miércoles, 24 de agosto de 2016

LOS DIPUTADOS QUIEREN QUE LOS VEAN

“La cara”, sentenciaba un viejo refrán, “es el espejo del alma”.
Por su aspecto exterior, la presidenta del congreso, Ana Pastor, me recuerda a Doña María Moreno, una catequista y posiblemente ex monja que fue mi maestra de primaria en la escuela parroquial.
Como Ana Pastor tiene que manejar a 350 diputados díscolos, doña María tenía que vérselas con casi medio centenar de ángeles o diablos de entre tres y doce años,calzados con alpargatas remendadas o con recias botas de cuero sin curtir, unos limpios como un suspiro y casi todos soeces como una blasfemia.
Como cada cual cuenta la feria según le haya ido, lo que he tenido que hacer después de salir de aquella escuela enclavada en un barrio de chozas, similares a las que años después redescubrí en África, se ha limitado a ampliar lo que Doña María me enseñó a aprender.
Si en vez de intentar que sobrevivieran sin comerse unos alumnos a otros Doña María presidiera el actual congreso de los Diputados, no sería un incordio el reto que ahora se le plantea  a Doña Ana.
Un problema tan enrabiscado que, hasta que el más sabio de los salomones lo resuelva, los diputados españoles no podrán cumplir ni su rutinaria tarea de votar como sus jefes les manden.
Y es que éstos diputados españoles, en su angelical inocencia, pretenden todos sentarse donde más se les vea, en lugar de esconderse donde se les vea menos.
Para lo que hacen, ¿no se dan cuenta de que, cuanto menos se les vea menos faltas les pueden poner sus jefes?
Si fueran esos diputados tan listos como éramos los galafates que intentaba desasnar doña Maria, se limitarían a gestionar una baja por enfermedad de cuatro años de duración, con tratamiento consistente en comer opiparamente y a costa de los insensatos que los eligieron, en cualquiera de los tentadores restaurantes que España tiene.
Y ya puestos, y en vista de lo que hemos aprendido en este casi medio siglo de democracia, ¿qué hacen en el siempre lejano Madrid, donde nada es igual que en las tierras donde fueron electos?
Ya que siempre votan lo que sus mandamases les mandan votar, ¿por qué no se quedan cuidando a sus familias y delegan perpetuamente sus votos en sus jefes?

Habrá diputado que sea imprescindible en su casa y habrá quien no lo sea pero todos sin excepción pueden votar SI, NO o abstenerse tan eficazmente desde sus escaños como desde el elegante balneario de Mariembad, allá por la agradable Karlovy Vary. 

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