jueves, 31 de diciembre de 2015

FIN DE AÑO

Esta fiesta de fin de año es uno más de los absurdos protodemocráticos que, al engañar al hombre haciéndole creer que todos somos iguales, nos sacan la pasta gansa.
Es radicalmente falso que el año acabe al mismo tiempo para todos los que viven en el mismo lugar.
Un suponer:
Un conocido mío, que al mismo tiempo es mi mejor amigo y mi peor enemigo, nació un 28 de Mayo.
Su ultimo día del año es cada año, pues, el 27 de Mayo.
Lo de que ésta noche sea la de un imposible fin de año colectivo tiene su aquél y tiene su por qué.
Su aquél es inducir a cada ciudadano a una enajenación colectiva para que prescindan de lo que ahorraron durante el año que acaba porque (ojo al slogan) año nuevo, vida nueva.
Y, ¿cómo empezamos los españoles cada año la vida nueva? ¿Arrojando por la ventana lo viejo e inservible como los italianos?
Lo hacemos a lo grande: invirtiendo el dinero de valor permanente en bienes perecederos: la vida birlonga, beber, comer, fornicar, bailar el boogi -boogi y cultivar la resaca que justifique no dar ni golpe durante la siguiente semana.
Hay una forma alternativa, barata y conveniente, si es inevitable colectivizar una fecha individualmente diferente para cada uno: evocar el pasado común
Por ejemplo el episodio en el que,  cuando el rey babilonio Baltasar comía en su palacio adulado por sus cortesanos, el dedo de una mano invisible escribió en las paredes: “Mene, mene, tekel ufarsin”

Traducido al lenguaje de hoy quería decir más o menos: “Se te ha hecho una auditoria y se ha comprobado que eres más ladrón que Luis Candelas”.

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