lunes, 26 de octubre de 2009

LA AGITACION CAMPESINA ALEGRA A LA DERECHA

Los campesinos andaluces andan agitados y, como cuando Juan Díaz del Moral estudió sus agitaciones, los poderosos están inquietos.
La preocupación era evidente hoy en los que se identifican como izquierdistas en el Valle Medio del Guadalquivir mientras que, los que tradicionalmente pasan por derechistas en Palma del Río, epicentro del Valle, no disimulaban su regocijo.
¿Qué cataclismo político y social se ha producido que explique el cambio?
Que en 1930 mandaban las Derechas y los oprimidos eran de izquierdas y en 2009 el poder político es endémicamente del PSOE que, solo o en compañía de otros, en especial comunistas, guardan la paz, bien engrasada por subsidios, subvenciones y “Plan de Empleo Rural” (Per).
Los no socialistas, en la oposición desde las primeras elecciones municipales democráticas confían en que el conflicto desgaste al PSOE, les haga perder las elecciones y los confine a la oposición.
Esperan que la agitación campesina ponga fin a los viejos buenos tiempos del PSOE y que el medio millar de movilizados por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, evolucionado del Sindicato Obrero del Canpo (SOC), inspirado por Juan Sanchez Gordillo, Diego Cañamero y otros ayatolas utópicos comarcales, perjudiquen a los socialistas.
El programa de movilizaciones y protestas campesinas comenzó ayer con un recorrido por calles y avenidas, siguió hoy con una concentración frente al edificio del ayuntamiento y los dirigentes del sindicato dicen que continuará en el futuro.
Cono primer paso, hoy acordaron convencer a los campesinos a de pueblos vecinos para que, lo que empezó como conflicto local, se propague a toda la comarca hasta paralizar la recolección de naranja en la región.
La agitación campesina usa como pretexto la exigencia de aplicación del convenio de 2009, auque esté recurrido ante los tribunales.
El sindicato exige que los propietarios de fincas dejen de aplicar la contratación por tareas y fije los contratos por horas y no por trabajos realizados.
Además, y esa es su exigencia de mayor calado, piden la constitución de cuadrillas mixtas de trabajadores locales y extranjeros porque se quejan de que, sobre todo los rumanos, se pliegan a contratarse por camiones cargados, sin consideración al tiempo que demoren en cagarlos.
Los del sindicato andaluz de trabajadores quieren que se privilegie la contratación de sus afiliados y que se les pague por las horas en el tajo, sin tener en cuenta el tiempo que tarden en realizar el trabajo.

jueves, 22 de octubre de 2009

EDITORIAL ALMUZARA Y OTROS PARASITOS

La creación artística es fruto de un proceso de reproducción asexual para el que su autor no necesita colaboración.
Atribuirle al escritor una relación de paternidad con su creación es una tergiversación machista del lenguaje porque el autor, aunque sea varón, es más madre que padre de su texto.
El autor concibe la pieza literaria cuando germina una idea en su mente, la gesta mientras desarrolla su trama y la pare al escribirla.
El autor-madre es autosuficiente para concebir, gestar y alumbrar su obra, sin que necesite el concurso de un padre.
Ya nacida, hay interesados en tutelar la obra y desempeñar las funciones de padre. Son los editores que, en un ejercicio parasitario de la paternidad, se desentienden de las obras que necesitan su ayuda y fagocitan a las que no lo precisan.
El editor seduce al autor comprometiéndose a promocionar la difusión de la obra, distribuirla, comercializarla y compartir con el escritor los beneficios de su explotación.
Cumplen esos compromisos, por lo general, con los escritores-madre que no lo necesitan porque la maestría de su estilo, la sobresaliente calidad de su obra o su popularidad extraliteraria son dotes sobradas para garantizar la acogida favorable de los lectores. Ejercen, innecesariamente, de padres.
Pero, para los textos simplemente decorosos de escritores desconocidos, que realmente necesitarían la tutela paternal para abrirles camino, el editor saca lo que puede y los olvida en el abandono de la Inclusa. Como un padrastro de folletín.
Si la editorial no promociona ni vende la obra, ¿qué gana el editor?
“El autor cede en exclusiva al editor los derechos de edición, reproducción y distribución en forma de libro, así como cualquier otro soporte a la fecha conocido, para su explotación comercial”.(1)
Sin comerlo ni beberlo, el editor usurpa al escritor-madre la patria potestad sobre su obra.
¿Qué promete el editor al escritor como pago por el hijo adquirido?
“El autor recibirá por los ejemplares vendidos en edición normal un total del seis por ciento del PVP sin IVA para los primeros 1.500 ejemplares y un total del 8% para los ejemplares vendidos sobre esa cantidad” (1).
Si hubiera ayuda para el negocio editorial, evidentemente, corresponden al editor. Solo para subvenciones directas, la Junta de Andalucía presupuestó millón y medio de euros, que se suman a las ayudas de otras instituciones oficiales de la región para obras de, por lo menos, 1500 ejemplares.
Se dice que el exagerado número de títulos editados anualmente en España y el comparativamente escaso número de ejemplares vendidos se debe a que los editores obtienen ingresos más seguros por las subvenciones que por ventas, para las que tendrían que invertir en promoción, distribución y comercialización.
Así, mi novela “El Viejo Río Grande”, evidentemente sin la calidad excepcional para que se hubiera vendido sin ayuda, no tuvo otra promoción por parte de la Editorial Almuzara que la aceptación de una invitación de un casino de Posadas para su presentación en un acto literario.
Pero en Palma del Río, donde la acción de la novela se centra, tardaron en llegar ejemplares del libro cuatro meses, a pesar de la demanda de las dos librerías locales. Palma del Río dista de Córdoba, sede de la Editorial, 53 kilómetros.
(1) Reproducción textual de cláusulas del contrato para la edición por Editorial Almuzara de “El viejo río Grande”).

martes, 20 de octubre de 2009

LA FARSA DEL DEBATE

No son más que marionetas que ejecutan disciplinadamente lo que les mandan los que manejan el guiñol porque, si los apuestos caballeros y las agraciadas damas que aplaudían o protestaban con espontánea docilidad en el Congreso de los Diputados lo hubieran hecho por propio impulso, no lo hubiéramos creído.
¿Cómo es posible que el entusiasmo de los aplausos rompa el monótono recitado de frías cifras leídas por la encantadora vicepresidenta segunda del gobierno?
¿Cómo puede recomendarse o alardear de austeridad en una demostración de derroche de talento, tiempo y dinero como el debate del Proyecto de Ley de Presupuestos?
Porque los 350 congregados sabían, al entrar por la puerta del Palacio del Congreso de los Diputados que, oyeran lo que oyeran, votarían lo que les mandara su jefe político.
A damas y caballeros de irreprochable formación intelectual y moral como los Diputados hay que suponerles capacidad de criterio autónomo, no coincidente siempre y en todos los asuntos con el que proponga su partido.
Si los guiara su conciencia y el interés de sus electores, contrario a veces a lo que el partido propone, votarían ocasionalmente rompiendo la disciplina colectiva.
¿Para qué reunirse, entonces, y hacer el paripé de que la fuerza de los argumentos que esgriman puede convencer a quienes cobran por obedecer sin discusión al que los metió en la lista que les permite cobrar su sueldo?
Treinta y un años de experiencia parlamentaria demuestran que los diputados no deben lealtad a los votantes, sino a la burocracia del partido que los colocó en un puesto de la lista electoral con garantías de ser electos.
El Congreso de los Diputados, en sesiones como la del martes, se muestra como lo que es realmente, un escenario lujoso para representaciones televisadas carentes hasta del recurso imprescindible en el teatro: el misterio del final.
Si éstos paniaguados del sucedáneo de democracia que padecemos siguen abusando de espectáculos manidos como el del martes, nos van a meter en un lío tremendo a los españoles, mucho peor que el de la dictadura que tantos años padecimos.
En la Dictadura, por lo menos, los españoles tenían la esperanza de que, una vez terminada, llegaría la era de prosperidad, libertad y respeto que aportaría la democracia.
Cuando ésta democracia de obediencia ciega al dictador de cada partido se agote, ¿en qué sistema político depositarán los españoles su esperanza?

lunes, 19 de octubre de 2009

ESPERANDO QUE LLUEVA EN EL VALLE

La lluvia que tan ansiosamente se espera a partir del miércoles será este año un alivio pasajero para los habitantes del Valle Medio del Guadalquivir.
Hasta el año 2008 habría sido el colmo tardío pero predecible de una época de abundancia aparentemente perpetua.
Hasta el año 2008, la preocupación casi única de los habitantes del Valle Medio del Guadalquivir era el capricho climático en el reparto de lluvias que garantizaran la fecundidad de la tierra en la que viven.
Estaban genéticamente entrenados para observar el cielo y detectar la procedencia del viento.
Si el ábrego llegaba desde el golfo de Cádiz, húmedo, cálido y sostenido, auguraba la inminencia de la lluvia que tornaría en verdes los campos resecos, tersaría la aceituna y llenaría de zumo la naranja.
Si el viento sopla desde el norte y se esparce desde las colinas de Sierra Morena enfriado al contacto con los páramos manchegos, los cultivos del Valle Medio del Guadalquivir se amustian y languidecen.
Este 2009 es un año en el que los vientos ábregos Se están haciendo esperar. Desde que el primero de Septiembre comenzó el año agrícola, la temperatura media ha sido de 20,9 grados, superior a la media de los últimos 40 años y la pluviosidad de 16,8 litros por metro cuadrado, un 65,5 por ciento menos de la media habitual.
Los naranjos, que cubren la vega, tienen abarquilladas sus hojas verdinegras y las frutas, poco más gruesas que canicas, no llegan al tamaño de las bolas de tenis.
Aunque la extrema sequía preocupa, no es el mayor problema de los habitantes del Valle Medio del Guadalquivir en el que, quienes no viven de la agricultura, lo hacen de los servicios que la agricultura demanda y de los subsidios que el gobierno reparte a cambio de la paz social.
El auge de la economía basado en las plusvalías generadas por las inmobiliarias también trastornó la pausada evolución del Valle porque los súbitos excedentes de la construcción buscaron refugio en los terrenos labrantíos y la voraz demanda catapultó los precios.
Una hectárea de naranjal pasó de dos millones de pesetas a principio de la década a 15 millones del año pasado. Los bancos, ante la imparable revalorización de la tierra, prestaban sin pedir siquiera la declaración de la renta—invariablemente negativa—del solicitante.
Ahora, que se venden tierras a mitad del valor del momento de mayor encarecimiento, los bancos piden como garantía de devolución del crédito la declaración de la renta y solo lo conceden a los pocos que no saben manipularla para que aparezca negativa.
Desde hace dos años, el habitante del Valle Medio del Guadalquivir, a su habitual preocupación de auscultar el cielo, ha añadido la de estudiar la situación de las finanzas nacionales.
Mientras el cielo sigue ominosamente despejado, el horizonte financiero sigue lúgubremente borrascoso.

sábado, 17 de octubre de 2009

ISLAM Y ABORTO

Media España se echó a la calle el domingo para protestar una ley impulsada por el gobierno mientras la otra media se quedaba en sus casas aceptando tácitamente una nueva ocurrencia no anunciada por José Luis Rodríguez Zapatero cuando pidió y logró que lo reeligieran.
Esperanza Aguirre, una de las pocas políticas que se atrevió a dar la cara y asistir a la manifestación de Madrid, repetía que la reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo es una provocación.
Puede que tenga razón porque, si no existía una acuciante demanda social para modificar la ley vigente, es difícil entender en qué beneficia a los españoles una iniciativa que acentúe su división.
La formulación de políticas que aceleren la recuperación de la economía, la reforma de la enseñanza, la dotación de medios para que aumente la eficacia de la justicia, la lenidad en la represión de la delincuencia o la urgente necesidad de moralizar la conducta de los representantes públicos son demandas más palpables que una modificación reguladora del aborto.
Si hay necesidades prioritarias, ¿por qué dedica el gobierno su tiempo, su energía y sus recursos a impulsar ésta ley?
No sería ésta la primera vez que, como el torero que mueve el capote desde el burladero para que el toro no empitone al banderillero, el gobierno distrae al elector de problemas serios con ardides llamativos.
Es la inclusión de plazos y la no injerencia paterna en el aborto lo más escandaloso del proyecto en trámite. Seguramente, una vez logrado su propósito de fijar la atención de los votantes en lo llamativo para que la aparte de lo importante, el gobierno cederá o aparentará que cede en lo segundo.
Pero el plazo para el aborto libre, además de oportunista, tiene fundamento en una cultura religiosa que tiene encandilado a Zapatero, el Islam.
Aunque el Coran nada dice específicamente respecto al aborto, la sharía y las fatuas islámicas—cuerpo doctrinal del islamismo—desaconsejan el aborto en cualquier momento, pero solo lo prohíben a partir de los 120 días de gestación, momento en que el ángel insufla el alma al feto.
Para las musulmanas, abortar antes de los 120 días—21 semanas dice el proyecto de ley español—no es pecado. Después de esa fecha tope es delito por el que hay que indemnizar al heredero de la víctima con 238 gramos de oro, equivalente al valor de un esclavo o al diez por ciento del valor de un adulto.

jueves, 15 de octubre de 2009

EL ADMIRABLE CHAVES

En ésta Andalucía tan propensa a partirse en dos—oriental y occidental, interior y marina, atlántica y mediterránea, bética y sevillista, romerista y paulista—por fin ha triunfado la unanimidad: todos los andaluces admiran a Manuel Chaves.
Pero, como no podía ser menos, los motivos del encandilamiento por el que fue Presidente de la Junta de Andalucía media eternidad larga, también divide a los andaluces.
La mitad encomia la fuerza de voluntad de su insobornable modestia gracias a la que salió de la presidencia de Andalucía tan pobre como había entrado 19 años antes.
La otra mitad de los andaluces, los malpensados que hasta en ésta tierra bendita abundan, admiran a Chaves por su habilidad para tapar lo que juntó para que sus tataranietos no tengan problemas, en caso de otra desaceleración de la actividad económica.
El incombustible Manuel Chaves, que mejoró su frugal salario de ministro para ganar algo más como presidente de la Junta y prosperó al acceder a la vicepresidencia tercera del Gobierno, lleva cinco lustros percibiendo sueldos superiores al salario mínimo y , en esta Andalucía de francachelas y juergas gitanas, destaca porque, dicen, es más agarrado que una pelea de perros.
Con tan buen sueldo durante tantos años y tan poco derroche conocido, su magro patrimonio es, exactamente, de 68.964 euros.
Después de una vida dedicada a servir a los demás, un político de raro éxito como Manuel Chaves, que lo ha hecho todo en política y todo lo ha hecho bien, ha juntado para poderse comprar tres plazas de aparcamiento en el pueblo cordobés de Palma del Rio.
El rendimiento económico por los desvelos de Manuel Chaves, ministro de trabajo, presidente de la junta de Andalucía y vicepresidente del gobierno de España es media docena de rayas pintadas en el sótano de uno de los pueblos que gobernó, a 18.000 euros el espacio entre cada una de las dos rayas, y le sobraría para un coche de segunda mano.
Y dicen que lo políticos ganan demasiado...

miércoles, 14 de octubre de 2009

¡QUE VIENEN LOS MOROS!

Con el trabajo que nos costó echar a los moros de nuestras costas, el imprudente José Luis Rodríguez Zapatero parece empeñado en que vuelvan.
Por zalemas menos elogiosas que las que el miércoles dirigió Zapatero al imán de la Mezquita de los Omeyas de Damasco, Tariq Ibn Ziyad creyó que el gobernador bizantino de Ceuta, Don Julián, lo invitaba a España y costó ocho siglos librarnos del caudillo moro y sus bereberes.
Y es que en la florida prosa árabe las palabras tienen mayor valor simbólico que semántico y pedirle a un moro “que sus plegarias lleven la paz a todas las regiones del mundo” puede interpretarlo como ruego de que nos obligue a todos a vestir chilaba.
Si el que se adora en la mezquita de Damasco es el mismo Dios único al que sus compatriotas rezan en las iglesias de España ¿por qué ha tenido que ir tan lejos el Presidente del Gobierno español a visitar un templo, si tiene tantos y tan hermosos en su tierra?
Puede que su visita a la mezquita de los Omeyas sea el síntoma inicial de un arrebato de misticismo y que, en adelante, aconseje a sus próximos que frecuenten más las iglesias españolas y menos los desfiles del día de del orgullo gay (gayo, vistoso o elegante en traducción castellana literal y marica en la figurada).
Si así no fuera y el de Damasco fuera solo uno más de sus deslices, haría bien Zapatero en instruir a los soldados destinados en Afganistan para que se apresuren a adquirir experiencia en combate y los repatríe cuanto antes, igual que a los que ha despachado a Líbano y otras tierras mahometanas.
Porque los moros, como el año 711, pueden coger el rábano por las hojas, interpretar lo que pretendió que fuera una simple cortesía por invitación formal, y plantársenos aquí para obligarnos a mirar a La Meca cuando recemos. Y tendremos que rezar todos, no como con el cristianismo que reza solo el que quiere.