martes, 14 de septiembre de 2010

EL CONDOR, LA JUBILACION Y EL TRABAJO

El Ditero no solo cree todo lo que le conviene, sino que es particularmente diligente para rentabilizar los frutos de su fé, por lo que a nadie extrañó que la mañana después de que Zapatero dijera que los que se están formando son trabajadores que sirven al Estado, ya hubiera solicitado “una paguita” para su nieta.
--“Pero si todavía”—se escandalizó Ramón Pichaymedia—“ no ha cumplido los tres años”.
--“Justo”—concedió el activo demandante—“y por eso ésta mañana ha empezado primero de educación infantil. Ya se está formando para servir al Estado Español, y se merece una paga. Lo ha dicho el Presidente”.
Ramón no se mesaba los cabellos porque los había perdido al mismo ritmo con que ganaba madurez y admitió que lo irritaba menos la desfachatez del Ditero que la indiferencia de Salomón por la osadía del contertulio.
--“José Luis Rodríguez Zapatero”—terció Salomón Cabeza Sagaz acuciado por Ramón—“ha vuelto a demostrar que es un Presidente del Gobierno con un solo problema: su genialidad intuitiva hace que se adelante siglos a la ramplonería de sus conciudadanos”.
Sonrió El Ditero enseñando la cinematográfica perfección de sus implantes y Ramón tragó saliva antes de exigir:
--“Eso tendrás que explicarlo”.
Salomón, que estaba deseando que le ofrecieran la oportunidad de demostrar la justeza de que a sus espaldas lo llamaran Alfonso Décimo, arrancó:
--Como sabéis, en la reunión se hablaba, además del paro, de las pensiones. Una mente tan ágil como la de Zapatero mezcla a veces conceptos al intentar exponerlos y fue eso lo que le ocurrió. Pensaba en la injusta anacronía con que, como en algunas novelas enrevesadas, trabajo y jubilación se suceden en la vida del hombre.
Ante el silencio escéptico de Ramón y el mutismo interesado de El Ditero, siguió:
--La gente, hasta ahora, trabaja hasta que se jubila a los 67 años, cuando ya los achaques, las amarguras y a veces la soledad les impiden disfrutar los diez o doce años que, por término medio, les queda de vida. Un fraude.
--“Y eso”—cortó ansioso El Ditero—“¿es lo que Zapatero quiere cambiar?”.
--“Precisamente”—asintió Salomón—“Su idea es que los diez o doce años en que se calcule que pueda vivir una persona después de su jubilación, los disfrute a cuenta a partir de los 25 años, cuando su formación académica se haya completado y esté listo para integrarse como elemento activo en la sociedad.
Disfrutará de esa jubilación anticipada los diez o doce años en que el ser humano tiene más alegría, vigor y ganas de vivir y, a los 35 o 37 años, empezará a trabajar hasta su muerte. Aportará su esfuerzo al bienestar y al progreso de la Humanidad el mismo tiempo que ahora, pero cuando trabajar sea una distracción y no un castigo porque el cuerpo le pide otras cosas en lugar de perder el tiempo trabajando”.
Comprendió el Ditero que, si Zapatero es un incomprendido, es porque le pasa como al Cóndor, que vuela solo porque las demás aves no pueden volar tan alto.

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