viernes, 14 de agosto de 2009

ROMANCE DEL ZAPATERO

No es cabal llamar calzado
a lo que solo zapato
debería bien llamarse
hasta que lo calce el pié
del cliente que lo ha pagado.
El zapato solía hacerlo
un concienzudo artesano
en taller que olía a cuero
y en cuyas blancas paredes
cantaba siempre un canario
enjaulado entre carteles
de Manolete o Cagancho.
Zapato que el zapatero
no corte chaveta en mano,
ni use lezna al puntearlo,
no unte cerote al cáñamo,
ni lo encaje en una horma
para que quede ahormado,
más que zapato es engaño.
Un zapatero, que nunca
en su trabajo ha logrado
que el cliente quede contento
cuando su pié ha calzado
lo que pagó a quien creía
que era un honesto artesano,
es un pillo, un sinvergüenza
que mete la pata, el cazo,
y tima al cliente, que paga
para meter bien su pié
en un zapato apropiado.

miércoles, 12 de agosto de 2009

INEPTOS MARRULLEROS / INEPTOS LELOS

d) Recoger los efectos, instrumentos y pruebas del delito, a fin de ponerlos a la orden de la autoridad judicial (artículo 4 de la Ley de Funciones de la Policía Nacional en materia de auxilio judicial)

Si el gobierno que prohíja El País ignora que corresponde a la policía la aportación de pruebas en un procedimiento judicial, malo. Si lo sabe, peor.
Quien parece estar en la inopia, como casi siempre en casi todo, es el Partido Popular al que El País, el gobierno que apadrina y su partido socialista exigen que presente pruebas de que es víctima de filtraciones interesadas y de espionaje telefónico.
No es capaz de ejercer la oposición política al Gobierno, como le corresponde, y quieren que el Partido Popular ejerza de Policía Judicial, que no le incumbe.
A Rajoy, Cospedal, Arenas y otros personeros del PP les viene tan ancha la función opositora que parecen desconcertados: en lugar de exigir responsabilidades y controlar al gobierno, se resignan a que el gobierno los controle y les exija responsabilidades.
El 24 de Julio el Partido Popular aportó en su denuncia cinco titulares del periódico El País y una grabación de la cadena SER para apoyar su denuncia de violación del secreto sumarial que, más que indiciarias, podrían admitirse como pruebas documentales.
Es evidente que Zapatero, Rubalcaba, Blanco y otros socialistas lo saben y los medios del Grupo de Presión Política PRISA también, pero como les consta que la capacidad dialéctica del PP y sus afines es nula, acorralan al Partido Popular exigiéndoles que presente pruebas de su acusación, que le corresponde aportar a la Policía Judicial.
Si no sabe ni defenderse, ¿cómo va a defender este partido popular de Rajoy los intereses de España?
Más que demostrado tiene el Partido Socialista que, por mala gestión política, económica, social y diplomática se ha ganado de sobras pasar a la oposición pero el Partido popular no se ha ganado desplazarlo.
A los españoles que sucumben a la tentación de votar les corresponde decidir quienes gobernarían España menos mal: los ineptos marrulleros o los lelos ineptos porque, si entre bobos anda el juego,quien sabe si es virtud la pillería.

martes, 11 de agosto de 2009

DISGUSTADO ESTA RAJOY

Si hubiera seguido impasible ante el acoso que su Partido Popular dice que sufre por parte del Gobierno y del Partido Socialista, Mariano Rajoy no hubiera desencadenado el cataclismo que estremece a España.
No fue la esperada ratificación de las denuncias de María Dolores de Cospedal y de Federico Trillo las que han provocado el terremoto, sino la conclusión final de la filípica de Rajoy en Pontevedra: “…y tienen que saber que eso no me gusta”
Se buscan disculpas a ese exceso verbal del Presidente del Partido Popular y la única plausible es su temperamento mercurial que, sin transición, pasa de la abulia al arrebato.
El disgusto de Rajoy ha desconcertado a los votantes socialistas porque confiaban en que la televisada detención de dirigentes populares, el espionaje telefónico a representantes electos de la oposición o las instrucciones a la Fiscalía para que recurra una sentencia favorable al valenciano Camps agradarían al Presidente del Partido Popular.
Los militantes y votantes del PP también están conmocionados porque la ira que trasciende del disgusto de Rajoy podría indicar que ha puesto pié en pared y está dispuesto a pelear por arrebatar el gobierno a los socialistas.
El “tienen que saber que eso no me gusta” de Rajoy suena a turbadora amenaza porque, ¿y si el disgusto implica que se acabó la era feliz en la que dejó el Partido en manos de segundones que hacían la vista gorda a los chanchullos?
Todos parecen coincidir, después de oírlo, en que hubiera sido mejor que Rajoy hubiera seguido como una esfinge porque su mutismo roto en Pontevedra ha sacudido las conciencias de toda la población, mientras que su silencio extrañaba solo a los votantes de su partido.
Ese manifiesto disgusto convierte en profunda crisis de conciencia lo que, hasta que habló Rajoy, era una vulgar trifulca política coyuntural.
Lo que no le guste a un hombre bueno, como el Presidente del Partido Popular, conmueve a todos los españoles, sean de derechas, de izquierdas o ambidextros.
Hay que buscar responsables de su sosiego perdido.
¿Quién es el culpable de que se haya alterado la paz de sus vacaciones?
¿Qué derecho tiene el gobierno a hacer lo que disgusta a Rajoy?
¿Ha encontrado Zapatero a alguien del PP que le preocupe menos que Rajoy?
Si hace lo que el gobierno quiere, ¿por qué enoja el PSOE a Rajoy?
Es inaplazable la convocatoria de un selecto panel de tertulianos y comentaristas que respondan satisfactoriamente a éstas inquietantes cuestiones.

lunes, 10 de agosto de 2009

RAJOY EL IMPASIBLE

El día que le llevé a su hotel de Caracas los Ducados que me había pedido, el todavía gobernante en ciernes se lamentó de que había llegado demasiado joven a la antesala del poder.
Eran los tiempos en que, por los quehaceres de mi oficio, frecuentaba a los políticos y era depositario de alguna de sus confidencias.
Le relaté en aquella ocasión al que todavía no había llegado al poder que días antes en Quito, donde habíamos coincidido en la toma de posesión de Jaime Roldós, Adolfo Suárez, hablando de sus muchos compromisos en aquel viaje, me agarró el brazo, apretó y dijo: ”estoy agotado, ¡pero cómo disfruto!”.
Al que años después sucedería a Suárez le recordé el axioma norteamericano de que, para alcanzar el poder, no basta con desearlo sino que hay demostrar que se desea.
No sé si a Mariano Rajoy lo tienta el poder de la presidencia del gobierno de España. Si de verdad aspira a conseguirlo, disimula muy bien o no cree que alcanzarlo merezca el esfuerzo de arrebatárselo a quien lo tiene.
Si hubiera llegado al cargo por herencia de José María Aznar, algunos creen que podría haber sido un buen Presidente. Lo dudo porque su condición pastueña, que le estorba para ganar el puesto con su esfuerzo, le hubiera impedido desempeñarlo con su ingenio.
La elección de Rajoy fue uno más de la larga cadena de errores de la segunda presidencia de Aznar.
La ambición de poder que llevó a la Presidencia del gobierno a mi interlocutor de Caracas se agotó en los primeros cuatro años de su largo gobierno, tan fructíferos que pasarán a la historia de la política española.
Después debió desencantarse y siguió gobernando, aunque no mandando, por inercia.
A Rajoy, el desencanto parece que le ha afectado antes de alcanzar el poder.
Quizá por eso, como un Pantocrátor impasible, pasa estos días estivales leyendo novelas en los chiringuitos, mientras sus huestes se baten en retirada frente a la acometida de sus adversarios.
Con tanto a su favor para ser Presidente—la crisis pertinaz, el paro creciente, el acoso inmisericorde al partido popular simultaneado con el trato de guante blanco a los socialistas y el derroche manirroto —Rajoy no hace nada ni se merece ser presidente del gobierno.
Si, a pesar de eso, los socialistas perdieran las elecciones y Mariano Rajoy llegara al poder, será el primero que lo consiga gracias a su habilidad de quedarse impertérrito ante las demandas de que actúe.

domingo, 9 de agosto de 2009

MARIA TERESA VELA POR NOSOTROS

El desfile itinerante de modelos que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega acomete cada verano por las pasarelas de América Latina no le impide, según uno de sus benévolos hagiógrafos, seguir de guardia.
No solo será verdad, sino que su estado de alerta es de 24 horas porque, a pesar de la diferencia horaria, vigila hasta el ritmo respiratorio de sus compatriotas desde Costa Rica, a donde el sol llega ocho horas después que a España.
Esa nueva “Reina Prudente”, que como Felipe segundo desde su covacha de El Escorial vela y se desvela por España sin importarle las distancias, es un bien demasiado valioso para que el Estado arriesgue perderla.
Si la esquemática María Teresa se empecina en ignorar las exigencias de descanso de su organismo, seguramente más frágil de lo que a España le convendría, nos exponemos a que un inoportuno agotamiento la obligue a un descanso que, por muy corto que sea, a los que nos vicegobierna nos parecerá interminable.
Que la vicepresidenta economice sus esfuerzos para prolongar sus servicios, sin los que el Estado perdería inspiración, aliento y tutela.
Ya tuvimos un gobernante irreemplazable que, cuando se fue a descansar en el modesto retiro que se preparó en vida en Cuelgamuros, nos dejó a los españoles con una sensación de orfandad que todavía no hemos superado.
Mará Teresa, aunque solo fuera porque los españoles la necesitamos fuerte, vigorosa, hacendosa y siempre alerta, debería moderar sus ímpetus de servirnos y disfrutar del paso del tiempo, que es un regalo de Dios.
Los desvelos ultramarinos de la vicepresidenta son innecesarios, aunque su modestia no calibre la eficacia del aparato que tan sabiamente ha urdido para el mejor gobierno del Estado.
Hasta en sus excesivamente largas ausencias para los que aquí nos deja aunque esté fuera de España solo un cuarto de hora, el tinglado lo ha dejado María Teresa tan atado y bien atado que sigue funcionando. Añoramos, eso sí, su presencia, y la reconfortante alegría de su sonrisa.
Que la vicepresidenta no derroche sus talentos, disfrute del descanso en los raros momentos en que hasta los semidioses precisan una tregua y que, en las próximas vacaciones, se abstraiga de los problemas de Estado que la agobian y goce de de un largo dolce far niente reparador.
Que se marche lejos, olvide los apremios por volver, y así descansaremos todos.

viernes, 7 de agosto de 2009

ZAPATERO, BUENA PERSONA

Una especie de incómoda desazón me inquietó al leer que, para Barak Husein Obama, José Luis Rodríguez Zapatero es “buena persona”.
No es que llegara a obsesionarme, pero tampoco pude dejar de rumiar qué habría querido decir el norteamericano.Me percaté de que, hasta que descifrara si “buena persona” era un elogio, no recuperaría el sosiego perdido.
Que José Luis Rodríguez Zapatero sea para Obama “buena persona” me trae sin cuidado. Lo que puso en guardia mi suspicacia es que Zapatero sea el Presidente del Gobierno de España.
En función de su cargo, lo que menos espero del presidente del gobierno de mi país es que sea cándido, noble, ingenuo y sincero, virtudes todas ellas atribuidas a las buenas personas.
Si Obama hubiera dicho del presidente del gobierno de España que es tenaz, avispado, exigente, suspicaz, inteligente, intransigente o duro de pelar, me hubiera quedado más tranquilo.
Porque, si la cualidad preponderante en un Presidente de gobierno fuera la de “buena persona”, sobran las elecciones: bastaría con ofrecerle el cargo al hermano lego limosnero de una orden de mendicantes.
La segunda consideración en mi lento rumiar del sentido de las palabras de Obama fue quien las había pronunciado:
Si José Luis Rodríguez Zapatero fuera “buena persona” para un antiguo compañero de instituto, para un primo hermano o para alguno de los jardineros de La Moncloa, la intención de elogiarlo sería inequívoca.
Pero quien se refirió así al Presidente del Gobierno de España es el Presidente de los Estados Unidos, con el que Zapatero, aunque sea a través de un intérprete, tiene que hablar de influencias, dinero, poder y otras bagatelas en las que la bondad estorba.
Como incorregible optimista, espero que el Presidente del Gobierno de mi país, cuando hable, si es que habla, con el Presidente de los Estados Unidos, le demuestre que se equivocó al calificarlo de buena persona.
Me gustaría que, después de esa entrevista, Obama rectifique y diga que Zapatero es más atravesado que el hueso de una aceituna atorado en su garganta.

jueves, 6 de agosto de 2009

TRIFULCA POLITICA

El Partido Popular replicó al reto de la vicepresidenta De la Vega de que denuncie supuestas escuchas telefónicas ilegales recordándole que ya lo hizo el pasado 24 de Julio, ante un juzgado de Madrid.
La denuncia dejaba a la institución en la que menos confían los ciudadanos que decida si, como se queja el PP, el gobierno del PSOE utiliza organismos que deberían ser neutrales en su confrontación partidaria y en la creación de un Estado policial.
Después de presentada la denuncia del PP, la disputa entre los dos partidos se agrió cuando la vicepresidenta se adelantó a la Fiscalía al anunciar el recurso del Ministerio Fiscal contra una sentencia favorable al presidente valenciano Camps, del Partido Popular.
El adelanto del anuncio de la presidencia al que debería partir de la fiscalía indujo a los del Partido Popular a sospechar que habían sido instrucciones de De la Vega las que decidieron la intervención de la Fiscalía.
El grupo de presión política PRISA, que inspira y aplaude la actuación del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con el mismo automatismo con que critica al Partido Popular, terció el jueves seis de agosto en la polémica.
En un editorial del diario El Pais, ariete de los medios de PRISA que se hacen eco fielmente de lo que les inspira, disculparon a De la Vega por su “inoportuna intervención” en el asunto.
Pero la acusación de manejo ilícito de medios estatales neutrales formulada por la secretaria general del Partido Popular Dolores de Cospedal suponía, en opinión del periódico, que “el PP sacrifica las reglas del juego democrático para intentar desviar la atención de sus miserias”.
Los medios del grupo de presión política de PRISA, capitaneados por El Pais, orquestaron las acusaciones contra Camps que el tribunal superior de justicia de Valencia archivó la semana pasada por no hallar sustancia delictiva.
La denuncia que el PP presentó el 24 de Julio incluía como hechos para que la Justicia investigara reproducciones en El Pais de conversaciones telefónicas de la policía a implicados en la campaña contra Camps, amparadas por el secreto del sumario.
En su informe del pasado Noviembre, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), catalogaba al sistema judicial español como la institución del Estado en la que menos confían los españoles, que le daban una puntuación de 3,74 sobre diez.
Al presentar su denuncia, el Partido Popular se señaló como de los pocos que creen todavía en la eficacia de la justicia.
Si la Justicia investiga la denuncia del PP con el mismo rigor que dedicó a la supuesta implicación de Camps en el caso Gürtel de corrupción política, estará justificada la confianza, aunque como ocurrió con el caso del Presidente de la Comunidad Valenciana, también se decida archivarla.