miércoles, 5 de septiembre de 2018

SER Y PARECER


 



Lo dijo Calderón de la Barca, y no hay más que añadir: “afortunado el hombre que tiene tiempo para esperar”.
Y uno, que lleva 75 años esperando sin saber qué, ha llegado a la conclusión de que gastarlo sin provecho material es lo más acertado que el hombre puede hacer con su tiempo.
Por ejemplo, viendo la televisión, desde la que el PODER nos orienta para que  pensemos como el Poder consigue que todos pensemos.
¿Que a qué viene tanta pavada?
A que ahora empleo mi tiempo perdiéndolo en ver los capítulos de la temporada siete de Homeland, esa serie televisiva norteamericana que tan real parece a los que no conocen ni han conocido la realidad de lo que la serie relata.
Uno de los protagonistas, el que encarna Saul Berenson, personaje de edad madura, rechoncho y abusivamente activo para los años que representa, se gana las habichuelas como Consejero de Seguridad Nacional de la Presidenta, que al principio de la temporada parecía mala y a mitad de temporada parece buena.
El personaje de Berenson aconseja sabiamente a la presidenta poco antes o después de repartir guantazos y esquivar balazos.
Hasta en su aspecto me recuerda a un ciudadano que me adelantaba o al que yo adelantaba muchos días cuando, después de aparcar ambos en los aledaños de la Elipse desde la que se contempla la parte sur de la Casa Blanca,  caminábamos  hacia la residencia presidencial.
Era el consejero de seguridad nacional, Henry Kissinger.
Después lo hizo Nixon secretario de Estado y, a partir de entonces y cuando acudía a la residencia presidencial, entraba por la puerta que da a la avenida de Pennsylvania.
No digo que no hubiera sido capaz de repartir los guantazos que reparte el personaje que en la serie Homeland desempeña el cargo que en aquel tiempo ocupó Kissinger.
Pero, según se rumoreaba, era más galante que valiente, más discreto que bullanguero.

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