Hasta que se vio reflejado en el espejo y descubrió que el olor a chamusquina procedía de la borla de su gorro de dormir, que en una cabezada había tocado la llama de la palmatoria, el tío Frasquito no podía imaginar el origen del tufo.
Como al petrimetre caduco que el Padre Coloma describe en su novela “Pequeñeces”, un intenso olor a chamusquina intriga desde hace días a los sevillanos.
En contra de lo que desconcertaba al personaje de ficción, los ciudadanos de Sevilla supieron desde el primer momento que la tufarada a cuerno quemado la exhala la martingala de unos funcionarios de izquierda unida para desviar a correligionarios comunistas de Nicaragua, Cuba y Colombia, casi un millón de euros.
Parece que Cooperación al Desarrollo, a cargo de un concejal socialista, cambió de nombre sin haber realizado un fondo de más de 990.000 euros para cooperación internacional.
Bajo la aparente tutela de un teniente de alcalde de izquierda unida, se gestionó una modificación presupuestaria para que los fondos no realizados, pasaran a la fundación De Sevilla, gestionada por el Partido Comunista e Izquierda Unida.
El contrato entre el Ayuntamiento y la Fundación, firmado el pasado Diciembre, implicaba la entrega, en el momento de la firma, del 75 por ciento de la cantidad establecida.
Pero el Diario ABC asegura hoy que el Instituto de la Juventud de Nicaragua, destinatario de 276.670 euros del total de los fondos, ni ha recibido nada ni sabe nade del as unto aunque, para ser beneficiario, debería haberlos solicitado.
El Partido Popular, único en la oposición en el ayuntamiento de Sevilla, regido por socialistas y comunistas, ha exigido al alcalde, el socialista Alfredo Sanchez Monteseirín, que aclare cuanto antes el enigma.
Tantas esperanzas tienen de que lo aclare como de que deje de oler a podrido en el ayuntamiento de Sevilla.
viernes, 6 de febrero de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
DAR A QUIEN NO TIENE
“Cuando des limosna”—recomendó Jesucristo en el Sermón de la Montaña—“que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”.
Para un cristiano, que según el catecismo de mi época es “quien profesa la fe en Cristo que recibió en el bautismo”, la recomendación está clara: quiere decir que el que de limosna no debe alardear de que lo hace.
Pero ¿si el que da al que no tiene no fuera cristiano,se le podría culpar de interpretar erróneamente a Cristo?
Y, si además de no cristiano fuera político, ¿no sería lógico que atribuyera un sentido ideológico a eso de las manos derechas o izquierdas?
Si fuera un político izquierdista, podría suponer que lo que Cristo recomendó es que, a los de derechas, ni un soplo en un ojo.
El político de derechas, evidentemente, creería lo contrario, aunque la confusión en ese caso sería poco probable porque, dicen, los políticos de derechas son todos cristianos.
Esa teoría del desconcierto político-religioso como explicación del episodio que ABC de Sevilla relata en su edición del miércoles 4 de Febrero es una insensatez pero, como ha sido a mí a quien se le ha ocurrido, me parece ingeniosa y menos malévola que la del favoritismo de unos funcionarios con sus correligionarios, en perjuicio de sus paisanos.
El episodio, trazado con brocha gorda, consiste en que una partida de 836.526 euros asignados a la Delegación para la Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Sevilla para el ejercicio de 2008 ha ido a parar a Cuba, Nicaragua y a organizaciones del Partido Comunista de Colombia.
Señala la información a los comunistas miembros de Izquierda Unida Antonio Rodrigo Torrijo y López Adán como lo hábiles muñidores que apadrinaron la modificación presupuestaria que, a espaldas del concejal socialista Alberto Moriñas tenía presupuestada su Delegación de Cooperación al Desarrollo.
Gracias a Torrijo y Adan, la dictadura de los Castros ha recibido el regalo sevillano de 534.835 euros: 38.733 de ellos para que compren ordenadores, 64.881 para un incinerador de restos de ataúdes, 186.389 para contenedores de residuos urbanos y otras partidas para equipos informáticos o restauraciones monumentales.
Meritorio es solucionar necesidades ajenas, y heroico si se hace a costa de las propias. Que se haga con dinero que no es de uno no hace al caso.
A propósito: a 89 kilómetros de Sevilla, en el ambulatorio de Palma del Rio, cuando pedí agua para tomarme un analgésico que el médico de guardia me había recetado, se excusaron porque no tenían vasos desechables.
Tuve que desplazarme por mis propios medios 53 kilómetros hasta Córdoba para que me hicieran la radiografía que ordenó el médico. El ambulatorio tenía el instrumental, pero sin personal que lo manejara.
--“Pues así”,--bromeé a un empleado amigo--"el aparato llegará a la obsolescencia sin que se haya estrenado".
--¿A la obso le qué?
--Que cuando contraten a quien lo maneje ya será demasiado anticuado para que sirva.
--“Si es que alguna vez”—concedió mi entusiasta amigo—“tienen dinero para contratar a alguien”.
Para un cristiano, que según el catecismo de mi época es “quien profesa la fe en Cristo que recibió en el bautismo”, la recomendación está clara: quiere decir que el que de limosna no debe alardear de que lo hace.
Pero ¿si el que da al que no tiene no fuera cristiano,se le podría culpar de interpretar erróneamente a Cristo?
Y, si además de no cristiano fuera político, ¿no sería lógico que atribuyera un sentido ideológico a eso de las manos derechas o izquierdas?
Si fuera un político izquierdista, podría suponer que lo que Cristo recomendó es que, a los de derechas, ni un soplo en un ojo.
El político de derechas, evidentemente, creería lo contrario, aunque la confusión en ese caso sería poco probable porque, dicen, los políticos de derechas son todos cristianos.
Esa teoría del desconcierto político-religioso como explicación del episodio que ABC de Sevilla relata en su edición del miércoles 4 de Febrero es una insensatez pero, como ha sido a mí a quien se le ha ocurrido, me parece ingeniosa y menos malévola que la del favoritismo de unos funcionarios con sus correligionarios, en perjuicio de sus paisanos.
El episodio, trazado con brocha gorda, consiste en que una partida de 836.526 euros asignados a la Delegación para la Cooperación al Desarrollo del Ayuntamiento de Sevilla para el ejercicio de 2008 ha ido a parar a Cuba, Nicaragua y a organizaciones del Partido Comunista de Colombia.
Señala la información a los comunistas miembros de Izquierda Unida Antonio Rodrigo Torrijo y López Adán como lo hábiles muñidores que apadrinaron la modificación presupuestaria que, a espaldas del concejal socialista Alberto Moriñas tenía presupuestada su Delegación de Cooperación al Desarrollo.
Gracias a Torrijo y Adan, la dictadura de los Castros ha recibido el regalo sevillano de 534.835 euros: 38.733 de ellos para que compren ordenadores, 64.881 para un incinerador de restos de ataúdes, 186.389 para contenedores de residuos urbanos y otras partidas para equipos informáticos o restauraciones monumentales.
Meritorio es solucionar necesidades ajenas, y heroico si se hace a costa de las propias. Que se haga con dinero que no es de uno no hace al caso.
A propósito: a 89 kilómetros de Sevilla, en el ambulatorio de Palma del Rio, cuando pedí agua para tomarme un analgésico que el médico de guardia me había recetado, se excusaron porque no tenían vasos desechables.
Tuve que desplazarme por mis propios medios 53 kilómetros hasta Córdoba para que me hicieran la radiografía que ordenó el médico. El ambulatorio tenía el instrumental, pero sin personal que lo manejara.
--“Pues así”,--bromeé a un empleado amigo--"el aparato llegará a la obsolescencia sin que se haya estrenado".
--¿A la obso le qué?
--Que cuando contraten a quien lo maneje ya será demasiado anticuado para que sirva.
--“Si es que alguna vez”—concedió mi entusiasta amigo—“tienen dinero para contratar a alguien”.
miércoles, 4 de febrero de 2009
LA AMENAZA DEL CONSENSO
Hay proyectos de ley, como el de estímulo de la economía presentado por Barack Obama y que el Senado tramita ahora, para los que el gobierno Norteamérica intenta el respaldo de representantes de la oposición, además del de sus partidarios.
El mecanismo para lograr ese apoyo bipartidista se conoce por “horse-trading” que, a pesar de su traducción literal de “chalaneo”, es un procedimiento respetable y eficaz para conciliar discrepancias políticas, en leyes de especial trascendencia.
El escrupuloso respeto a las competencias de cada protagonista contribuye a la respetabilidad del sistema:
Corresponde únicamente al gobierno presentar su texto, tras sondear pero sin negociar el apoyo al proyecto, y los líderes del partido del Presidente en la cámara y el senado, donde ha de obtener su visto bueno, son los que chalanean posibles modificaciones con los de la oposición.
El tira y afloja se hace a la luz del día, públicamente y sin protegerlo del escrutinio de votantes y opinión pública.
Todo lo contrario de lo que, en la práctica, ocurre en España.
En la política española, sobre todo en los últimos cinco años, cuando el gobierno tiene dificultades para salir de una situación particularmente embarazosa, pide consenso al principal partido de la oposición, pero sin detallar específicamente en qué quiere que deje de oponérsele, ni asumir ninguna iniciativa ajena a cambio de su apoyo.
Lo hizo cuando, en la legislatura pasada, quedó en evidencia que ETA lo había engañado en la negociación para que dejara de asesinar y vuelve a exigir el consenso ahora al Partido Popular para sortear la crisis económica.
Pero ni en la pasada legislatura ni ahora dice el gobierno cuáles de las medidas que el Partido Popular propone estaría dispuesto a asumir en el consenso que le pide.
De hecho, parece que lo que espera del partido de la oposición es que renuncie, al menos de forma temporal, a su cometido constitucional de exponer al electorado soluciones diferentes, y si hace falta contrarias, al partido gobernante.
El sistema democrático parlamentario se fundamenta en el disenso, en la existencia de alternativas a las que el gobierno propone y en el derecho a exponerlas para que el votante escoja entre soluciones discrepantes.
El consenso ya está expresado, contenido y limitado en la Constitución. Son las dictaduras las que se asientan en el consenso y temen a la discrepancia.
El Partido Popular no solo faltaría a la obligación que la Constitución le marca si dejara de presentar alternativas distintas de las que defiende el Partido del Gobierno para salir de la crisis, sino que sería irresponsable si accediera al consenso que le piden.
Porque, si accediera a apoyar al gobierno en sus medidas contra la crisis y persistiera a pesar de ello la catástrofe en la que la ceguera, la omisión o la acción equivocada del gobierno ha sumido a España, ¿a quien podrían recurrir los españoles?
La tentación de echarse en brazos de técnicos, civiles o uniformados, sería una amenaza más negra que la que proyecta la economía.
El mecanismo para lograr ese apoyo bipartidista se conoce por “horse-trading” que, a pesar de su traducción literal de “chalaneo”, es un procedimiento respetable y eficaz para conciliar discrepancias políticas, en leyes de especial trascendencia.
El escrupuloso respeto a las competencias de cada protagonista contribuye a la respetabilidad del sistema:
Corresponde únicamente al gobierno presentar su texto, tras sondear pero sin negociar el apoyo al proyecto, y los líderes del partido del Presidente en la cámara y el senado, donde ha de obtener su visto bueno, son los que chalanean posibles modificaciones con los de la oposición.
El tira y afloja se hace a la luz del día, públicamente y sin protegerlo del escrutinio de votantes y opinión pública.
Todo lo contrario de lo que, en la práctica, ocurre en España.
En la política española, sobre todo en los últimos cinco años, cuando el gobierno tiene dificultades para salir de una situación particularmente embarazosa, pide consenso al principal partido de la oposición, pero sin detallar específicamente en qué quiere que deje de oponérsele, ni asumir ninguna iniciativa ajena a cambio de su apoyo.
Lo hizo cuando, en la legislatura pasada, quedó en evidencia que ETA lo había engañado en la negociación para que dejara de asesinar y vuelve a exigir el consenso ahora al Partido Popular para sortear la crisis económica.
Pero ni en la pasada legislatura ni ahora dice el gobierno cuáles de las medidas que el Partido Popular propone estaría dispuesto a asumir en el consenso que le pide.
De hecho, parece que lo que espera del partido de la oposición es que renuncie, al menos de forma temporal, a su cometido constitucional de exponer al electorado soluciones diferentes, y si hace falta contrarias, al partido gobernante.
El sistema democrático parlamentario se fundamenta en el disenso, en la existencia de alternativas a las que el gobierno propone y en el derecho a exponerlas para que el votante escoja entre soluciones discrepantes.
El consenso ya está expresado, contenido y limitado en la Constitución. Son las dictaduras las que se asientan en el consenso y temen a la discrepancia.
El Partido Popular no solo faltaría a la obligación que la Constitución le marca si dejara de presentar alternativas distintas de las que defiende el Partido del Gobierno para salir de la crisis, sino que sería irresponsable si accediera al consenso que le piden.
Porque, si accediera a apoyar al gobierno en sus medidas contra la crisis y persistiera a pesar de ello la catástrofe en la que la ceguera, la omisión o la acción equivocada del gobierno ha sumido a España, ¿a quien podrían recurrir los españoles?
La tentación de echarse en brazos de técnicos, civiles o uniformados, sería una amenaza más negra que la que proyecta la economía.
martes, 3 de febrero de 2009
TODO TIEMPO PASADO FUE PEOR
“Felices tiempos aquellos”—añoraba Alejandro Dumas—“en que éramos tan desgraciados”.
Todo viejo que caiga en la tentación de mirar hacia atrás coincidirá en su lamento con el del maestro francés y con la sentencia de Jorge Manrique de que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”.
Seguramente, los tiempos pasados no fueron mejores que los del presente, pero la añoranza de la ilusión y de la juventud perdidas los idealiza al compararlos con el pesimismo de la senectud de hoy.
El estado de ánimo del que, desde su decadencia presente recuerda el vigor de su pasado, minimiza las tribulaciones de su juventud y agiganta las de su madurez.
Si coteja los sinsabores que le toca vivir con los que conoce solamente de oídas y que fueron otros los que los padecieron, su juicio será erróneo porque la magnitud de los sufrimientos del pasado solo pudo apreciarla quien los padeciera.
Por eso, y aunque de buena fe, se equivocan los que sentencian que los sufrimientos actuales de la humanidad son mayores que los de antes.
Evidentemente, afectan ahora a más personas que antes porque de los 50 millones de habitantes de la tierra el año mil antes de Cristo, el planeta paso a 200 millones el año en que Cristo nació y la pueblan ahora 6.758 millones.
A pesar de ese brutal incremento de la población, las hambrunas que periódicamente diezmaban a la humanidad por su incapacidad de producir suficientes alimentos han desaparecido y los episodios que todavía persisten se deben a fallos en la distribución y no en la producción de comida.
Gracias a los logros de un proyecto que la Fundación Rockefeller financió en México hace 70 años, lo que se conoce por “revolución verde” acabó con el hambre en el mundo.
Escandaliza con razón al hombre de hoy el conflicto que en el Cercano Oriente no deja de causar muertes y destrucción, pero aunque el escándalo esté justificado, ni se ha agravado ni es más sangriento que el que asola a esa parte del mundo desde hace más de cuatro mil años.
Además de en Palestina, los únicos focos de guerra actualmente son los de Afganistan y Africa Central, regiones donde las guerraqs tribales han sido endémica desde el principio de la historia.
Sin falso optimismo, hay ahora menos sufrimiento en la tierra que en ningún otro momento anterior y, en términos tanto absolutos como relativos, hoy vive el hombre mucho mejor que en cualquier otro momento del pasado.
No es para sentirse satisfecho pero insistir en que cualquier tiempo pasado fue mejor es, afortunadamente, falso.
Todo viejo que caiga en la tentación de mirar hacia atrás coincidirá en su lamento con el del maestro francés y con la sentencia de Jorge Manrique de que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”.
Seguramente, los tiempos pasados no fueron mejores que los del presente, pero la añoranza de la ilusión y de la juventud perdidas los idealiza al compararlos con el pesimismo de la senectud de hoy.
El estado de ánimo del que, desde su decadencia presente recuerda el vigor de su pasado, minimiza las tribulaciones de su juventud y agiganta las de su madurez.
Si coteja los sinsabores que le toca vivir con los que conoce solamente de oídas y que fueron otros los que los padecieron, su juicio será erróneo porque la magnitud de los sufrimientos del pasado solo pudo apreciarla quien los padeciera.
Por eso, y aunque de buena fe, se equivocan los que sentencian que los sufrimientos actuales de la humanidad son mayores que los de antes.
Evidentemente, afectan ahora a más personas que antes porque de los 50 millones de habitantes de la tierra el año mil antes de Cristo, el planeta paso a 200 millones el año en que Cristo nació y la pueblan ahora 6.758 millones.
A pesar de ese brutal incremento de la población, las hambrunas que periódicamente diezmaban a la humanidad por su incapacidad de producir suficientes alimentos han desaparecido y los episodios que todavía persisten se deben a fallos en la distribución y no en la producción de comida.
Gracias a los logros de un proyecto que la Fundación Rockefeller financió en México hace 70 años, lo que se conoce por “revolución verde” acabó con el hambre en el mundo.
Escandaliza con razón al hombre de hoy el conflicto que en el Cercano Oriente no deja de causar muertes y destrucción, pero aunque el escándalo esté justificado, ni se ha agravado ni es más sangriento que el que asola a esa parte del mundo desde hace más de cuatro mil años.
Además de en Palestina, los únicos focos de guerra actualmente son los de Afganistan y Africa Central, regiones donde las guerraqs tribales han sido endémica desde el principio de la historia.
Sin falso optimismo, hay ahora menos sufrimiento en la tierra que en ningún otro momento anterior y, en términos tanto absolutos como relativos, hoy vive el hombre mucho mejor que en cualquier otro momento del pasado.
No es para sentirse satisfecho pero insistir en que cualquier tiempo pasado fue mejor es, afortunadamente, falso.
domingo, 1 de febrero de 2009
PADRES DE LA MATRIA
Un país que como España ha sobrevivido 30 siglos bajo dispares sistemas de organización social y política debe su larga vida al patriotismo, no siempre reconocido, de algunos de sus hijos.
Cuando dentro de otros 30 siglos se estudie en las escuelas la nómina de patriotas que contribuyeron a la supervivencia de España que nadie busque en ella a Don Pelayo, los Reyes Católicos, Hernán Cortés, El Gran Capitán, Francisco Pizarro ni, por supuesto, a Franco.
Desaparecerán esos nombres y los de algunos más de su calaña cuyos falsos méritos fueron ponderados en tiempos de exaltación fascista, por sus excesos militaristas al servicio del Imperialismo Español.
Con la perspectiva que proyecta hacia el futuro la España democrática, descentralizada e impulsora de la Alianza de las Civilizaciones, serán el conde Don Julián, Tarik Abu Zara, Al Hakem II, Blas Infante, José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, los nombres de inclusión obligatoria en la nómina de españoles eméritos.
Don Julián, gobernador de Ceuta, negoció con Tarik Abu Zara el paso del Estrecho para vengarse de su Rey, el visigodo Don Rodrigo, por haberse beneficiado a su hija, La Caba, y negarse a lavar la afrenta casándose con ella.
Tarik, que con nueve mil de sus rifeños derrotó a Don Rodrigo en la batalla de Guadalete, puede considerarse el primer ciudadano de la España multicultural, moderna y democrática.
El Califa Al Hakem II, que con su caudillo Almanzor llevó la nueva civilización a toda la Península, contribuyó además al esplendor cultural de España gracias a su innovación del nay, la flauta árabe de caña, a la que le añadió su sexto orificio.
Blas Infante tuvo la audacia y el acierto de renegar de la cultura grecorromana de su tierra y abrazar el islamismo, lo que le valió su reconocimiento como Padre de la Patria Andaluza.
Zapatero, como presidente del gobierno de España, impulsó la Alianza de Civilizaciones, que sustenta la paz de que goza la Humanidad desde que la formuló a principios del siglo XXI.
El impagable servicio de Gaspar Llamazares a España fue lograr la desaparición del Comunismo ya que la formación política que capitaneaba, Izquierda Unida, pasó de ocho a dos diputados en los siete años que la dirigió.
Llamazares, en un rasgo de congruencia, propuso además que el nombre de rancio tufo franquista de la cadena estatal Radio Nacional de España, se llamara simplemente Radio Española.
Además de permitir un espectacular aumento en el número de oyentes, la supresión de la palabra “nacional” devolvió la coherencia al nombre de la cadena porque España, como nación única de los españoles, hacía tiempo que había dejado de existir.
Como servirán de ejemplo a ciudadanos de una España sin discriminación de raza, creencia, ni sexo, se conocerá como la lista de los Padres de la Matria, para que ninguno de los miembros de matrimonios entre personas del mismo sexo, que entonces serán los habituales, pueda quejarse.
Cuando dentro de otros 30 siglos se estudie en las escuelas la nómina de patriotas que contribuyeron a la supervivencia de España que nadie busque en ella a Don Pelayo, los Reyes Católicos, Hernán Cortés, El Gran Capitán, Francisco Pizarro ni, por supuesto, a Franco.
Desaparecerán esos nombres y los de algunos más de su calaña cuyos falsos méritos fueron ponderados en tiempos de exaltación fascista, por sus excesos militaristas al servicio del Imperialismo Español.
Con la perspectiva que proyecta hacia el futuro la España democrática, descentralizada e impulsora de la Alianza de las Civilizaciones, serán el conde Don Julián, Tarik Abu Zara, Al Hakem II, Blas Infante, José Luis Rodríguez Zapatero y Gaspar Llamazares, los nombres de inclusión obligatoria en la nómina de españoles eméritos.
Don Julián, gobernador de Ceuta, negoció con Tarik Abu Zara el paso del Estrecho para vengarse de su Rey, el visigodo Don Rodrigo, por haberse beneficiado a su hija, La Caba, y negarse a lavar la afrenta casándose con ella.
Tarik, que con nueve mil de sus rifeños derrotó a Don Rodrigo en la batalla de Guadalete, puede considerarse el primer ciudadano de la España multicultural, moderna y democrática.
El Califa Al Hakem II, que con su caudillo Almanzor llevó la nueva civilización a toda la Península, contribuyó además al esplendor cultural de España gracias a su innovación del nay, la flauta árabe de caña, a la que le añadió su sexto orificio.
Blas Infante tuvo la audacia y el acierto de renegar de la cultura grecorromana de su tierra y abrazar el islamismo, lo que le valió su reconocimiento como Padre de la Patria Andaluza.
Zapatero, como presidente del gobierno de España, impulsó la Alianza de Civilizaciones, que sustenta la paz de que goza la Humanidad desde que la formuló a principios del siglo XXI.
El impagable servicio de Gaspar Llamazares a España fue lograr la desaparición del Comunismo ya que la formación política que capitaneaba, Izquierda Unida, pasó de ocho a dos diputados en los siete años que la dirigió.
Llamazares, en un rasgo de congruencia, propuso además que el nombre de rancio tufo franquista de la cadena estatal Radio Nacional de España, se llamara simplemente Radio Española.
Además de permitir un espectacular aumento en el número de oyentes, la supresión de la palabra “nacional” devolvió la coherencia al nombre de la cadena porque España, como nación única de los españoles, hacía tiempo que había dejado de existir.
Como servirán de ejemplo a ciudadanos de una España sin discriminación de raza, creencia, ni sexo, se conocerá como la lista de los Padres de la Matria, para que ninguno de los miembros de matrimonios entre personas del mismo sexo, que entonces serán los habituales, pueda quejarse.
viernes, 30 de enero de 2009
EL MORO QUE QUISO DEJAR DE SER MORO
De que nació moro quedan tan pocas dudas como de que lo registraron como moro en la escuela en la que estudió sus primeros años.
Se sabe que rezó como un moro más en la mezquita, que moro fué para sus conocidos, que es moro el nombre al que responde y que moros fueron su abuelo paterno, su padre y su padrastro.
Si pese a todo dice que no es moro habrá que creerlo, porque ¿quién se atreve, sin miedo a que le mande la sexta flota, a dudar de la palabra del Presidente de los Estados Unidos?
Diferente sería si, en lugar de llamarse Barack Hussein Obama, el presunto moro fuera George Walker Bush.
Sobraría, en caso de que la duda sobre las convicciones religiosas de Obama se refirieran a Bush, lo de “presunto” que, por cierto, es como en Portugal se conoce al jamón, del que los moros huyen más despavoridos que Satanás del agua bendita.
En contra de lo que creen lo que lo desconocen, el sistema político norteamericano tiene de folklórico solamente la apariencia porque el escrutinio al que se ve sometido el candidato a ser electo en los Estados Unidos, sobre todo si aspira a la Presidencia, deja en evidencia hasta lo más opaco de su pasado.
Evidentemente, Obama superó satisfactoriamente todas las dudas que su pasado pudieran proyectar sobre su actuación como Jefe del Estado. En caso contrario, no hubiera sido electo presidente.
Entre esas dudas, la más insistente era la sospecha de que Obama, que se declaraba cristiano, ocultaba su pasado musulmán.
Casi dos años antes de que el 4 de Noviembre de 2008 ganara las elecciones presidenciales, el director de la campaña electoral, Robert Gibbs, creyó necesafrio desmentir, y lo hizo de forma tajante,el supuesto islamismo del aspirante:
“El senador Obama”—desmintió rotundamente—“nunca ha sido musulmán”.
Pero dos meses más tarde, cuando informaciones difundidas confirmaban que solía acompañar a su padrastro, Lolo Soetoro, cuando asistía a las oraciones del viernes en la mezquita de Yakarta, matizó el mentís: “El senador Obama”—puntualizó—“nunca fue musulmán devoto”.
Naturalmente, ni aunque fuera el más ferviente seguidor del Profeta y de sus enseñanzas restaría legitimidad a su triunfo electoral ni limitaría la confianza en que, como Presidente, defenderá los intereses de los Estados Unidos, un país en el que la libertad no tiene otro límite que el de las leyes y en el que la Ley garantiza igualdad a los seguidores de todas las religiones y a los que no siguen ninguna.
Pero la reiterada declaración de Obama de que no es musulmán sino cristiano, ¿la admiten los musulmanes?
Esa es la duda que persiste porque, para los seguidores del Islam, la práctica de la religión no es condición indispensable para considerar musulmán a alguien, sino descender directamente por línea paterna de musulmanes.
El abuelo y el padre de Obama fueron musulmanes por lo que el Presidente de los Estados, aunque haya dejado de seguir los preceptos del Islam y se declare cristiano, para los ortodoxos de la fe de sus antepasados sigue siendo musulmán.
En ese caso Obama es, para los musulmanes integristas, un “murtadd”, un apóstata.
“Un hombre que abandone el Islam y la lucha por Alá y su Profeta debe ser muerto crucificado o privado de la vida”.
Son palabras coincidentes sobre el castigo a los apóstatas de los doctos islamistas al-Bayhaqi y al-Kubra en sus sunnas, la recopilación de dichos y hechos del Profeta, en que se fundamenta la ley islámica.
Se sabe que rezó como un moro más en la mezquita, que moro fué para sus conocidos, que es moro el nombre al que responde y que moros fueron su abuelo paterno, su padre y su padrastro.
Si pese a todo dice que no es moro habrá que creerlo, porque ¿quién se atreve, sin miedo a que le mande la sexta flota, a dudar de la palabra del Presidente de los Estados Unidos?
Diferente sería si, en lugar de llamarse Barack Hussein Obama, el presunto moro fuera George Walker Bush.
Sobraría, en caso de que la duda sobre las convicciones religiosas de Obama se refirieran a Bush, lo de “presunto” que, por cierto, es como en Portugal se conoce al jamón, del que los moros huyen más despavoridos que Satanás del agua bendita.
En contra de lo que creen lo que lo desconocen, el sistema político norteamericano tiene de folklórico solamente la apariencia porque el escrutinio al que se ve sometido el candidato a ser electo en los Estados Unidos, sobre todo si aspira a la Presidencia, deja en evidencia hasta lo más opaco de su pasado.
Evidentemente, Obama superó satisfactoriamente todas las dudas que su pasado pudieran proyectar sobre su actuación como Jefe del Estado. En caso contrario, no hubiera sido electo presidente.
Entre esas dudas, la más insistente era la sospecha de que Obama, que se declaraba cristiano, ocultaba su pasado musulmán.
Casi dos años antes de que el 4 de Noviembre de 2008 ganara las elecciones presidenciales, el director de la campaña electoral, Robert Gibbs, creyó necesafrio desmentir, y lo hizo de forma tajante,el supuesto islamismo del aspirante:
“El senador Obama”—desmintió rotundamente—“nunca ha sido musulmán”.
Pero dos meses más tarde, cuando informaciones difundidas confirmaban que solía acompañar a su padrastro, Lolo Soetoro, cuando asistía a las oraciones del viernes en la mezquita de Yakarta, matizó el mentís: “El senador Obama”—puntualizó—“nunca fue musulmán devoto”.
Naturalmente, ni aunque fuera el más ferviente seguidor del Profeta y de sus enseñanzas restaría legitimidad a su triunfo electoral ni limitaría la confianza en que, como Presidente, defenderá los intereses de los Estados Unidos, un país en el que la libertad no tiene otro límite que el de las leyes y en el que la Ley garantiza igualdad a los seguidores de todas las religiones y a los que no siguen ninguna.
Pero la reiterada declaración de Obama de que no es musulmán sino cristiano, ¿la admiten los musulmanes?
Esa es la duda que persiste porque, para los seguidores del Islam, la práctica de la religión no es condición indispensable para considerar musulmán a alguien, sino descender directamente por línea paterna de musulmanes.
El abuelo y el padre de Obama fueron musulmanes por lo que el Presidente de los Estados, aunque haya dejado de seguir los preceptos del Islam y se declare cristiano, para los ortodoxos de la fe de sus antepasados sigue siendo musulmán.
En ese caso Obama es, para los musulmanes integristas, un “murtadd”, un apóstata.
“Un hombre que abandone el Islam y la lucha por Alá y su Profeta debe ser muerto crucificado o privado de la vida”.
Son palabras coincidentes sobre el castigo a los apóstatas de los doctos islamistas al-Bayhaqi y al-Kubra en sus sunnas, la recopilación de dichos y hechos del Profeta, en que se fundamenta la ley islámica.
jueves, 29 de enero de 2009
LAS AMARGAS TRIBULACIONES DE LA OPOSICION
Puede que sea democrático, pero no deja de ser injusto culpar de hacer lo que puede al que no lo dejen hacer lo que debe.
La injusticia roza el sarcasmo si lo que no dejan hacer al que hace lo que a los demás disgusta se lo impiden los mismos que lo culpan de que no lo haga.
No es un trabalenguas sino una enrevesada forma de describir lo que, una vez más, y va para cinco años que lleva intentándolo, le han vetado que haga al Partido Popular esta mañana del 29 de Enero de 2009.
Los de PP pretendían que el Presidente del Gobierno, su vicepresidente económico y el Ministro de Justicia distrajeran sus obligaciones de velar por el bienestar del país para explicar en el Congreso lo que están haciendo.
Se supone que es lo que los representantes de la oposición deben exigir, pero para que no pareciera un capricho, arguyeron la necesidad de esas explicaciones por el agravamiento de las ya ruinosas condiciones de la economía y la huelga inminente de jueces.
Su treta para que los tres esforzados gobernantes perdieran su tiempo, y después criticarlos porque no resuelven los problemas que más que a nadie los preocupan, les salió mal porque la Diputación Permanente del Congreso se percató de la aviesa intención de la maniobra y la rechazó.
Observadores neutrales de la actividad parlamentaria, que elogiaron la sagacidad de los representantes de los demás partidos al desenmascarar el ardid que una vez más intentaron los del PP, se admiraban de la tozudez de los Populares al insistir en la misma artimaña, pese a que la intentan sin éxito desde hace cinco años.
“No es culpa de ellos, sino de la educación fascista que recibieron. Si en los planes de estudio que siguieron”—comentó uno de esos observadores—“hubiera figurado como obligatoria la asignatura Educación para la Ciudadanía, habrían aprendido que la principal obligación de la oposición en una democracia es su consenso con el Gobierno”.
Un diputado del PP que oyó ese comentario intentó argumentar que la Democracia se fundamenta en el disenso y que son las Dictaduras las que no permiten las discrepancias, pero tuvo que retirarse abochornado por los abucheos.
El un rincón de la barra del bar del Congreso, en el que el abucheado del Partido Popular buscó refugio a la incomprensión de que se sentía víctima por el resto de los diputados, sólidamente apiñados contra los Representantes del único partido de la Oposición, se le oyó lamentarse:
--Somos oficialmente y queremos ser oposición, pero no nos dejan que lo seamos frente al Gobierno en el Congreso. Como en algún sitio tenemos que oponernos y no podemos más que dentro de nuestro propio partido, nos tachan de espías.
Absorto en su pesadumbre, del pecho del triste diputado se escapó un sonoro suspiro:
--Qué dura—se quejó—es la política cuando los que mandan son otros.
La injusticia roza el sarcasmo si lo que no dejan hacer al que hace lo que a los demás disgusta se lo impiden los mismos que lo culpan de que no lo haga.
No es un trabalenguas sino una enrevesada forma de describir lo que, una vez más, y va para cinco años que lleva intentándolo, le han vetado que haga al Partido Popular esta mañana del 29 de Enero de 2009.
Los de PP pretendían que el Presidente del Gobierno, su vicepresidente económico y el Ministro de Justicia distrajeran sus obligaciones de velar por el bienestar del país para explicar en el Congreso lo que están haciendo.
Se supone que es lo que los representantes de la oposición deben exigir, pero para que no pareciera un capricho, arguyeron la necesidad de esas explicaciones por el agravamiento de las ya ruinosas condiciones de la economía y la huelga inminente de jueces.
Su treta para que los tres esforzados gobernantes perdieran su tiempo, y después criticarlos porque no resuelven los problemas que más que a nadie los preocupan, les salió mal porque la Diputación Permanente del Congreso se percató de la aviesa intención de la maniobra y la rechazó.
Observadores neutrales de la actividad parlamentaria, que elogiaron la sagacidad de los representantes de los demás partidos al desenmascarar el ardid que una vez más intentaron los del PP, se admiraban de la tozudez de los Populares al insistir en la misma artimaña, pese a que la intentan sin éxito desde hace cinco años.
“No es culpa de ellos, sino de la educación fascista que recibieron. Si en los planes de estudio que siguieron”—comentó uno de esos observadores—“hubiera figurado como obligatoria la asignatura Educación para la Ciudadanía, habrían aprendido que la principal obligación de la oposición en una democracia es su consenso con el Gobierno”.
Un diputado del PP que oyó ese comentario intentó argumentar que la Democracia se fundamenta en el disenso y que son las Dictaduras las que no permiten las discrepancias, pero tuvo que retirarse abochornado por los abucheos.
El un rincón de la barra del bar del Congreso, en el que el abucheado del Partido Popular buscó refugio a la incomprensión de que se sentía víctima por el resto de los diputados, sólidamente apiñados contra los Representantes del único partido de la Oposición, se le oyó lamentarse:
--Somos oficialmente y queremos ser oposición, pero no nos dejan que lo seamos frente al Gobierno en el Congreso. Como en algún sitio tenemos que oponernos y no podemos más que dentro de nuestro propio partido, nos tachan de espías.
Absorto en su pesadumbre, del pecho del triste diputado se escapó un sonoro suspiro:
--Qué dura—se quejó—es la política cuando los que mandan son otros.
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