martes, 23 de septiembre de 2014

RICOS, POBRES, FEDERALISMO Y CONFEDERACIÓN



Solo los comunistas que fueron testigos en 1917 del encumbramiento de Lenin pudieron enorgullecerse tanto como los nazis que, en 1933, presenciaron el triunfo de Hitler.
Eso era verdad hasta 2014 porque, en ese año, los españoles hemos asistido atónitos a la eclosión providencial de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.
El primero aporta a sus compatriotas una fórmula magistral contra el descontento social: detraer de los que tienen más una parte creciente de sus riquezas para hacérsela llegar a los que tienen menos.
Las actuales clases sociales de burócratas, ricos y pobres se reducirán así a dos: burócratas que distribuyan y pobres que reciban.
Los ricos desaparecerán porque no tendrán interés en serlo y el dinero que los burócratas repartirán entre ellos y los pobres lo conseguirán de lo que les presten y no paguen.  
Resuelto así por Pablo Iglesias y su club de fans de “Podemos” el problema social de España, Pedro Sanchez, otro hombre providencial, resolverá el complicado problema de encontrar una solución satisfactoria de organización de las administraciones públicas que articulan el Estado. 
Sanchez, que ya ha sido encumbrado a la secretaría general de su partido socialista, tiene la fórmula magistral para la< forma de estructurar el Estado que haga de los españoles un pueblo feliz: Estado Federal.
Y como Pérez no es tonto, no aclara lo que quiere decir porque, si lo aclarara, se enterarían los que no lo saben.
Si no lo aclara, cualquiera tiene derecho a interpretar lo que quiere decir. Lo más probable es que se refiera a algo parecido al único antecedente de federalismo en la Hitoria de España.
Fue el correspondiente a la primera república que, entre 1873 y 1874 tuvo tres presidentes, todos ellos del Partrido Republicano Federal.
El primero de ellos, don Estanislao Figueras, cerró un consejo de ministros diciendo al levantarse: Me voy. Estoy hasta los cojones de todos nosotros”.
Se fue y lo encontraron en París.
Al fotogénico Pedro Sanchez se le agradecería  que  compartiera parte de su sabiduría con los que no somos tan listos y nos aclarara:
1-           Qué tiene diferente, además del nombre, el sistema federal que propone del actual de las autonomías.
2-           ¿Cuándo dice federal, significa que la legislación de cada estado federado se sobrepone a la ley federal general sobre el asunto legislado?
3-           ¿Propone un estado federal o una confederación de estados?

Esperamos de la bondad y sabiduría de Pedro Sanchez que nos aclare qué entiende por estado federal a los que somos menos listos que él. Gracias.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

jueves, 18 de septiembre de 2014

LA SECEASION DE ESCOCIA, ESPERANZA DE EUROPA

Un día aciago de 1951 se firmó en París el tratado CECA, que comprometía a Francia, Italia, Alemania, Holanda, Bélgica y Luxemburgo a intercambiar libre y pacíficamente el carbón y el acero.
Originó la Comunidad Económica Europea, una modalidad de relación entre tradicionales enemigos en permanente guerra civil, que impulsó a las potencias europeas a civilizar el mundo.
Antes de ese tratado de 1951, la guerra en campos de batalla o en lechos nupciales era el mecanismo habitual para alianzas transitorias entre naciones europeas, enemigas entre sí por naturaleza.
Seis años antes de que firmaran el tratado sobre el carbón y el acero, una Europa a medias derrotada y en conjunto arruinada había cedido a los Estados Unidos y Rusia el control sobre paises y riquezas mundiales que había monopolizado.
Una nueva potencia mundial, China, ha desplazado también a Europa de la influencia global tradicionalmente europea cuando sus naciones cimentaban su relación en la guerra y no en el comercio.
El referéndum de secesión de Escocia, 63 años después de haber cambiado la espada por la calculadora, podría abrir hoy una puerta a la esperanza en una Europa naturalmente fratricida y belicosa.
Al fin y al cabo, siempre fue la guerra el más eficaz motor para el desarrollo tecnológico, médico y social del hombre.

Sin la guerra de secesión americana hubiera continuado la esclavitud, las mujeres se  independizaron del hombre gracias a la primera guerra mundial y, por la escasez de mano de obra blanca en las regiones industriales, los negros pudieron emigrar del campo a las ciudades.

martes, 16 de septiembre de 2014

YIHAD. VOLUNTAD C ONTRA TECNOLOGÍA



El más abyecto de los actos del hombre es aprovechar su superioridad circunstancial sobre un semejante para privarlo de su vida y su libertad.
Es ese el vicio en el que han cimentado su poder todas las tiranías individuales o colectivas, y al que han están recurriendo sistemáticamente los degolladores que en Irak y Siria propagan su religión.
Pero los apóstoles de esa guerra santa (yihad) combinan su arrogancia al matar,  con la cómoda resistencia a matarlos de los que llaman sus enemigos.
La guerra de los fanáticos del llamado califato islámico contra los infieles no musulmanes y contra los musulmanes que no abracen su interpretación del Islam, si la decidieran solo los recursos bélicos de que las dos partes disponen, ni siquiera habría comenzado.
Los yihadistas carecen de armas ofensivas de largo alcance, de las que los países que llaman  enemigos hacen chatarra sin haberlas usado nunca.
En definitiva: que unos desharrapados famélicos, camuflados entre las arenas y rocas de un terreno desértico tienen acojonados  a los ciudadanos rollizos, bien alimentados, apacibles, bienintencionados, asiduos contribuyentes a la felicidad mundial con sus cuotas periódicas a las ONGs.
Por eso, los asesinas yihadistas, que solo cuentan con la fuerza de su voluntad y sus convicciones, aterrorizan a los que prefieren que los maten antes que arriesgar su bienestar, sus comodidades.
Al fin y al cabo, en algún momento de su historia, los burgueses occidentales también tuvieron antepasados yihadistas.

domingo, 14 de septiembre de 2014

ABORTO Y PODER




Todos los que  se presentan a alguna elección para un cargo bien pagado dicen que lo hacen porque está convencido de que las ideas que propone mejorarían a la sociedad.
Como es lógico, por lo tanto, se ofende si alguien lo acusa de que sus ideas son únicamente una herramienta para su propio bienestar y satisfacción.
Un suponer: un Partido político en la oposición, como lo era el Popular hasta hace tres años, detecta la miseria ética en que ha sumido a la sociedad la ley del aborto en vigor y anuncia que, si llega al poder, la cambiará para proteger a las principales víctimas de esas prácticas, los no nacidos y, por lo tanto, no votantes.
Y siguió ese partido firmemente comprometido en que cumpliría su promesa electoral, aunque retrasando periódicamente los trámites para iniciar legalmente el proceso.
Ahora parece que el Partido Popular se lo ha pensado mejor y ha llegado a la conclusión de que ninguna convicción ética  merece que, por hacerla realidad, pierda el poder.
Es lógico porque los posibles beneficiarios de la modificación de la ley abortista prometida por el PP solo podrían agradecérselo con sus votos no antes de 19 años y los-las que lo castigarían no votándolos ya participarán en las próximas elecciones.
Y así funciona y siempre ha funcionado el Poder, cualquiera que sea su apellido (electo, impuesto o heredado).
El que manda sólo tiene interés en mandar el mayor tiempo posible, de la manera más absoluta que pueda y, para ello, quitar de en medio al que lo contradiga o se pueda atrever en el futuro a contradecirlo.
Así, si modificar la ley del aborto creyó el Partido Popular que podía ayudarlo a alcanzar el Poder, prometió modificarla y si ahora teme que hacer realidad la ley puede costarle el poder, se olvida de su promesa .
Esa es la ética del PODER. Tan lícito es hacer todo lo que haga falta para conseguirlo como no hacer nada que pueda contribuir a perderlo.

viernes, 12 de septiembre de 2014

RAJOY, GENIO DE LA ECONOMIA

Con la cara de hombre formal que tiene Mariano Rajoy hay  que ser muy ruin para negarle sus méritos, el principal de ellos el de cumplir su promesa de tomar decisiones políticas que permitieran a la economía española salir de la crisis en que la sumieron los socialistas de Zapatero.
Quien lo dude, que compruebe los datos de la deuda pública española en el momento de su toma de posesión y ahora, dos años y medio más tarde.
Deuda Publica en 2011               734.962.000.000 euros.
  “         “      junio 2013              1.012.643.000.000  “
El secreto del milagro ha sido, además de aumentar los impuestos a los contribuyentes, reducir las prestaciones por servicios y entramparse en más de cien mil millones de euros cada año.
Y eso que, como registrador de la propiedad, no es especialista—y lo demuestra—en gestión de empresas.

Su genialidad: pedir prestado lo que haga falta para que la deuda la pague el que venga detrás. 

LA V DE LA DIADA

   Cuentan, admiran, ponderan y envidian el perfecto trazado, la limpieza de perfiles y la sabia mezcla de colores de la V que ayer formaron en las calles de Barcelona decenas, cientos, miles, millones de catalanes.
Todos los observadores, incluidos los que la observaron desde el cielo, coinciden en que esa uve humana quedó monísima.
Por eso, es obligado felicitar a los que inspiraron, organizaron y colaboraron para que resultara tan vistosa la brillante idea.
Faltó, se quejan algunos, la festiva erección de un par de centenares de castellets pero están de acuerdo en que la suelta de correbous, los toros de fuego, habría sido inoportuna porque hubieran podido decir los españoles que el acto olió a cuerno quemado.
Algunos de los organizadores de la magistral demostración de cómo formar una V humana se han regocijado del poco entusiasmo que fuera de Cataluña ha suscitado el logro.
“Pura envidia”—explicó el inspirador de la idea de formar una V humana—“algo que requiere seriedad, sentido común y espíritu colectivo solo está al alcance de catalanes”.
Lo decía mientras se limpiaba en la barretina la grasa de las butifarras que estaba engullendo.

Hablaba desde la terraza de un restaurante del puerto. Entusiasmado por el éxito indudable de la V, se puso en pié, miró hacia el oeste, donde empieza el mundo de fuera de Cataluña y murmuró con voz ronca: “se van a enterar”.

jueves, 11 de septiembre de 2014

CAPITALISMO ESCLAVISTA


 

 

 

Por una vez, los rojos tienen razón cuando culpan al capitalismo de los males que culminan con la pérdida de la libertad del individuo.

Pero los marxistas proponen una etapa transitoria que en la práctica se eterniza, de capitalismo estatal para que el consumidor, en lugar de estar sometido a la tiranía del empresario, lo esté a la tiranía del Estado.

De una manera u otra, el capitalismo dicta los deseos, los gustos y las necesidades cambiantes de los consumidores-ciudadanos a su voluntad y conveniencia.

La condición de esclavo es natural en el hombre, por lo que es tiempo perdido el que se emplee en luchar contra la obligación de trabajar, de encadenarse a un amor, de prescindir de afectos o de domar el odio.

Aceptándola como condición humana general, solo quedaría encontrar la más benévola forma de esclavitud que, sin duda es la que da derecho de propiedad a un individuo sobre otro por haberlo comprado, haber nacido de esclavos previamente comprados, o encontrarlo abandonado por su anterior dueño.

Hay esclavos felices en numerosos pasajes de la Biblia y esposas esclavas que engendraron de sus dueños hijos, que contaban con el afecto y la protección del padre como los del matrimonio legítimo, salvo en el derecho de sucesión dinástica.

El estado de feliz esclavitud humana terminó como consecuencia de las necesidades del capitalismo opresor para someter sutilmente a la esclavitud a toda la humanidad, transformando a los seres humanos en simples consumidores.

Gracias al cine, que nos muestra como verdad lo que es mentira y mentira lo que es verdad, hemos conocido la verdad de los productores cinematográficos capitalistas sobre lo que, según ellos, eran las explotaciones agrarias de los estados esclavistas del sur de los Estados Unidos, donde del amo apaleaba, sometía a trabajos extenuantes o dejaba morir de hambre a sus esclavos.

Falso todo ello: un esclavo barón negro se pagaba en aquél tiempo a unos 1.200 dólares. Para establecer el valor comparativo del precio de ese esclavo, basten reseñar que 600 acres (320 hectáreas) de la mejor tierra, costaban 300 dólares.

Es decir, que un propietario que maltratara a su esclavo y no cuidara esa propiedad con el máximo empeño no sólo sería un desalmado sino, lo que es peor, un idiota.

Ya había trabajadores libres que, por poco más que la comida y sin ninguna inversión, eran ocupados en los trabajos peligrosos en los que emplear a un esclavo hubiera sido un riesgo insensato.

El sistema de las plantaciones de sur de los Estados Unidos, frente a todas las ventajas que la benemérita institución de la esclavitud representaba, tenía un inconveniente que acabó con ella.

El paraíso elegante, caballeroso y envidiable de las plantaciones era incompatible con  el capitalismo y la producción en masa porque cada explotación agrícola era, por lo general, autosuficiente ya que producía lo que necesitaba y solo compraba fuera los vaporosos vestidos de las damas, sus airosos sombreros, el elegante paño de los chaqués de los caballeros y , los sutiles perfumes y licores que importaban de Europa.

No fue el altruismo antiesclavista de la sociedad capitalista del norte de los Estados Unidos lo que originó la guerra civil, sino la necesidad de ampliar mercados en el sur.

El fin del sistema capitalista es cubrir las necesidades espontáneas de los consumidores y crear artificialmente necesidades que, al caer en la trampa de comprarlas, obligue a una creciente masa de clientes a enriquecer incesantemente a los que las fabrican, comercializan, almacenan, distribuyen y financian.

Es una modalidad distinta, pero igual de esclavizadora, que la de las plantaciones agrícolas del sur de los Estados Unidos.