martes, 3 de marzo de 2015

LO QUE IMPORTA



Se conoce por opinión pública ese ruido ambiental que enmascara lo que como a individuos nos resulta irrelevante porque no condiciona lo que cada uno aprovecha de la oportunidad de vivir.
No solo es un beso distinto para los dos que lo comparten ni un suspiro significa lo mismo para cada uno que lo exhale.
Todas las sensaciones provocadas por lo inesperado en el ánimo de cada uno son diferentes de las que despierte en otros.
Todos reaccionamos de manera distinta ante un estímulo semejante porque todos los seres humanos somos diferentes.
La llamada opinión pública no es más que la manipulación interesada  de quien quiera aprovecharse de englobar unidades dispares en un todo.
¿Es el asunto del que más se hable el que más preocupe al que lo oiga, o el que interesa más al que lo diga?
¿Le importan esas liturgias electorales tanto a los electores como a los elegibles?
¿Es cierto que los crímenes de las guerras actuales son más execrables que los de las guerras pasadas, o es que de los crímenes antiguos ya no pueden obtenerse beneficios al condenarlos?
Todo ello, ruido abstracto de emociones ajenas que, al intentar conmover a la mayoría, a nadie  perturban.
Solo lo que pellizca la intimidad de cada uno se filtra en la esencia individual: el sarcoma de Ewing en un niño de ocho años al que has visto reír o el primer trino del gorrión anunciando la primavera.

domingo, 1 de marzo de 2015

ANDALUCIA: SEGUIRA EL PSOE



Que los más listos del mundo se encierren en cónclave deliberativo para  que, antes de las nueve de la mañana del 22 de marzo, aclaren las angustias de los andaluces, tan inclinados al reconcomio existencial y a las trivialidades de los celos, la muerte y la pasión.
Tiene que ser antes de las nueve de la mañana de ese fatídico día porque, a ese hora, las urnas abrirán sus voraces ranuras para engullir los votos en los que los andaluces trazarán su futuro para los siguientes cuatro años.
Es decir, que seguramente se pondrán de acuerdo en que más vale que sigan gobernando los socialistas que, por mucho que los acusen de que se quedan con todo lo que pueden, reparten el botín con quienes no se metan con ellos.
Eso seguramente será lo que pase porque eso es, además, lo que las encuestas predicen y, como es normal, las elecciones se limitarán a confirmar lo que pronostiquen las encuestas.
Como fatalmente concluyó el andaluz Lorca, el resultado de la reyerta electoral del 22 de marzo está escrito: morirán cuatro romanos y cinco cartagineses o, lo que es lo mismo, ganará el PSOE y, al que le ayude, lo dejará meter mano en la cazuela.
Como serán unas elecciones libres en una tierra en la que la libertad impera, los perdedores podrán quejarse, protestar y extrañarse.
--“Pero, cómo es posible”-.-dirán—“que siga gobernando un partido en el que sus anteriores gobernantes están acusados de haber faltado a la ley”.
Esa contradicción la tiene resuelta la letra del mirabrás de hace dos siglos:
“A mí que me importa                                 
que un rey me culpe
si el pueblo es grande y me abona
voz del pueblo, voz  del cielo”.
Y es verdad porque, el mismo pueblo en cuyo nombre se imparte la ley es el que elige a los que la interpretan y aplican.
Ya no tienen que apresurarse los sabios del mundo y, si no quieren reunirse en ese cónclave deliberativo, que no lo hagan: El pueblo andaluz soberano para aprobar y aplicar sus leyes, si decide que el mejor para gobernar es alguien al que malas lenguas envidiosas culpan de quedarse con lo que no es suyo, punto en boca. Voz del pueblo, voz del cielo.

viernes, 27 de febrero de 2015

DIA DE ANDALUCIA



Como la gente de todas las tierras, los andaluces marcan un  día del año para autoafirmarse en su identidad diferencial de las de sus vecinos: es el 28 de Febrero, día de Andalucía.
Como los de cualquier otro territorio, los andaluces son la síntesis de gentes y pueblos más o menos vecinos, que se asentaron temporalmente en Andalucía como escala en su permanente peregrinaje.
Los habitantes de Andalucía evolucionan permanentemente y la impronta más reciente en su carácter, la que marcaron sus últimos invasores, evolucionará cuando una oleada posterior deje sus genes, sus costumbres y sus frustraciones.
Es un cambio pausadamente gradual en la manera de ser de las gentes que parece tan inmutable como su orografía, su clima o su vegetación.
La benignidad del clima, la fertilidad del suelo y la prodigalidad del subsuelo fijaban indefinidamente en Andalucía a los inmigrantes, hasta que otros más menesterosos y aguerridos los reemplazaran.
Solo los que aspiraban a ser nuevos andaluces demostraron capacidad bélica para lograrlo. Nunca, en los tres mil años de historia documentada de Andalucía, sus habitantes ofrecieron al invasor una resistencia tan determinante que hiciera fracasar la invasión.
Los mestizos de esas invasiones superpuestas son los que el 28 de febrero echan discursos, se visten de limpio y se admiran al sentirse andaluces: distintos de los otros porque son la consecuencia de lo que todos los otros fueron.
Y como antes, como desde hace más de tres mil años, los andaluces se quejan de los que los mandan, con la misma boca con la que les sonríen.

jueves, 26 de febrero de 2015

PATETICO



Hay que ver el lío que se lió en España: los 350 varones y matronas más preclaros del país, sus amanuenses, guardianes, palafreneros y sirvientes de cámara pendientes del gesto de cada uno para satisfacerlo antes de que lo pidiera, y todo ¿para qué?
Para que el señorito que manda le dijera al que quiere mandar que es “patético”.
¿Y eso qué es?
Pues patético es el que exagera su dolor o su tristeza, nada menos.
A eso ha llegado ésta España que empezó concordiándose después de 40 años de opresión de la mayoría de la población por parte de una minoría que había ganado una guerra civil.
Que seguramente empezaría porque el que mandaba entonces llamó patético al que quería mandar.
Es que este país no tiene arreglo: ya dijo un turista italiano que vino a España hace más de veinte siglos que los españoles, cuando no tienen enemigos fuera, lo encuentran dentro.

domingo, 22 de febrero de 2015

PARCIAL IMPARCIALIDAD EN ANDALUCIA





Para impedir que influyan en el resultado de las elecciones de Andalucía, el tribunal supremo ha aplazado hasta después de los comicios las declaraciones como imputados de Manuel Chaves, José Antonio Griñán, Gaspar Zarrias y Mar Moreno.
Los dos primeros fueron presidentes del gobierno andaluz y, los otros, sus más directos colaboradores durante los años en los que partidas multimillonarias de euros fueron desviadas a destinatarios para los que no fueron aprobadas.
La razón que motivó la demora fue la obligada imparcialidad de la Justicia en la tramitación de casos, para evitar que alguno de los litigantes se considere  perjudicado en beneficio de la parte contraria.
Pero, ¿puede considerarse imparcialidad privar del conocimiento necesario a los votantes,  para que sólo dispongan de elementos de juicio cuando el resultado sólo pueda revisarse cuatro años más tarde?
El aplazamiento de las declaraciones de los cuatro imputados supone una parcialidad judicial más dañina que el intento de conciliar los tiempos de la justicia y la política para evitar que uno interfiera en el otro.
Es indudable que el aplazamiento de las declaraciones condicionará el sentido del voto, tanto para los simpatizantes políticos de los imputados como para sus adversarios.
Si de lo que declaren después de los comicios se deduce que nada tuvieron que ver en el desvío de fondos públicos, algunos votantes que carecen de esa información se pronunciarán contra el partido de los imputados.
Por el contrario, si de las declaraciones de Chaves, Griñán, Zarrias y Moreno se deduce que influyeron en el escamoteo delictivo de fondos públicos, los que les concedieron el beneficio de la duda y votaron a favor del partido de los cuatro tendrán motivo de queja por haber sido inducidos a engaño.
Por eso, lo que la justicia debería haber hecho para ser imparcial habría sido ignorar que el 22 de Marzo de 2015 se celebran elecciones al Parlamento Andaluz, para que la fecha de las declaraciones hubiera respondido solamente al calendario judicial.

viernes, 20 de febrero de 2015

LA PELIGROSA DEMOCRACIA





Desde que se empleó por primera vez  en España, a  la palabra “democracia” le ha pasado como a la falsa moneda: aunque cambia permanentemente de mano, solo es auténtica para el que la tenga y falsa en cuanto sea de otros.
 “Democracia” es, en el español de hoy, una muletilla idiomática de gran utilidad para referirse a algo inconcreto, etéreo, impreciso, indeterminado que, como el perejil en la cocina, aromatiza todo debate político.
Hubo un tiempo en que, al contrario que ahora en que todo lo malo lo es por no ser democrático y todo lo bueno por serlo, achacaban a la democracia todos los males  de España.
Y es que “democracia” ha pasado a ser en el lenguaje diario español un término tan ambiguo como “cosa”, que lo mismo sirve para aludir a un roto que a un descosido.
Le  ha pasado a la democracia en España lo que al amor, esa atracción entre dos personas de apetitos sexuales opuestos y complementarios, que funden protuberancia y oquedad hasta formar un solo cuerpo.
Amor es el sentimiento de atracción mutua y la fusión de sus órganos es solo el procedimiento mecánico para hacerla tangible.
En España, a la democracia le ocurre lo que al amor, que de tanto abusar del procedimiento mecánico para materializarlo, acaba siendo un fin en sí mismo.
Ese sentimiento utópico conocido por democracia se vale para lograr su fin de que sea el pueblo el que se gobierne a sí mismo, eligiendo al que de ellos habrá de gobernarlos.
   El sufragio universal, que concede derecho a votar a todos los ciudadanos mayores de edad para elegir gobernantes,es el sistema adoptado en España y que implica que, si todos tienen el mismo derecho a elegir, también lo tienen a ser electos.
   Vale en ese sistema lo mismo el voto del que más aporte para sustentarlo que el del que contribuya menos y el de los más capacitados que el de los de menos, el de los que más cuidadosamente respeten las leyes que el de los más pertinaces en violarlas.
Las consecuencias de que cualquiera puede gobernar si es el que consigue mayor número de respaldos ocasionaron los dos mayores problemas a los que se enfrentan España y el mundo: el terrorismo de pretexto religioso y la ruina económica de España.
El terrorismo lo impulsó la decisión del tonto Jimmy Carter, elegido por los norteamericanos como autopenitencia para purgar las pillerías de Nixon, al consentir el derrocamiento del Sha de Persia y su reemplazo por Jomeini.
El desmadre económico-social de España lo impulsó el inocente Zapatero, elegido para reemplazar al pillo Aznar.
    Y es que, para gobernar países conviene más un pillo que un tonto y que poner a elegir al populacho ignorante, sentimental y apasionado es un acto suicida.

martes, 17 de febrero de 2015

EL ESTADO



El Estado es un organismo parasitario que se sirve del Gobierno para succionar de la sociedad los nutrientes de los que vive.
¿Por qué legitiman los ciudadanos la tropelía de que el Estado viva a su costa al prestarse a elegir al Gobierno?
Es un misterio más inexplicable que el propio hombre que, según Sócrates, es el misterio mayor porque, ¿cómo se explica que siendo el Estado una treta inventada por el hombre engañe a la sociedad, integrada por seres humanos?
Puede que la estupidez colectiva inhiba la inteligencia individual y que el hombre, al arrebañarse en grupo, renuncie a su libre raciocinio para amoldarlo al consensuado por la mayoría.
Y la mayoría, al renunciar cada uno de los individuos a expresar sus pensamientos íntimos para no incomodar al discrepante, se adapta al pensamiento colectivo para evitar que el grupo lo margine.
Ese es el origen de “lo políticamente correcto”, una hipocresía conveniente para que los demás te admitan como a uno de ellos.
El parásito llamado Estado es un ente artificial amorfo y multiforme. Contamina a toda la sociedad de la que vive y la mayor parte de las víctimas a las que parasita aspiran a convertirse en miembro del organismo parasitario.
Huésped del parásito es todo aquél que paga impuestos y se gana el pan fuera de las nóminas del Estado.
La epidemia parasitaria es ya pandemia y, en la misma medida en que crecen los que viven del parásito llamado estado, aumenta su demanda de nutrientes de los cada vez más escasos parasitados.
La creciente robustez del Estado es inversamente proporcional a la paulatina anemia de los huéspedes que parasita y representa una amenaza letal por desfallecimiento de la sociedad.
Lo que realmente asombra de la vitalidad del fenómeno parasitario estatal es la simpleza argumental de que se vale para que la sociedad parasitada no se percate del engaño:
Ha bastado reiterarle a los votantes que el Estado es de toda la sociedad porque todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la elección del Gobierno, que maneja el Estado.
Y los ciudadanos se lo han creído, o les conviene creerlo.