jueves, 23 de abril de 2015

PSOE-A, COMPAÑIA DE SEGUROS



Mejor que esforzarse uno inútilmente en explicar a quien quiera saber qué es un partido político y toda esa monserga de libertad, igualdad social y bienestar general que prometen, recurramos a la sufrida fórmula de la parábola, o al más gráfico “un suponer”:
Pues bien, un suponer: un partido político es como esas compañías de seguro que se anuncian prometiendo que, si les pagan lo que cuestan, te lo resuelven todo:
Desde gestionar con el mayor provecho tus ahorros hasta cuidar tu salud, darle la mejor educación a tus hijos, atender las necesidades médicas de la familia, vigilar para que los ladrones no te roben lo que es tuyo y hasta enterrarte con una corona de flores de plástico.
Tú le pagas puntualmente y, cuando llega el momento de prorrogar la póliza, te enteras de que no sólo te han robado lo que les pagaste, tus hijos siguen sin desaznar, las enfermedades se han agravado y, a pesar de eso, pretenden aumentar la cuota de renovación.
Lógicamente, y tras reprochar al jefe de la aseguradora diciéndole “hay que ver…”, te explica que no se enteró del robo, que no tiene la culpa de que los maestros de escuela sean unos incompetentes ni de que los médicos sean curanderos indocumentados.
Pues bien: concrétese el cuento de esta compañía de seguros generales identificándola como PSOE-A (Partido Socialista Obrero Español de Andalucía), la única compañía de su tipo en España que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo.
Quiere que todos los españoles contraten sus servicios y que, por mucho que los defrauden las prestaciones que promete, no se pasen a compañías de la competencia.
Al fin y al cabo, los asegurados están para pagar sus pólizas y los aseguradores para quedarse con lo que cobren.

miércoles, 22 de abril de 2015

EMIGRACIÓN: HUNDIR LAS PATERAS.



Los políticos de Europa están considerando una decisión radical para frenar la emigración desde el norte de África: hundir las frágiles pateras en las que, los que lo consiguen, atraviesan el Mediterráneo.
Lo que no se ve no existe y, con el hundimiento de las pateras, deja de existir el inhumano espectáculo de los ahogados por encontrar donde lo hay lo que necesitan.
Porque lo emigrantes africanos vienen a Europa a buscar lo que, por lo que ven en televisión y les dicen sus compatriotas que lo lograron, existe en Europa: comida, trabajo, asistencia sanitaria, acceso a la educación y libertad.
Nada de eso lo tienen en sus países de origen y, los que se deciden a emigrar a Europa, lo hacen convencidos de que merece arriesgar la vida miserable a la que están condenados por realizar el sueño que los libere.
Con la chapuza de solución al problema que consiste en hundir sus precarios medios de transporte, los políticos europeos defienden el interés de sus electores, contrarios a los de los que los ponen en peligro.
Porque los emigrantes africanos aceptan trabajos en Europa que los trabajadores sindicados europeos eluden, y lo hacen tan bien o mejor que los exigentes nativos.
Siempre han vivido los europeos mejor que los africanos, pero hasta que la televisión y otros medios de información se han universalizado, no se habían enterado.
Conseguir que vuelvan a la ignorancia de lo que existe lejos de sus aldeas y poblados es un casi imposible método para frenar su molesta emigración a Europa.
Otro, tan imposible como el anterior, es hacer retroceder el tiempo hasta el anterior al de las indiscriminadas independencias concedidas por las potencias coloniales hace cincuenta años.
Fue aquél interesado engaño de los colonialistas industriales el origen de las actuales tragedias humanas.
Argumentaron para aquella triquiñuela la justicia de que los africanos sometidos a la tutela de las colonias, que todos los hombres sin consideración a su grado de evolución social, son dueños de sus destinos y de sus recursos.
Pero las autoridades coloniales dejaron en manos de caciques, manejables mediante la corrupción, la administración de los recursos de las tierras independizadas.
Parecía que todo había cambiado para que todo siguiera igual: las mismas potencias industriales que les dieron la independencia siguen controlando, bajo la tapadera de sus caciques apoderados, la explotación de los recursos africanos y beneficiándose de sus plusvalías.
Eso sí: ahora no explotan África los gobiernos de las potencias administradoras, sino los testaferros nativos que los representan.

lunes, 20 de abril de 2015

SAETAS Y SEVILLANAS



Dicen que Andalucía es Sevilla y como toda mentira se hace verdad a fuerza de repetirla, puede que también sea verdad en éste caso: una parte del todo es igual que la totalidad en su conjunto.
Y Sevilla, que según los sevillanos es el alma y el cerebro de Andalucía, empalma la holganza del llanto y las procesiones de la Semana Santa recién terminadas con la juerga y los bailes de las Ferias que hoy empiezan.
Por eso Sevilla y Andalucía no están para lo que no sea lo más importante: mirarse en sí misma para enamorarse de sí misma tanto en el dolor como en la juerga.
Lo mejón der mundo tiene prioridad sobre lo que no lo es y Andalucía y Sevilla son lo mejón der mundo.
Así que, estableciendo un sabio orden de prioridades, lo primero es lo primero y lo demás puede y debe esperar.
Y es lógico, con la lógica de esta sensatez andaluza que, si no llora, no es porque le falten razones para derramar lágrimas sino porque no tiene quien oiga el llanto que, al fin y al cabo no es más que otro espectáculo, absurdo sin espectadores.
Por eso, divertirse y holgar llorando o bailando antecede, en el peculiar orden de prioridades de los andaluces-sevillanos,  a veleidades que a otros pueblos menos sensatos les preocuparían.
Gente menos cabales que los andaluces pospondrían la diversión a la solución de menesteres secundarios como formar el gobierno que no hay, para que resuelva lo que creen otros que son contratiempos inaplazables: reducir el paro, maquillar la corrupción administrativa, elevar la calidad de la educación, administrar con rigor los recursos sanitarios y otros pasatiempos.
Todo eso, dicen los forasteros que no saben vivir como los andaluces, quitaría dolor a los dolores de la semana santa y añadiría placer a los disfrutes de la Feria.
A los sevillanos-andaluces van a irles con cuentos los que no son andaluces ni sevillanos…
Si no hubiera paro ni corrupción, ¿para que necesitarían las semanas santas o las ferias?
Porque es en esas ocasiones en las que mejor se mitiga el dolor al compartirlo  y mejor se olvidan las preocupaciones diarias, anestesiándolas con el ruido enajenante y el vino medicinal.

sábado, 18 de abril de 2015

METER EN LA CARCEL A LOS DELINCUENTES, MAL NEGOCIO PARA SUS VICTIMAS



Cuando meten en la cárcel a algún personaje, como parecía estos días que iban a hacer con Rodrigo Rato, una ráfaga de alivio estremece a los españoles como el soplo del viento hace ondular el trigo ya granado.
Si no es por el natural placer de que al que nos hemos acostumbrado a que sea elogiado lo veamos ahora vituperado, no lo entiendo.
Y, en cierto sentido, es todavía peor si el famoso abatido fue hasta ese momento un político aclamado.
Porque, ¿qué termina ganando y empieza perdiendo el que se alegra de un hecho semejante?
No gana nada de lo que el supuesto estafador le haya robado, sino que  pierde todavía más.
En el caso de que el detenido vaya ante el juez y que, a pesar del esfuerzo de sus costosos abogados lo condene, todo ese proceso y el posterior de su estancia en prisión genera gastos adicionales para sus víctimas, más costosos mientras los años de prisión de la condena sean más prolongados.
A lo que sus víctimas hayan perdido por la estafa, habrá que añadir alojamiento, cuidados, alimentación, vigilancia, conservación del aire acondicionado, cuidado de la piscina, mantenimiento de la televisión de plasma y gastos para tabaco, drogas y otras necesidades esenciales.
--Oiga usted ¿es que el dinero que cuesta es lo único que le importa del régimen penitenciario? ¿Y la reinserción?
--La reinserción, querido amigo, es una falacia que inventaron hace ya  tres siglos unos a los que se les ocurrió que el hombre es originalmente bueno y que el contacto con la sociedad es el que lo pervierte, así que una sociedad tan poco ejemplar como la carcelaria, lo más probable es que lo envilezca todavía más.
--Pero todo eso lo dice usted en contra del encarcelamiento de delincuentes sólo por ahorrarse dinero.
--Por eso también, pero no solo por razones económicas porque las tres pesetas que cuesta una bala sería la solución más barata, y no la propongo para no escandalizarlo.
--Total, que reconoce que usted es un fascista de derechas.
--Lo primero contradice lo segundo porque los de derechas defendemos la libertad y los fascistas, comunistas y otros maleantes la persiguen.
--Bueno, pero no es usted demócrata.
--Pues, no…

viernes, 17 de abril de 2015

DURAN. OBEDECER POR INSTINTO



El tiempo es un regalo que los dioses dan con prodigalidad a los hombres y que los andaluces agradecen con acuciante diligencia para que su astucia racial les permita el mayor bienestar con el menor esfuerzo.
Ahí esta el caso de Juan Pablo Durán, el andaluz al que su aplicación en la Universidad de la Vida lo ha capacitado para elevarse a la responsabilidad teóricamente más elevada de la Región: Presidente del Parlamento Andaluz.
La Universidad en la que se graduó lo entrenó para aguzar su astucia y acertar a qué masonería someter su obediencia para que, sirviendo sus reglas, se entrenara en la obediencia que lo elevarían al mando.
Obedeció aceptando el destino que, en cada caso, le asignó el PSOE y fracasó en todas las funciones que el partido le encargó: como secretario provincial del PSOE de Córdoba, encabezó la candidatura a la alcaldía y, como fracasó, lo nombraron portavoz del grupo municipal hasta que, en 2014, dejó el cargo para aceptar el de senador por el cupo autonómico.
Como consejero por su partido en el consejo de administración de Cajasur, fue multado con 64.000 euros por el Banco de España por su eficaz cooperación en la quiebra de la entidad y, entre sus más felices aportaciones a la doctrina del PSOE, se cita la frase de que “la derecha solo sabe matar”.
Ya ha demostrado en la Presidencia del parlamento andaluz su instintiva tendencia a obedecer hasta cuando le mandan que mande.
En la sesión constitutiva de la cámara, permitió que, en la mesa del Parlamento, la derecha personificada en el PP, que en las elecciones fue la segunda fuerza más votada lo  que le dio 33 diputados, tuviera la misma representación en la mesa que Izquierda Unida, la menos votada: un puesto cada una.

jueves, 16 de abril de 2015

ANTONIO GRAC ÍA CHAVES DESCANSA EN PAZ



No solo ha muerto el más influyente ejemplo de mi juventud, sino el último irreductible de una generación moldeada en el servicio a los demás, que es lo que entendía por la Patria común: el pueblo diverso fundido por una historia compartida, resultante de sus momentos de gloria tanto como por sus episodios de miseria.
Mi admirado amigo Antonio García Chaves, que hoy ha muerto, fue un hombre que, como se hizo a sí mismo, tenía todo el derecho a rechazar las tentaciones para que    acomodara su forma de ser a la de los que coyunturalmente marcaban la conveniencia de plegarse a su forma de entender la vida.
Fue un ascético rebelde: como Luzbel se negó a servir a Dios, Antonio Chaves se negó a acomodarse a una forma de entender la vida en la que no creía.
 Perdió la comodidad que se le ofrecía, pero preservó la congruencia que, si la hubiera sacrificado, habría dejado de ser él mismo, para ser un Chaves falso.
En ésta sociedad relativista en la que los derechos tienen más valor que las obligaciones, Antonio García Chaves fue un desterrado en su Patria, un paria para las castas que prefieren el rebaño sumiso a la persona rebelde, el grupo amorfo al individuo diferenciado.
Por su insumisión fue castigado a la soledad en vida. En el recuerdo, que es lo que su muerte no puede robarnos, Antonio García Chaves, mi maestro y amigo, sigue siendo ejemplo de honestidad, bonhomía, congruencia y servicio a los demás en lugar de servirse de los otros.
El Dios en el que tan instintivamente creía le ha asignado ya la tarea de maestro, ejemplo de sus amigos y protector de su familia que tan cumplidamente ejerció en vida.
Dios, deber, servicio y familia, los motores que impulsaron su vida. Ya descansa en la paz que tan bien supo ganarse.

LA INJUSTA IGUALDAD



Si alguien propone algo que  otro no acepta es porque no  comprende su conveniencia ni la posibilidad de hacer realidad la propuesta.
Un suponer: eso de las rentas sociales universales que los partidos de izquierda se obstinan en proponer.
¿Cómo es posible que a los que dicen que defienden al trabajador, la mayor genialidad que se les ocurra sea desestimular el trabajo, medio tradicional de ganarse uno la vida?
Hay una explicación, aunque desacabellada: que políticos de izquierdas y sindicalistas viven tan bien sin dar un palo al agua que, en un rapto de enajenación altruista, quieran que todos vivan su vida birlonga
La justicia social es la obsesión que, junto a la de defender al trabajador, motiva a los partidos que se reconocen de izquierdas pero, ¿no es injusto que los pocos que trabajan costeen a los que muchos que no necesiten trabajar para vivir?
Y, ¿por qué los sindicatos defienden esa renta disuasora del trabajo, si se proclaman abogados de los trabajadores y no de los que no necesitan trabajar?
Puede que hayan llegado los sindicalistas a la conclusión de que, agotada su credibilidad como abogados de los trabajadores, ha llegado el momento de defender a los que no necesitan trabajar.
Hay una solución: que los políticos de izquierdas y sus compinches sindicales no cobren ni un duro del Estado—que representa tanto a los muchos que no trabajan como a los pocos que lo hacen--y se declaren neutrales en esa lucha social.
Para ello, el Estado debería defender exclusivamente a los que con sus impuestos pagan la burocracia estatal y el coste de los servicios que el Estado presta, y que los sindicatos y los políticos de izquierdas cobren de los perceptores de de las rentas sociales universales.
¿No sería esa una medida de justicia social auténtica? Por lo menos, mucho más justa que esta de que los que paguen más impuestos gocen de los mismos derechos en el disfrute de servicios que los que no pagan o pagan menos por ellos.