miércoles, 2 de diciembre de 2015

ESPAÑOLES: DESGRACIADOS PORQUE QUIEREN

Las tribulaciones por las que España recorre su actual  Vía Crucis son justa consecuencia de la miopía de los españoles: proclámenme emperador como hicieron los romanos con Cincinato, y  podré volver a mi arado y a ser feliz dejando felices a los españoles.
Mis condiciones se reducen a una. Que me proclamen emperador, no que me elijan.
Hay dos seculares sinsabores nacionales por los que los españoles, si no desgraciados, tampoco son felices:
a) La tozuda demanda de los catalanes  de dejar de ser españoles.
b) El anhelo general de bucear en aguas cristalinas, transparentes, perpetuamente cálidas y aceradas por playas interminables de rubia arena.
Como en las promociones publicitarias para convencer al cliente de que compre lo que a nadie le interesa comprar, esos dos sinsabores nacionales se endulzan con una sola decisión:
1.-Que los catalanes sean tan felices como nos dejarían a los demás españoles y,
2.-Con lo que nos ahorremos al librarnos de Cataluña paguemos la deuda de 70.000 millones de dólares (60.000 millones de euros) del Estado Libre asociado de Puerto Rico.
Por muy poco que los portorriqueños quieran a España la quieren más que los catalanes y, si dejan de ser parte de Estados Unidos, automáticamente pasarían a ser territorio de la Union Europea.

Todo resuelto y, además, sin el envilecido proceso democrático.  

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