jueves, 16 de septiembre de 2010

PEDROJOTA, EL KINGMAKER PRESUMIDO

Si entre las virtudes que tan pródigamente despliega se incluyera la de la discreción, Pedro José Ramírez Codina pasaría por una reencarnación de Philip Leslie Graham.
Pero el director del diario español “El Mundo” da la impresión de que quiere que se sepa que hace a la vista de todos lo que el editor del norteamericano “The Washington Post” urdía en privado: encumbrar y hundir políticos.
Graham depositó sus simpatías políticas iniciales en Richard Nixon, al que el periódico que hizo grande hundió con la cobertura del caso Watergate.
Apoyó a Eisenhower, se empeñó en conseguir que Lyndon Johnson fuera el candidato demócrata frente a John Kennedy hasta que cambió simpatías y forzó la candidatura de Kennedy como presidente y Johnson como vicepresidente en 1960 y, si una profunda depresión no hubiera desembocado en su suicidio, habría continuado cambiando banderas políticas e influyendo en la elección de presidentes de su país.
Como Pedro Jota, padrino de todos los presidentes españoles en el poder hasta que lo pierden. Pero el editor del “Post”, al contrario que el Director de “El Mundo”, cabildeaba, manipulaba e influía al amparo de la discreción.
En Veo 7, la emisora de Televisión que también controla, Pedro Jota ejerció de Pantocrátor la noche del Jueves. Como un Júpiter condescendiente, daba y quitaba la razón de forma selectiva a Soraya Saenz de Santamaría y José Antonio Alonso, portavoz en el Congreso de los populares la primera y de los socialistas el segundo.
A un espectador escéptico del sainete político español lo que los portavoces dijeran le divertía menos que las admoniciones del que, supuestamente, nada pintaba allí si no era demostrar que su sapiencia era superior a la de los dos discrepantes.
Y la conclusión del espectáculo—y que me perdone el kingmaker español si me equivoco—es que apuesta más por Zapatero que por Rajoy, o que quiere que Rajoy le garantice que saldrá ganando más si (“do ut des”) lo mira con mejores ojos y se quita los guantes para aplaudirlo.

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