jueves, 10 de enero de 2013

TODOS POBRES, TODOS IGUALES.



Están equivocados los que culpan a los timadores del engaño en que hacen caer a sus víctimas porque los timados creen que burlan al burlador y son ellos los que se benefician de la trampa.
Hablando en plata: que los recolectores de naranja del valle del Guadalquivir que hoy iniciaron seis días de huelga no lo hacen porque los haya engañado la Confederación de Trabajadores de Andalucía, sino porque esperan sacar tajada del paro.
El caso es que las condiciones reguladoras de salario y trabajo de los alrededor de diez mil recolectores de naranja del valle del Guadalquivir las fija el convenio trianual de 2009, cuando el gobierno seguía derrochando dinero público para enmascarar la crisis y contener las cifras del paro.
Con casi un 30 por ciento de los andaluces con edad laboral en paro, la demanda de empleo ha subido respecto a hace tres años y, aunque las leyes de la oferta y la demanda afecten también al mercado laboral, trabajadores y sindicatos se niegan a reconocerlo.
A pesar de elloo, y para limitar la oferta de mano de obra, exigen que los empresarios contraten a los nativos y renuncien a aceptar como recolectores de naranja a los foráneos.
Los sindicatos que exigen contratar nativos en lugar de inmigrantes tienen como base ideológica el internacionalismo proletario, y se escindieron del comunismo estalinista porque Stalin dio prioridad al asentamiento del poder soviético en Rusia y exigió que a ese objetivo se plegaran los movimientos comunistas nacionales del resto del mundo.
Pero esos mismos sindicatos xenófobos se movilizan para que el Estado Español, con los impuestos de los contribuyentes españoles, preste ayuda sanitaria y farmacológica a los inmigrantes sin papeles.
Demasiadas contradicciones para no preguntarse si los sindicatos impulsores de la huelga de recolectores de naranja quieren lo que dicen que quieren o solo se conforman con fastidiar al país y a los naranjeros.
La fecha de la huelga es significativa: en cualquier momento puede sobrevenir alguna helada que impida la comercialización de la naranja no recolectada y propicie la quiebra de los empresarios de la naranja. Todos pobres, todos iguales.

  


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