jueves, 22 de enero de 2015

CON SUSANA, TODOS IGUALES




Para que a nadie se le ocurra pensar que lo que sigue es hablar para confundir, se advierte que todos los datos que se van a manejar son de fiar: proceden de funcionarios que ganan muy buenos sueldos en organismos oficiales y que no mienten a menos que se lo ordene el gobierno.
Y si el gobierno les manda que mientan es para no dar el disgusto a la población de decirle una verdad más dolorosa que la mentira.
Vamos allá:
En los 8.392.635 andaluces manda el Partido Socialista ininterrumpidamente desde que en 1981 se estableció el gobierno autonómico.
Al ser el único que ha mandado, el Partido Socialista Obrero Español es el responsable de todo lo bueno y todo lo malo que haya pasado en Andalucía desde entonces, y la situación actual de los andaluces se debe en gran parte a lo que los socialistas hayan hecho o dejado de hacer en los últimos 34 años.
Retrato de Andalucía en números (22-Enero-2015)
Población:                                                   8.392.635 habitantes.
Población Activa (en edad de trabajar) :       4.077.500 
Parados:                                                          1.395.700 “
Porcentaje de paro entre población activa:   34,23 por ciento.

Hablando en plata,  por muy vulgar que suene, una persona es lo que tiene, lo que mide su renta per cápita que es el dinero de que dispone al año cada ciudadano para vivir y darse caprichos, y que en el caso del andaluz, refleja su situación respecto a la de los habitantes de las otras comunidades autónomas.
Con esa vara de medir, la situación del andaluz  es poco envidiable: solo los extremeños están peor.
La renta per cápita se obtiene dividiendo entre el número de habitantes el valor de los bienes y servicios producidos por una región o país.
La renta per cápita de cada andaluz se cifra oficialmente en 16.960 euros, superior únicamente a la de los extremeños ( 15.394) y lejos de las de, por ejemplo, vascos (30.829 euros) o madrileños (29.385).
 Por lo que se vaticina en los mentideros políticos, y en el caso de que sea verdad que la presidenta de la Comunidad Andaluza Susana Diaz va a adelantar  las elecciones en su tierra como primer paso hacia el gobierno de España, la actual diferencia en la renta per cápita de los andaluces se igualará a las del resto de los españoles.
De aquí a poco tiempo será así, gracias a que la Presidenta Socialista Susana Diaz gobernará toda España, como ella y su partido han gobernado Andalucía.
La igualdad, por encima de todo. Si los españoles que tienen menos no pueden igualarse a los que tienen más, que los que tienen más tengan menos.
















miércoles, 21 de enero de 2015

DEMOCRACIA



Democracia es un concepto abstracto al que el abuso de su empleo ha devaluado para asignarle un significado concreto, el de una modalidad de gobierno.
Que el pueblo mande, que es como se traduciría democracia, es tan absurdo como decidir que la belleza sea el objetivo de la acción gubernamental.
Y es que convertir un ideal utópico en sistema práctico es un ardid del que lo propone para engañar al bobo que lo acepte.
En la práctica, esa conspiración contra la humanidad que germinó hace más de tres siglos se fundamenta en una falsedad tan evidente que nadie se atreve a rechazarla: que todos los hombres somos iguales.
Aclamada esa falsa verdad por los que se saben inferiores e hipócritamente aceptada por los que se saben superiores, nació el concepto de democracia:
Si todos somos obligados a obedecer al que manda, todos y cada uno somos capaces de mandar al que obedece.
Al ser todos iguales, la jerarquía que cada uno ocupa en la sociedad la establece la diferencia de respaldos individuales que consiga un aspirante al mando sobre los otros aspirantes.
Pasa así el que más respaldo tenga a ser el mejor para gobernar.
Si en el ejercicio  del mando que otros le confiaron no cumpliera lo que prometió, no será nunca porque quienes lo eligieron se equivocaron sino porque  engañó a todos los que lo eligieron.
Esa utópica igualdad de capacidades humanas que ha desembocado en la democracia como forma de gobierno la originó la negación por parte de los racionalistas de otras fuerzas que, además de la razón, determinan la conducta del hombre.
Desestimadas la fe, la fantasía, el miedo, la fuerza y el instinto como factores que influyen en el hombre, la sinrazón de la razón es la única excusa de sus errores.

martes, 20 de enero de 2015

LAS ELECCIONES, EL GRAN ENGAÑO



Ese régimen de bajas presiones anímicas que afecta a los pueblos cuando su desilusión ahoga su esperanza ya se percibe en España como el aire levemente húmedo que preludia una inminente borrasca.
Se presienten ya las elecciones, esa tormenta política que altera periódicamente la monotonía  para reanudarla en cuanto escampe.
Las lluvias y las elecciones las esperan con impaciencia los que confían que los beneficie y con aprehensión los que temen que los perjudique, porque nunca llueve al gusto de todos.
Si los resultados electorales próximos alteraran el reparto del poder político de forma tan radical que los que ahora son oposición sean gobierno y los que están en el gobierno pasen a la oposición, para la inmensa mayoría de los ciudadanos el cambio será imperceptible.
¿Qué mas le da al que le toca siempre obedecer que manden los unos o los otros?  
Y es que este sistema de alternancia en el disfrute del poder por medio de las elecciones, sobre todo si se rigen por el sistema de sufragio universal,  es un engaño:
A) Es absurdo confiar los intereses personales  y familiares a alguien del que apenas se sabe el nombre.
B) No tiene sentido encomendar a un desconocido la gestión de intereses propios sin conocer las consecuencias que tendrán sus decisiones.
C) Si el voto del que aporte más al bienestar de la Comunidad tiene el mismo valor que el del que aporte menos, la calidad del bienestar general se degradará.
D) Si el que más aporta a la Comunidad tiene el mismo derecho que el que aporta menos, ¿en qué le beneficia su esfuerzo superior?
E) Si los derechos de todos los ciudadanos  de una Comunidad son iguales, ¿por qué sus obligaciones son distintas?
F) ¿Se ha pasado de una sociedad injusta en la que a los que tenían más se les concedía derechos superiores,  a la actual  también injusta porque los que aportan menos tienen los mismos derechos que los que aportan más?
G) Si fomenta y consolida esa explotación del que gana menos sobre el que gana más, ¿no es el Estado una organización delictiva para el funcionamiento autónomo de la sociedad?
Las elecciones (y más que ninguna de ellas las que se hacen por el método del sufragio universal) es la herramientas más eficaz con que el Estado cuenta para perpetuar su explotación de la sociedad.
Para poner fin a la explotación a la que el Estado somete al individuo, es necesario poner fin al engañabobos que son las elecciones.

lunes, 19 de enero de 2015

ACUERDO IMPOSIBLE


   Los musulmanes se refieren al que adoran con 99 nombres que enumeran sus supremas cualidades: desde Alláh (“El Unico”) a As-Sabur (“El Paciente”).
   Pero en ningún caso permiten que se limite su divinidad representando la pureza del concepto con imágenes o símbolos perceptibles por el hombre.
   Siguen así los musulmanes el origen troncal de su creencia, la Biblia de los judíos para los que Dios es “El que es”, la virtud suprema que representa ser por sí mismo, sin referencias tangibles.
   El cristianismo fue la primera religión emanada de la Biblia, al corporeizar en Jesucristo a Dios (“el verbo se hizo carne”, o el concepto se volvió tangible), lo que permitió al creyente representar la divinidad por sus sentidos corporales.
   El islamismo, que Mahoma predicó seis siglos después del nacimiento del cristianismo, representó un regreso radical al Dios conceptual del judaísmo, castigando al que se atreva a limitar la inmensidad de Dios a lo perceptible por los sentidos.
   El Jesús-Dios de los cristianos es para los musulmanes uno de los seguidores y predicadores del Dios conceptual que es imposible limitar a través de la representación sensual.
   Tan celosos de la inabarcabilidad de Dios  son los musulmanes de la rama  preponderante del islamismo, la sunnita, que al expandirse en el siglo XVIII por Arabia arrasaron la casa en la que había nacido Mahoma porque las veneración al Profeta robaba a Dios el culto que solo Aláh merecía.  
  Los musulmanes chiitas, por el contrario, respetan y distinguen a los ayatollahs que predican y guían a los creyentes en la práctica religiosa y hasta distinguen con los nombres de alguno de ellos sus centros de culto.
   Los musulmanes, sobre todo de la rama sunnita, defienden la pureza conceptual de Dios y su Profeta hasta el punto de sentirse agredidos si se les limita al ser representados por los sentidos humanos.
   La Divinidad que adoran los musulmanes es conceptual, no la limitan figuras, palabras ni sentidos. Su Poder no tiene límites. Lo que se da al César se le roba a Dios. La Soberanía no reside en el Pueblo, sino en Dios.Y al Dios conceptual de los musulmanes se le acepta o se le rechaza.
   Si se le acepta, se le obedece ciegamente y si se le rechaza, el poder de Dios lo obligará a aceptarlo.
   Esa intransigencia musulmana, nunca enmascarada, ayudará a los no musulmanes a entender mejor los últimos acontecimientos en Africa, Siria, Irak y Europa.
 Para los musulmanes, convencidos de que la Suya es la única verdad, no es posible  conciliar acuerdos que la limiten o maticen porque los forzaría a aceptar en todo o en parte la verdad ajena.

jueves, 15 de enero de 2015

LA INEFICACIA DE LAS MANIFESTACIONES



   El remedio más socorrido contra desmanes y tragedias es convocar una manifestación multitudinaria de repulsa, encabezada por los más conspicuos ciudadanos de la comunidad.
Siguiendo esa  costumbre, más de cien ciudadanos de los más conspicuos del mundo (políticos todos de renombre), encabezaron al millón y pico de personas que se juntaron en las calles de París para protestar contra el asesinato de unos dibujantes chistosos, cuyos dibujos no les habían hecho gracia a los asesinos.
Algo debió fallar porque ha transcurrido el tiempo suficiente para que los secuaces de los asesinos hubieran proclamado públicamente su arrepentimiento y se hubieran sumado a los que condenaron los crímenes.
Pero no ha sido así. ¿Por qué?
Se ha descubierto que, en contra de lo prometido, el centenar de ciudadanos notables que deberían haber ido al frente de la manifestación no lo hicieron de verdad, aunque las fotografías que se publicaron parecían demostrarlo.
En tiempos en los que lo que parece es más importante que lo que es, los políticos estuvieron de acuerdo en que se les fotografiara con un par de cientos de comparsas a sus espaldas, representando al millón y pico de manifestantes, y evitar así que algún terrorista rezagado se viera tentado a tomarlos como blanco de un nuevo atentado.
Y así no hay manera. Si el eficaz remedio que serian las manifestaciones de repulsa contra desmanes inicuos no se organizan sin trampa ni cartón, los malos seguirán siendo malos.
Hubo tiempos en que las manifestaciones multitudinarias se pusieron de moda y raro era el día en que miles de personas no se lanzaban a las calles para protestar por la violencia contra las mujeres, la falta de democracia, la contaminación ambiental o la supervivencia de los dragones de Kómodo.
Ninguno de esos problemas se ha resuelto y algunos se han enconado, lo que no demuestra que las manifestaciones multitudinarias sean inútiles, sino que se hizo trampa al organizarlas.
En algunas se exigía que los manifestantes llevaran lazos de un color determinado. Bastaba con que uno de ellos llevara uno azul celeste en vez de azul marino para que quedara anulado el esfuerzo colectivo.
En la de París, que los mandamases encabezaran a un par de centenares de seguidores, en vez de al millón y pico anunciado, bastó para que los secuaces de los terroristas los animen a seguir matando, en vez de afearles su crimen.

jueves, 8 de enero de 2015

ATENTADOS: LAS CÓMODAS Y SUPERFLUAS CONDENAS



Hay que ver el derroche de ingenio con que condenan en todo el mundo el asesinato de doce empleados de un semanario satírico francés.
No sería extraño que, abrumados por la reacción contra el atentado y sus autores, los terroristas y sus correligionarios renuncien al mandato de su religión de imponerla a todos los hombres por todos los medios.
El atentado podría cambiar el mundo que, hasta el siete de Enero de 2015, ha vivido y sufrido la humanidad: en todos los países en los que los correligionarios de los terroristas son mayoría, se podrán predicar libremente otras religiones y levantar lugares públicos de culto.
La persuasión y el análisis desapasionado de los fundamentos de todas las religiones se emplearán para propagarlas, en vez de la fuerza, la amenaza y la tortura.
No habrá que recurrir a la violencia por parte de los países en los que los terroristas hayan causado víctimas porque la ironía de las condenas a lo de París han sonrojado hasta la parálisis a los correligionarios de los asesinos (la última palabra me parece excesiva y, por si acaso, sustitúyanla por los “autores”) .
Extraña también la sospechosa unanimidad al condenar por las muertes solo a los que las provocaron directamente: o la gente es tonta o maliciosa porque, se supone, alguna responsabilidad en el atentado de París debió corresponder al gobierno francés (aunque sea de izquierdas).
Tampoco culpó nadie al gobierno de George Bush (al que el apoyo popular subió al 86 por ciento después del atentado), cuando unos moros estrellaron aviones en las torres gemelas de Nueva York el año 2001.
Como contraste con los ingenuos ciudadanos de  Francia y Estados Unidos, los españoles, que no nos chupamos el dedo, supimos y responsabilizamos al gobierno de Aznar por la matanza que causaron los moros en unos trenes en Atocha.
Pero, apoyo o no al gobierno que sufra los atentados, a todos los une la cómoda conveniencia de condenar los actos terroristas, llorar a los muertos  y repetir que la libertad triunfará sobre la barbarie, en vez de exponerse a la pérdida de votos actuando contra el fanatismo de origen.
Y es que los gobernantes de los países víctimados saben que es más cómodo predicar que dar trigo.

miércoles, 7 de enero de 2015

LA AMENAZA DEL TERRORISMO ISLAMICO



“La barbarie terrorista no acabará con la libertad”, desafió Francois  Hollande a los terroristas islámicos que asesinaron a doce personas en un semanario de París.
No le falta razón al presidente francés porque no es el terrorismo islámico, sino la cobardía de no combatirlo con todas las armas, lo que lo convierte en amenaza para los no musulmanes.
El islamismo contó para su expansión desde el primer momento con la violencia contra los que se resistían a abrazar su creencia y el Islam está en permanente revisión para impedir su evolución a la tolerancia, que limite su fanatismo original.
El Islam se diluye periódicamente en algunos países en los que la molicie y el bienestar de los creyentes los inclina a la tolerancia pero su esencia como religión intransigentemente monoteísta implica que la adoración al Dios único, si se extiende a otros o se comparte con otros, priva a Dios de una parte de lo que a Ël solo le pertenece.
La prohibición que impone a los creyentes de no representar al Dios conceptual con figuras reconocibles eleva a la divinidad fuera del alcance de los hombres, que perciben las ideas a través de los sentidos.
Así era también en el judaísmo original, que definía a Dios como “el que es” y que como el islamismo, prohibía la alusión o representación de la divinidad con figuras tangibles.
Nació el Islam obligando por la fuerza a los no musulmanes a abrazar su fe, mientras que el cristianismo se extendió porque sus partidarios estaban dispuestos a morir antes que renegar de su fé.
Todas las invasiones que los musulmanes sufrieron en la España que ocupaban fueron de seguidores de algún morabito ascético norteafricano, que pretendían restablecer la práctica de su fe entre los correligionarios a los que la molicie había degenerado.
Periódicamente se ha regenerado el Islam obligando a los fieles, que con el bienestar habían caído en la relajación, por medio de movimientos similares a los que ahora han emprendido los del califato islámico.
Cuentan los regeneradores con un factor decisivo: la ausencia de jerarquía en su religión  porque el imán que arrastra devotos es el que interpreta más literalmente el Corán, el texto que Dios inspiró a Mahoma y en el que se manda que impongan su religión a todos los que no la profesen.
La expansión  del Islam que agita ahora al mundo, sea o no musulmán, sigue la misma  ruta que otros movimientos regeneradores siguieron.
En el siglo XVIII, más o menos coincidiendo con la época en que la Ilustración cambió en el mundo cristiano la fé por la razón como motor de las decisiones gubernamentales, los árabes Wahad y Saud iniciaron una campaña regeneradora del Islam que arrasó la vivienda de Mahoma.
El respeto y culto al profeta Mahoma oscurecía la adoración a Alá, el único Dios, merecedor de toda la obediencia de los hombres.
Ignorar la amenaza del integrismo islámico actual es lo más cómodo para los gobernantes de los países por los que se está extendiendo pero puede tener una consecuencia nefasta: que cuando acepten como cierto lo que es verdad , ya sea demasiado tarde para salvar lo que se haya perdido.