domingo, 8 de noviembre de 2015

SAN MIGUEL

 (No hay domingo sin lunes, placer sin pecado ni San Rafael sin San Miguel)





Cuando mi ya dura cabeza
en el bautizo lavaron,
para imponerme Miguel
como nombre distintivo
que señalara el destino
que me estaba reservado,
con el más feroz berrido
con que un infante irritado
pueda ensordecer la nave
el atrio y el campanario
de la iglesia en que el bautizo
se me estaba administrando
habría aullado furibundo:
¡Yo quiero llamarme Pánfilo!

“Jesús” preguntaría el cura,
mas que curioso, irritado,
“¿Y no es mejor San Miguel,
para que asuste al Diablo?”

“San Miguel”, diría yo,
“Es un fascista, un sicario
que en vez de usar el diálogo,
para llegar a un consenso
con el que cree adversario,
tira de espada y agrede
para imponer su ideario.
al que discrepa y defiende
un argumento contrario”.

--“Tienes razón”, diría el cura,
“Eso sería democrático
pero si el que ya es tu patrón
fuera demócrata y pánfilo
ni todo el oro del mundo
pagaría lo que ha costado
el gas, la leña o el pellet,
para mantener sin uso
el infierno, derrochando
lo que vale la energía
que hoy por hoy es lo más caro”.

--“Ni modo” yo hubiera dicho,
expresión de mexicanos
que de esa manera admiten
que es un error, un fracaso,
empeñarse en que es posible
lo que imposible es lograrlo.

Y es que hacer lo que hay que hacer
cuanto antes, sin dudarlo,
es mejor que discutir
eternamente, dudando,
si el mdo de resolverlo
es o no es democrático

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