sábado, 22 de agosto de 2015

VIDA




VIDA
¿No hay niños que rien,
ni besos que vuelan
buscando unos labios
que besarlos quieran?
¿No hay anochecidas
tersas de impaciencia
porque no se asoma
la primera estrella?
¿Es que en este un mundo
de solo tristezas
corrupción, engaños,
niños que no nacen,
desgracias que alegran,
vivir una vida
merece la pena?




viernes, 21 de agosto de 2015

LA FUERZA DE LA PALABRA




Uno ha tenido la oportunidad de pisar las dunas iniciales de ese gran desierto en el que, los que se pierden, sueñan con la palmera solitaria bajo la que el agua de una fuente rumorosa regala el milagro de la vida.
Esa tópica imagen puede sintetizar la historia de la Humanidad, siempre inverosímilmente salvada cuando su exterminio parecía inexorable.
Y, salvo en el caso del colosal meteorito que al caer sobre Yucatán mató a los dinosaurios, fue el hombre el que amenazó su supervivencia y el compromiso posterior entre agresores y víctimas lo que la restableció.
Distingue al hombre su capacidad de controlar sus instintos y decidir si merece la pena ignorar el peligro que correrá por conseguir lo que ambiciona.
Si su audacia se convierte en temeridad las consecuencias escapan a su control para generar un conflicto con sus semejantes de intereses opuestos.
La disputa generada por intereses contradictorios forma parte de la Historia de la Humanidad tanto como el reacomodo de la convivencia entre los contendientes, posterior a la disputa.
Enfrentamientos entre naciones y pueblos resumen la Historia tanto como los términos de convivencia posteriormente acordados.
Tan determinante de las relaciones entre adversarios es el choque armado como la paz negociada, por lo que tanta importancia tiene la capacidad de destruir como la habilidad de negociar.
Si el hombre fuera solo un mamífero sería el más fuerte del grupo el que se impusiera al resto pero lo diferencia su capacidad de razonar para controlar los impulsos de su instinto.
Esa facultad de administrar sus reacciones determina la destreza del hombre para que la superioridad de su astucia tuerza en su favor el resultado desfavorable de su derrota por la fuerza.
La diferente habilidad del hombre para aprovechar su inteligencia determina el resultado de sus disputas con los su especie, y la victoria dialéctica que ponga fin al conflicto será del que mejor use la palabra.
Fuerza y armas, los recursos que el hombre emplea para imponer su voluntad, son insuficientes para consolidar su victoria si no la apuntala la razón que la justifique y la palabra que la explique.
El campo de batalla en el que crucen armas los contendientes y el resultado de ese enfrentamiento armado son episodios secundarios del conflicto en su conjunto.
La palabra, que es la herramienta con la que el hombre comunica lo que elabore su inteligencia, es el arma que decide el resultado final de los conflictos humanos.
Sirve para aunar alianzas con otros para convencerlos de que su enemigo es enemigo común, para lograr los términos más favorables en el acuerdo que ponga fin a la fase armada del conflicto y para preparar la revancha por la derrota, deslegitimando la victoria del adversario.
Es la palabra la herramienta bélica que enciende pasiones, justifica la violencia física para saciarlas y reaviva los ánimos para la revancha que restablezca el resultado de la derrota armada.
Con la palabra que el ágora contemporánea de las televisiones y los periódicos han sabido emplear con singular eficacia, los que perdieron una guerra la han ganado75 años después.
Lo demuestra que son los nombres de los perdedores de entonces (Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo) los que han desplazado de los callejeros a los vencedores (Franco,Mola).

domingo, 16 de agosto de 2015

NI ESPAÑA SIN CATALUÑA NI CATALUÑA SIN ESPAÑA



Hay reivindicaciones del Condado de Barcelona que, en su tozudo engreimiento para pasar de la insignificancia que fue a la excelencia a que aspira, deberían concedérsele.
La contramedida más eficaz para la aburrida sarta de disparates con que un tonto puede atontar al prudente que lo escuche es aceptar lo que diga.
Que ningún español vuelva, por favor, a discutirle a los catalanes que Miguel de Cervantes es catalán.
Es más, el autor del Quijote nació en el Canigó, la montaña sagrada de los catalanes ante la que el cura, exorcista ,vidente y capellán-limosnero del Marqués de Comillas, Jacinto Verdaguer, se transfiguró en poeta.
Hay un argumento decisivo a favor del origen de Cervantes: ningún ser humano que no sea catalán puede ser tan pesado como para escribir un pestiño tan indigesto como el Quijote.
Lo mismo puede decirse de la reclamación catalana sobre el origen de Santa Teresa de Jesús, una especie de versión antigua de la moderna Pilar Róala que, como la santa experimentaba raptos místicos, es transportada a veces por arrobamientos incontrolados.
Lo de reivindicar como propios méritos ajenos es definitorio en el carácter catalán: alardean de laboriosidad aunque los que más trabajen sean los charnegos.
Reclaman como consustancial al carácter de Cataluña la iniciativa empresarial de los catalanes pero el exponente del éxito catalán en el mundo de los negocios nació en el pueblo sevillano de El Pedroso.
Es una relación cimentada en tantas contradicciones aparentes que más les valdría a Cataluña y España eternizarla. ¿A qué huésped más suculento que España podría parasitar Cataluña? ¿Qué parásito tan hiperactivo como Cataluña podría despertar la modorra española?
Y, si los catalanes no se quejaran de los españoles y los españoles de los catalanes, ¿a quien íbamos a culpar de la incapacidad de ambos pueblos para sacar sus países adelante?

sábado, 15 de agosto de 2015

LAS ESPAÑAS



La mejor manera de estrenar tablero es escribir sobre algo tan viejo como  España que de tan antigua podría pasar por eterna, si no incomodara a los españoles de izquierdas para los que solo es una argucia de los de derechas para esclavizar al pueblo.
Hay organizaciones internacionales que reconocen a España como a uno de sus miembros porque paga como socio único la cuota total que corresponde a todos los países a los que robó su identidad diferencial.
La historia reciente ha demostrado que situaciones idénticas han evolucionado para que cada pueblo disfrute de su aspiración legítima a ser lo que quieren ser y dejar de ser lo que otros se empeñaron en que fueran.
¿Por qué si los croatas y los serbios dejaron de ser yugoslavos para que los consideraran croatas y serbios, no pueden los andaluces dejar de ser españoles para ser andaluces?
Y ¿por qué tienen que ser obligatoriamente andaluces los jienenses o cordobeses, si son las dos únicas de las ocho provincias de Andalucía que no tienen salida al mar?
Los genéricamente conocidos por españoles, habitantes de un territorio diverso y desigual, son consecuencia indeseada de su permanente sometimiento a los intereses de la derecha, que los ha gobernado siempre, si se exceptúan los seis años y pico de la primera y segunda repúblicas.
Tiempo era ya de  que a los que viven en los diferentes paisajes de España sea la influencia telúrica y no ideológica la que determine sus vidas y costumbres.
Cuando los cordobeses dejemos de ser andaluces, españoles y europeos para ser lo que somos, a partir de noviembre y hasta febrero se pagará a todos los ciudadanos la estancia en las Canarias o el Caribes y, de Mayo a Septiembre, en las amables praderasy en los agrestes montes asturianos.
Y, desde esas distancias, añoraremos las heladas estepas y los calcinados cortijos de nuestra idealizada Córdoba.

viernes, 31 de julio de 2015

EL MATRIMONIO



Cuando vuelvan los hombres y las mujeres a conocerse para después acostarse la actual secuencia de acostarse para así conocerse parecerá cosa de antiguos, algo afortunadamente superado.
¿Qué tendrá que ver el orden de los factores si el resultado es el mismo?
Tiene que ver, siempre que las dos partes coincidan previamente en que conocerse y acostarse son meros experimentos para no descubrir a destiempo que no se aguanta el uno a la otra o la otra al uno.
Porque conocerse cada uno a sí mismo y conocer al otro-a para así poderse explicarse las reacciones propias y las contrarias ante actitudes y situaciones no previstas es lo que importa entre dos, antes de que sean más de dos.
Y, como ni el uno ni la otra, o como ni la otra ni el uno son idénticos a sí mismos cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día de cada semana de cada mes de cada año que convivan, será una asociación estable lo relatimavente eterna que dure el matrimonio.
No es un alegato contra la mecánica adoptada por la sociedad para articularse  sumando fracciones únicas de individuos que evolucionan a familias, tribus, clanes y naciones.
El matrimonio, como asociación básica de dos personas diferentes una de la otra es, cualquiera que sea la forma que adopte, el primer compromiso tácito o explícito que el individuo acepta para vivir asociado.
Y el hombre es la única criatura que, ni encerrado, pierde su libertad que a través del pensamiento puede transformarlo cada minuto del que era hasta el minuto antes.
Hombre y mujer evolucionan constantemente por la erosión de los años y por la influencia de agentes externos a sí mismos y, además, acusan modificaciones en sus comportamientos como reflejo de conocimientos permanentemente renovados.
Un hombre y una mujer que contraen matrimonio son una mujer y un hombre diferentes en sí mismos y uno del otro el segundo posterior al de comprometerse con el “sí” ritual.
¿Cómo puede anticiparse la reacción de cada uno hacia el otro si  ninguno de ellos puede garantizar que responderá lo mismo que, en situación idéntica pero en un estado de ánimo distinto lo hizo antes?
Azar, casualidad y no causalidad. Justificación posterior de reacciones humanas inesperadas. Matrimonio y vida. El secreto del mayor misterio, el ser humano.

miércoles, 29 de julio de 2015

CECIL, EL LEON QUE CREÝO MORIR LIBRE



LA MUERTE DEL LEON


Anda desde hace días de boca en boca y de periódico en televisión la inesperada muerte gloriosa de un viejo león, reducido desde hacía años a engañar a los turistas haciéndoles creer que todavía era lo que desde hacía tiempo habías dejado de ser.
A “Cecil”, el viejo león de Zimbabwe, lo mató la flecha del dentista de Bloomington Walter James Palmer, previo pago de 50.000 dólares a las autoridades locales por permitirle abatirlo.
Cecil murió como un león de verdad aunque hacía ya años que había dejado de serlo. Desde que le implantaron bajo la piel que tapaba su melena un chip electrónico para que la gloriosa libertad de los de su raza quedara en libertad vigilada.
La libertad de Cecil era falsa, tan postiza como el riesgo de cazarlo del que después podría alardear el dentista.
Ya no hay leones que como el Camborio anden por el monte solos, ni cazadores que arriesguen su vida al matar para comer.
Cecil, el único honrado de ésta historieta de pillos y tunantes, de falsificadores de mitos y de heroísmos con póliza de seguros es el bueno del lance chusco del episodio de las sabanas de Zimbabwe.
El león, el único que ignoraba que la escenificación de su muerte había sido predeterminada, murió no como el león electrónicamente controlado en que lo habían convertido sino como él león libre que creía ser.
Todos los que intervinieron en su muerte sabían que mataban a un símbolo de la libertad desde hace tiempo muerto.
Cecil, el león que ignoraba que había perdido desde hace tiempo su libertad, pudo morir sintiéndose libre al pagar con su vida un lance desfavorable de la caza.

martes, 28 de julio de 2015

LAS REVOLUCIONES



Mientras no se demuestre lo contrario, el que manda sabe más que el que obedece y puede que la verdad del porquero lo fuera tanto como la de Agamenón, pero necesariamente serían pocas veces coincidentes.
El porquero sabría que si el cochino necesitaba tener el agua cerca del comedero no estaba capacitado para la transhumancia, pero Agamenón había echado cuentas y comprobado que, si lo engordaba por encima de las nueve arrobas, perdía y no ganaba en el negocio.
Sus conocimientos diferentes pero complementarios colocaron a cada uno en el escalón social que les correspondía para que, sumados, la sociedad avanzara por la interminable senda del progreso.
Por eso, y aunque en teoría todos los hombre seamos iguales, no hay dos que ejecuten las misma función con idéntica eficacia.
De vez en cuando, en situaciones en que por aburrimiento con la rutina establecida o porque un ramalazo de enajenación colectiva enloquce a la humanidad y la incita a creer que cualquier cambio será mejor que mantener el orden social como está, estallan las revoluciones.
Y entonces la humanidad, o la parte de ella afectada por esa locura transitoria, echa a andar la revolución: ponen a Agamenón a cuidar de los cochinos y a su porquero a negociar con los mataderos y con los fabricantes de piensos.
¿Y cuanto dura eso de que una señora que sabe mear en la calle gestione las relaciones con la prensa de un ayuntamiento o hagan alcalde a algún guasón chirigotero?
Lo que tarden sus sucesores en volver a usar los retretes y a presidir desde el sillón del palco presidencial los desfiles carnavaleros.