miércoles, 1 de abril de 2015

ELOGIO DEL EGOISMO Y VILIPENDIO DE LA POLITICA





Después de meses de meditación deslumbra la conclusión alcanzada: se habla tan obsesivamente de política para silenciar las virtudes del egoísmo, fundamento de la felicidad del individuo.
¿Qué es, si no, la política? Prometer el bienestar de la mayoría a costa del que ya disfruta una minoría.
Porque la política propone para lograr sus fines subvertir la pluralidad del refranero clásico: remplazar el “ande yo caliente y ríase la gente” por el “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Y, si en esa manipulación de refranes derivan los encargados de llevarla a cabo, ¿qué refrán cuadraría a los políticos que gestionan esa política?
El de “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”.
Desenmascarada esa confabulación contra la humanidad que es la política, apliquemos un antígeno que la erradique: el egoismo.
Sus ventajas son evidentes, el que aprenda a ser autosuficiente y a valerse por sí mismo no necesitará a nadie (persona, partido político, organización religiosa o ONG) que lo haga.
Así, sindicatos, partidos, redentores políticos, caudillos militares, organizaciones sociales que ejercen la caridad con el dinero de otros y demás redentores interesados, desaparecerán por la ausencia de pretextos en que justificar su habilidad de sanguijuelas.
El individuo, sin su estorbo, logrará alcanzar los objetivos que su ambición, su necesidad, su preparación, su ingenio y su suerte merezcan.
Cada hombre, mujer, adolescente o clase pasiva alcanzarán el bienestar por el que hayan luchado, sin enchufes ni interferencias.
Y “a quien Dios se la dé”—otro sabio refrán—“San Pedro se la bendiga”.
Que cada cual alcance el bienestar que se gane, sin regalos ajenos ni cortapisas de tunantes. El que premie su egoismo.

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