Comparten con los asesinos el objetivo por el que dicen que asesinan.
Son los terroristas de ETA y sus cómplices.

Titubean cuando les preguntan si son vascos o españoles.
Titubean cuando se les pide que condenen a los terroristas.
Titubean cuando se les propone acabar, sin negociar, con ETA.
Titubean cuando se les plantea tratar con el mayor rigor a los asesinos.
Titubean cuando se les advierte que, si no los denuncian, son cómplices de asesinos.
Titubean cuando se les anima a aislar a los asesinos y a quienes los amparan.
Titubean ante la injusta consecuencia de ser allegado de asesino o de víctima.
Son los que estorban la erradicación de ETA.

Lo más cómodo para los enemigos contra los que ETA ha proclamado su guerra ha sido ignorar esa declaración bélica. Excepto para los asesinados.
Aguantar la embestida inmisericorde de los terroristas, como proponía en el funeral del último asesinado uno de los más esclarecidos panegiristas de los objetivos de los asesinos, es colaborar con ellos.
A fuerza de aguantar caerán víctimas de sus balas y de sus bombas todos los que cree ETA que le estorban.
Si ETA tuviera con el panegirista de sus fines la cortesía de dejar que su nombre cierre la nómina de sus víctimas, puede que se percate de su error, cuando ya sea demasiado tarde.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

ELEGIR SIN SABER O SABER ELEGIR

Antes de otorgarle su confianza al que quieran que los gobierne, los votantes deberían determinar la virtud que esperan que destaque en su acción de gobierno.
Quejarse de lo que el gobernante haga después de electo para, en algunos casos volverlo a elegir, es como cantar en la ducha: solo sirve para comprobar que careces del arte del canto y de la capacidad de acertar en la elección.
Ocupación, en fin, de holgazanes ociosos que descargan en el elegido la responsabilidad de su equivocada preferencia.
Para evitar la decepción de una elección errónea, conviene simplificar, aunque la simplificación implique el riesgo del sofisma. Simplifiquemos:
Hay dos grandes grupos de gobernados: los que precian la honestidad como indispensable en un gobernante y accesorias sus otras posibles virtudes. Son los buenistas.
Otra parte de los gobernados exigen a sus gobernantes, ante todo, eficacia, y los vicios que puedan evidenciar no pasan, para ellos, de pecadillos veniales. Son los cínicos.
Los buenistas, evidentemente, son los que ven la coquetería en la ratita presumida e ignoran que es un roedor inmundo, peligrosamente prolífico e insaciable, que difunde enfermedades contagiosas.
Los cínicos son los que, siguiendo las enseñanzas de Arístines, rechazan los convencionalismos sociales y defienden una vida austera.
Imaginemos que, siempre fieles a las exigencias de la democracia, nos echamos un referéndum y que más de la mitad de los que voten se pronuncian por un gobernante fundamentalmente honrado.
Los buenistas triunfantes no tendrían más que acudir a un convento de mendicantes y forzar al lego hortelano o al hermano tornero a que acepte la presidencia del gobierno.
Seguro que no encuentran a nadie tan honesto y desprendido.
Pero, ¿y si son mayoría los que optan por la solución cínica? Estaríamos perdidos porque nos encontraríamos con un Aznar en el puesto que ahora ocupa el político con apellido de artesano de la lezna y la chaveta.
Otro riesgo: que el elegido buenista sea realmente tan mentiroso como el cínico o que el cínico resulte tan cándido como el buenista.
Era mejor la dictadura. Como no nos permitían escoger, teníamos razón al quejarnos del que mandaba.

martes, 2 de diciembre de 2008

REDENCION DE CAUTIVOS

Se equivocará el gobernante con apellido de artesano de la lezna y la chaveta si se precipita y nombra un ministro de deportes.
Es mucho más urgente el de redención de cautivos.
Porque a nuestros deportistas, por los éxitos con que nos enorgullecen en sus competiciones internacionales, les va divinamente sin intervención gubernamental.
Como en todo lo que mete mano el gobierno acaba metiendo la pata, sería lícito sospechar que parte del bien hacer de los deportistas españoles es consecuencia de la no intromisión del gobierno en sus esfuerzos.
Hay, sin embargo, un creciente clamor de un número cada vez más copioso de españoles que exigen angustiados que el gobierno los saque de atolladeros en los que, sin que nadie se lo pida, les gusta meterse.
Son los intrépidos descendientes de aquellos conquistadores que, en barcos mal ensamblados, desafiaban la furia de los océanos y, atravesando mares nunca antes navegados, descubrían nuevos mundos.
A los nuevos aventureros españoles no los impulsa el afán de extender los horizontes de Castilla, el de brindarle la oportunidad de redimirse a los paganos que los harían mártires al predicarles la fe verdadera, ni siquiera el de obtener oro y honra a cambio de su desinterés civilizador.
Los nuevos descubridores son más modestos, pero tan fisgones como sus antepasados:
Quieren convencerse por sí mismos de las gangas en bazares morunos, de la sensual molicie nativa en playas indochinas y de lo que cunde pagar en euros los blue jeans etiquetados en dólares.
Están dispuestos a sacrificar la relativa comodidad de su moderadamente segura España por los riesgos que podrían acecharlos en tierras lejanas.
No temen al peligro, mientras el peligro no los amenace.
Pero si los planes de viaje por los que pagaron se torcieran, saben que tienen un gobierno responsable de sacarlos de la incomodidad imprevista.
Y el gobierno, con tantos votantes desperdigados por remotos lugares en conflicto, e incapaz de redimirlos a todos simultáneamente, se las ve y se las desea para contentar a todos con la prontitud de su rescate.
Por eso, para que trace y ejecute planes de repatriación de españoles con celeridad y eficacia, el gobernante remendón haría bien en apresurarse a rehacer su gabinete.
Pero que se olvide de crear un ministerio de deportes, que para nada necesitamos.
Lo que cada vez mas españoles precisan es un ministerio para la redención de cautivos.

lunes, 1 de diciembre de 2008

LA TIRANIA DE LA LIBERTAD

Con admiracion a mi maestro Don Antonio y con afecto a Mari Lurdes.


Quien tiene capacidad para dedicar su tiempo a lo que quiera, y no a lo que quieran los demás, es un hombre libre.
Su libertad no solo le permite hacer lo que le guste, sino cambiar de gustos sin que nadie lo fuerce al cambio.
El individuo libre es, pues, caprichoso, voluble, informal, inconstante y tornadizo como un guante de cabritilla.
Si asume obligaciones que ocupen su tiempo, puede y debe incumplirlas sin sonrojarse.
Si se avergüenza de descuidar sus obligaciones, es porque ha dejado de ser libre.
El hombre libre es, pues, un irresponsable, alguien de quien los que se ganan la vida demostrando su responsabilidad ocho horas diarias, harían bien en desconfiar.
Si un hombre libre se compromete a algo, lo cumplirá mientras no descubra algo mejor que hacer.
Quien no sea libre, que no se engañe: conseguir la libertad es menos difícil que conservarla.
La libertad es seductora y artera como una cortesana; descubre los encantos que sabe que nos embelesan con la misma sabiduría con que esconde las taras que podrían repelernos.
La libertad sabe fascinarnos con la mirada de hielo con que la culebra paraliza al ratón, para dejarlo indefenso ante la agresión que maquina.
Es sofista, falaz y perversa. Su astucia nos sugestiona con la entelequia de que hacemos libremente lo que queremos, sin percatarnos de que malgastamos parte de nuestro tiempo en hacerlo.
Sólo los más sagaces, en raros momentos de clarividencia, nos percatamos a veces de que la libertad nos ha quitado parte del tiempo que antes nos pertenecía en su totalidad, como individuos libres que éramos.
El individuo libre, si quiere seguir siéndolo de forma plena y duradera, debería desconfiar de la libertad y hacerse análisis de introspección periódicos, para que el embrujo de la libertad no lo enajene, y la pierda inadvertidamente.

sábado, 29 de noviembre de 2008

ROMANCE DE JUAN, DE SU MADRE Y DE LA FLOR

Mi nieto Juan no había cumplido todavía cuatro años cuando me regaló uno de los momentos más gratificantes de mi abuelez.
Lo había acompañado a que diera unos bastonazos en el club de golf de Lisboa y, de pronto, lo vi rodeado por media docena de viejos socios del club que elogiaban su buen estilo, la concentración de su empeño y la acertada dirección que imprimía a las bolas.
Como si aquella miniatura de golfista fuera ya todo un campeón.




¿Es su mundo una pelota,
o todo su mundo es juego
y el balón solo un avío
de su perpetuo recreo?
Cruza incansable el jardín
detrás del juguete esférico
mientras su madre, en un banco,
administra sus esfuerzos.
Juan no escucha, pero oye
sus perentorios consejos.
En una orilla del parque
ha sembrado el jardinero
amapolas, margaritas
geranios y pensamientos.
La breve mano de Juan,
con un torpe movimiento,
corta el tallo de una flor
y, como siempre, corriendo,
se echa en brazos de su madre
y se la da, con un beso.


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viernes, 28 de noviembre de 2008

EL ENEMIGO NECESARIO

La madrugada del 10 de Noviembre de 1989, al derrumbarse el muro de Berlin, sepultó en sus escombros el precario equilibrio entre las dos mitades en las que el mundo se había escindido tras la guerra que acabó en 1945.
Al este de la frontera del muro se quedaron sin el miedo al imperialismo capitalista y a su pujanza económica, con la que pretendía sobornar las voluntades de la ideología comunista, empecinada en sacrificar la libertad en favor de la igualdad.
Al oeste del muro, su caída significó la derrota del expansionismo revolucionario comunista, contra cuyo contagio se habían inspirado las alianzas económicas y militares de los países con regímenes políticos de democracias parlamentarias.
Cada una de las dos mitades del mundo tenía en la otra un enemigo identificado, geográficamente localizado, de capacidad militar equivalente y con el objetivo común y opuesto de derrotar al contrario.
Con el muro cayó, a ambos lados, el enemigo que todos precisaban para explicar su identidad diferenciada, al menos por contraste.
Y es que, a pesar de todas las condenas teológicas, el ser humano que vive a oriente u occidente de donde el muro servía de frontera, sigue creyendo en lo que predicaba el sabio persa Manes.
El alma del ser humano, decía Manes hace 1900 años, es creación de Dios y el cuerpo del Diablo. La lucha entre esos dos poderes supremos se perpetuará hasta que uno venza al contrario y se apodere del ser humano en su totalidad.
El mundo, como sus habitantes, necesita un enemigo contra el que proseguir la lucha perpetua que es la vida.
El muro, al derrumbarse, dejó sin enemigo a todos y, por lo tanto, perplejos y desconcertados. Hay que buscar y encontrar un enemigo que lo sustituya.
Sería prudente seguir el consejo de Sun Tzu en su obra “El arte de la guerra” de hace 2.500 años: “Si no puedes evitar la guerra, identifica antes a tu enemigo”.
Los primeros seres humanos que parecen haberlo encontrado son los musulmanes.
Sus enemigos son los que no admiten que Dios es único, que todo el poder es Suyo, que hay que someterse sin condiciones ni reservas a ese poder y que Mohamed es el profeta de Dios.
Con los enemigos, los creyentes no pueden transigir ni hacer pactos que impliquen la menor renuncia a los principios de su fé.
En Chechenia o Bombay, quien discrepe del Islam es enemigo del Islam.
Fácil le han puesto los mahometanos a los, para ellos infieles, identificar a su enemigo.
Si no lo han hecho ya es porque no les conviene admitir la evidencia del derribo suicida de las Torres Gemelas, las bombas de Atocha, los explosivos del subterráneo de Londres, el camión contra los gendarmes de Kabila, la ocupación de la escuela de Beslan o el derribo de dos aviones rusos de pasajeros.
Casi todos los enfrentamientos armados que hoy asolan al mundo tienen como beligerantes a radicales islámicos empeñados en imponer la pureza de su creencia.
Los combatientes del Islam se enfrentan tanto a antiguos capitalistas del lado occidental del muro como a ex comunistas de la parte oriental. Todos, sin otra discriminación que la de no ser correligionarios, son sus enemigos.
Los que rechazan un tratamiento recíproco son los ciegos peores. Los que no quieren ver.