martes, 28 de octubre de 2014

ROMANCE DE LA ESPAÑA ETERNA



Ya la romántica España
de bandoleros y santos
de toreros y mendigos,
la de quijotes y sanchos,
no es más que la fantasía
de algún necio iluminado.
     
En  los campos despoblados
que el viajero atravesaba
siempre temiendo el atraco,
ahora se alzan barrios,
chalets y urbanizaciones
con piscinas, paddel, tenis
todo verde y arbolado,
con que el vivo que los hizo
pegó el gran pelotazo
y, aunque repartió dinero
a alcaldes y funcionarios
vive ahora como un cura
de los de misa y rosario.

--Por lo que usted dice, entonces,
esos ladrones de antaño
 de trabuco, jaca y manta
que aguardaban emboscados
a que pasara un incauto
para así desvalijarlo,
siguen vivos y bien vivos
aunque atraquen en despachos.

--Así es  ¿por qué negarlo?
Una España sin ladrones
sin pillos, curas ni santos
sería un país sin Historia
normal, aburrido, honrado.

lunes, 27 de octubre de 2014

DE LAS MUSAS AL TEATRO, DE LA POLITICA A LA CARCEL

   Ahora resulta que han metido en la cárcel por haber sido malo a Francisco Granados, que hasta hace nada daba doctrina en televisión para que la gente fuera buena y no mala.
Granados era, cuando  predicaba lo que no cumplía, un destacado dirigente del Partido Popular y de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Pasan los políticos a la cárcel con la misma naturalidad con que los versos de Lope de Vega pasaban de las musas al teatro y esa progresión inevitable tiene una ventaja para los jueces: encarcelar a todo el que anuncie que aspira a un cargo electo.
Se evitaría así esperar a que cometan el delito al que están predestinados los que amenazan que quieren vivir de la política, pero  saldría perdiendo la sociedad porque tendría que pagarles alojamiento, comida, atención sanitaria y otras minucias a las que tienen derecho gratis los presos.
Se me ocurren dos remedios para éste mal, uno democrático, civilizado y respetuoso de los derechos humanos y, el otro, radical y una miajita fascista o comunista, que son la misma cosa llamada de distinta forma:
1.- Que los que vivan del cuento no lo hagan mediante elección democrática, sino por el procedimiento todavía más democrático del sorteo de su nombre entre todos los del censo, sin limitación de edad. (No puede hacer más tonterías un niño que muchos de los políticos electos que hemos padecido)

2.-Que  los que demuestren veleidades políticas sean llevados al Monte Taigeto de la cordillera de los Pentadáctilos y despeñados. Se conseguiría así librar a la población de parásitos, como los espartanos se libraron de débiles mentales y físicos entre su población. (Una especie de aborto por malformación comprobada en lugar del aborto legal actual por malformación sospechada).

sábado, 25 de octubre de 2014

MEJOR PILLO QUE BOBO



A Mariano Rajoy nadie, que se sepa, le puso una pistola en el pecho para que aceptara ser vicepresidente del gobierno entre 2000 y 2003, año en que asumió voluntariamente, además, la secretaria general de su partido.
   Fue por su gusto también como aspiró y obtuvo la Presidencia de su partido, que suponía el reconocimiento de su capacidad para hacer todo lo que quisiera y como quisiera hacerlo.
      Y así fue cómo, en 2006, mandó que o permitió que se pagaran 705.095 euros de forma ilegal (en dinero negro) por unas obras en la sede de su partido.
   Reincidió en la misma ilegalidad dos años más tarde, cuando pagó o permitió que pagaran otros 906.347  por otras obras en el mismo edificio.
    Rajoy, ahora presidente del gobierno de España, ha despachado con una frase el chanchullo descubierto:”Esas cosas no pueden volver a pasar”.
Los contribuyentes españoles a los que se descubra que en sus declaraciones de la renta se equivocaron y, como consecuencia, pagaron menos a Hacienda de lo que deberían haber pagado, tienen en Rajoy un antecedente exculpatorio: prometer que no debería volver a pasarles lo que hicieron.
Desde que el juez que investiga al ex tesorero del Partido de Rajoy Luis Bárcenas, emitió un auto el viernes en el que revelan los pagos ilegales, están en entredicho la honestidad del ahora presidente del gobierno español o su incapacidad para dirigir un negocio más complejo que el de hacer y vender jeringos.
Hasta más grave que haber consentido o mandado hacer ilegalmente los pagos es no haberse enterado de que los hacían a sus espaldas.
Porque, para gestionar acertadamente en el enfangado mundo de los negocios y la política, más vale ser pillo que bobo.

viernes, 24 de octubre de 2014

LA VIDA SIGUE IGUAL



En estos días estivales de otoño, en los que la lluvia todavía no llega y el calor sigue agostando los campos, se rumia la melancolía y deja el regusto de que el pasado fue mejor que el presente y el presente mejor que el futuro.
Puede que esos tenebrosos augurios se confirmen o que, como las mustias hojas que el más leve soplo de aire otoñal arranca del árbol, se los lleve el viento.
El recuerdo del esplendor veraniego ido y el augurio del sombrío invierno por llegar puede que influya en que el otoño sea el momento de la añoranza del pasado y de la prevención ante el futuro.
Parece en otoño que si lo de antes fue mejor que lo de ahora y mucho mejor que lo que el futuro depara es porque el mundo empeora a medida que el tiempo transcurre.
Pero la percepción de una realidad exterior al ser humano es tan variada como personas haya que la evalúen: la verdad,  belleza y bondad no son valores absolutos sino relativos y varían según el que los perciba.
Así, a medida que la edad, salud, bienestar, afectos y esperanzas del perceptor varíen, cambiará su apreciación de lo que lo rodea.
Un niño se impacienta por lo que tarda en llegar el mañana tanto como el anciano le teme a lo pronto que llegará el día siguiente.
Y lo que llamamos “mundo”, entendiéndolo por la relación del ser humano con su entorno y no por las novedosas herramientas de que disponga, cambia tan lentamente que es imposible apreciar el cambio.
Desde que tuvo que andar sobre las piernas para poder atravesar un río hasta que invente un sistema de elaborar y renovar oxígeno para un largo viaje interplanetario, el ser humano tendrá que alimentarse para vivir, reproducirse para perpetuarse y mandar para guiar y para que no le manden.
Todos los cambios a esas tres funciones básicas son reversibles y circunstanciales.

jueves, 23 de octubre de 2014

UNA SODOMA DE LADRONES



¿Encontraría Dios en la España actual un político honesto al que, como a Lot en Sodoma, mereciera la pena salvar de la destrucción general?
Al paso que la justicia hace que aumente el número de pujoles, bárcenas, ratos, blesas, griñanes, chaves y otras especies rapaces se confirma el convencimiento de que lo mejor sería exterminar todos los cargos públicos a los que se acceda por elección.
Muerto el sistema se acabó la corrupción lo mismo que, muerto el perro, se acaba la rabia.
Nada es casual: la martingala que montaron a la muerte de Franco los que querían heredar sus privilegios sin haber ganado una guerra tenía el propósito de vivir del cuento haciendo creer a los parasitados que les hacen el favor de parasitarlos.
Han sido (y los que quedan),tiempos de tunantes contra inocentes que de tan ingenuos no quieren convencerse de que los están engañando y de que los que viven a su costa no pueden dejar de hacerlo.
Si los honestos ciudadanos parasitados por huéspedes indeseables se decidieran a exterminarlos,experimentarían el beneficio de no tener que compartir su vigor y su esfuerzo.
Es de ilusos pretender un mundo sin individuos que vivan del cuento a costa de los demás o de organismos libres de parásitos que minen su vigor pero sería prudente la fumigación periódica para librar al organismo de piojos y a la sociedad de políticos
Si es conveniente, habría que hacerlo sin miedo, aunque los parásitos y los políticos fumigados se sientan víctimas de prácticas crueles y fascistas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Y ADEMÁS QUIEREN QUE NO ROBEN?

¿Para qué llamar masa de harina fermentada y después horneada al pan? Por lo mismo que a la relación entre los que mandan y los que obedecen llaman política. Ganas de enmascarar la verdad para hacerla más tolerable.
En realidad, es la diferencia del grado de indolencia entre los que obedecen y los que mandan lo que determina la actitud de ambos grupos.
Es mucho más cómodo obedecer porque, haciendo lo que otro diga que hay que hacer, el error siempre será del que manda, no del que ha obedecido.
Por eso el que obedece nunca asume responsabilidad por lo que no ha decidido, sino que se limitó a hacer lo que otro decidió que hiciera.
El que obedece sufre las consecuencias del error del que manda, pero le queda el consuelo de culparlo de la decisión equivocada y sentirse absuelto de las consecuencias que sufrió por culpa del otro.
En definitiva, descargar en otros la responsabilidad de los daños sufridos por las decisiones de alguien en el que hemos delegado la función de adoptarlas es más cómodo que adoptarlas personalmente y admitir la culpa de haberlo hecho.
Eso de participar en la elección de los que otros señalan para gobernar, que no es más que es una de las herramientas para hacer realidad esa fantasía utópica que es la democracia, no es en realidad más que designar al chivo que expíe los culpas de los errores de quienes lo votaron.
Bastante hacen con esa desagradable función. ¿Y además pretenden que acierten en lo que decidan, que sean simpáticos y que no roben?

Mucho arroz es ese para un pollo o, como se decía antes del Pelargón, teta y sopa no caben en la boca.

lunes, 20 de octubre de 2014

JUNQUERAS, LA GAITA Y LA LIRA



El patriota catalán Oriol Junqueras, al que se le quebró la voz y apenas pudo contener el llanto cuando comprobó que se aplazaba la independencia de Cataluña que creía inminente, compartió mantel y tertulia con una familia sevillana. Lo recogió un programa de televisión y lo que dijo Junqueras y cómo lo dijo me trajo a la memoria un texto casi olvidado.
   Era “La gaita y la lira”, que firmado por el poeta José Antonio Primo de Rivera publicó FE el 11-enero- 1934 y que decía:


 ¡Cómo tira de nosotros! Ningún aire nos parece tan fino como el de nuestra tierra; ningún césped más tierno que el suyo; ninguna música comparable a la de sus arroyos. Pero… ¿no hay en esa succión de la tierra una venenosa sensualidad? Tiene algo de fluido físico, orgánico, casi de calidad vegetal, como si nos prendieran a la tierra sutiles raíces. Es la clase de amor que invita a disolverse. A ablandarse. A llorar. El que se diluye en melancolía cuando plañe la gaita. Amor que se abriga y se repliega más cada vez hacia la mayor intimidad; de la comarca al valle nativo; del valle al remanso donde la casa ancestral se refleja; del remanso a la casa; de la casa al rincón de los recuerdos.
Todo eso es muy dulce, como un dulce vino. Pero también, como en el vino, se esconden en esa dulzura embriaguez e indolencia.
A tal manera de amar, ¿puede llamarse patriotismo? Si el patriotismo fuera la ternura afectiva, no sería el mejor de los humanos amores. Los hombres cederían en patriotismo a las plantas, que les ganan en apego a la tierra. No puede ser llamado patriotismo lo primero que en nuestro espíritu hallamos a mano. Es elemental impregnación en lo telúrico. Tiene que ser, para que gane la mejor calidad, lo que esté cabalmente al otro extremo, lo más difícil; lo más depurado de gangas terrenas; lo más agudo y limpio de contornos; lo más invariable. Es decir, tiene que clavar sus puntales, no en lo sensible, sino en lo intelectual.

Bien está que bebamos el vino dulce de la gaita, pero sin entregarle nuestros secretos. Todo lo que es sensual dura poco. Miles y miles de primaveras se han marchitado, y aún dos y dos siguen sumando cuatro, como desde el origen de la creación. No plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; tendámoslos, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción exacta.
La canción que mide la lira, rica en empresas porque es sabia en números.
* * *
Así, pues, no veamos en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita; veamos un destino, una empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa no hay patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas, en sabores y colores locales. Calla la lira y suena la gaita. Ya no hay razón –si no es, por ejemplo, de subalterna condición económica– para que cada valle siga unido al vecino. Enmudecen los números de los imperios –geometría y arquitectura– para que silben su llamada los genios de la disgregación, que se esconden bajo los hongos de cada aldea.