viernes, 11 de diciembre de 2015

ESA INCURABLE ARGENTINA


 

 

ás,

“¿Te acordás Milonguita vos eras
la pebeta más linda “e Chiclana
la pollera cortona y las trenzas
y en las trenzas un beso de sol?”

Esa Argentina poéticamente canalla, de tangos que cantan a la minifaldera prostituta del bulín de Chiclana, sigue siendo un país en eterno debate entre la intelectualidad titulada y el desgarro del bandoneón.
Tierra de Papas y sicoanalistas y, simultáneamente, de Jefas del Estado con apariencia de mujer fatal, que se quita de en medio para no ver cómo pierde la corona de reina del cabaré.
Y es que Argentina es la síntesis de la alternancia entre lo que es y lo que podría ser, del orgullo de tener y de la insatisfacción de no ser dueña de lo que es suyo, de la incomodidad del europeo en un entorno indoafricano.
Sorprende más conocer a un carpintero argentino que a un boliviano astrónomo y, sin embargo, seguramente habrá bolivianos astrónomos y carpinteros argentinos.
Todos los humanos quisiéramos ser, si pudiéramos serlo, argentinos: ser lo que nos gustaría ser para dejar de ser lo que somos.
Por desgracia, en éste mundo ruin, pragmático y materialista, la propia identidad la establecen los demás, y no nosotros mismos.

Somos como los otros nos ven, no como nosotros nos vemos. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA ESPAÑA FELIZ

Como hay gente pa tó, abundan los que se ganan los langostinos vaticinando que, como la cosa siga así, vamos a tener que comernos la consecuencia de haber comido.
Se equivocan esos agoreros porque nunca habían vivido los españoles tan bien como ahora: pueden prescindir de que trabajen seis millones, además de los incontables políticos y enchufados políticos.
Y no hay ni un español sin telefono móvil ni un hogar sin televisión para ver ”Sálvame”.
Lo más llamativo: antiguamente, cuando tan mal se vivía, solo el que más mandaba se permitía perder un par de semanas pescando salmones y otro par de ellas matando perdices.
Ahora, como para hacer lo que hacía un tal Caudillo hacen falta unos cuantos de cientos de miles de políticos, se dedican todos durante 50 de las 52 semanas del año.a intentar que los elijan o reelijan para el cargo político del que comen o del que pretenden comer.
Las restantes dos semanas las emplean en la campaña electoral oficial, esos días frenéticos en los que unos se desgañitan porque quieren seguir mandando y otros quieren echarlos para vivir bien ellos.
Ese es el momento que ahora vivimos: oyendo cómo cada uno de ellos pone de vuelta y media a los demás para, después de 20 de diciembre, coincidir en que el que haya ganado y mande, nos ha engañado.

El pueblo. la chusma, los votantes  o los ciudadanos (que de forma tan variada  se llama a los votantes), nunca se equivoca. Esa es la esencia y la grandeza de la democracia.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

A PEDRO SANCHEZ


Dijo la Zorra al Busto, zorrabusto
Después de olerlo:
«Tu cabeza es hermosa,
Pero sin seso»
Como éste hay muchos,
Que aunque parecen hombres,
Sólo son bustos.
(Félix María Samaniego- 1745-1801)


martes, 8 de diciembre de 2015

EL DEBATE

Si Pedro Sánchez  hubiera leído “El Arte de la Guerra” del chino Tsun Zú, no le habría pasado anoche lo que le pasó: por no identificar correctamente a su enemigo se dedicó a atacar al que no lo era y lo derrotaron los que lo eran.
Al joven Sánchez, que podría haber sido un inapreciable jefe  del departamento de señoras en unos grandes almacenes, le ha dado por ser político.
Y así le va: en el debate de anoche se empeñó en venderle unos zapatos de tacón alto a una señora espigada como el PP, en vez de convencer a dos posibles clientas bajitas, como Podemos y Ciudadanos, de que esos serían los zapatos que realzaran la  esbeltez de su tipo.
Así que Pedro Sánchez habría sido tan mal vendedor de zapatos como lo es en el negocio de la compraventa de votos.
En la memoria queda la prueba de esa amarga verdad: el tedioso, repetitivo e intranscendente debate a cuatro con que Antena 3 castigó ayer a sus seguidores, que hubieran disfrutado más con una película de sexo, violencia y crueldad sádica.
Los debatientes de la antena tres, en la primera parte del debate, eran como cuatro chacales que se disputaban la misma carroña: los votos.
(En la segunda parte se unió a los cuatro chacales  un quinto: la muchacha que en la primera había estado calladita como moderadora y que, después, se transfiguró en entrometido incordio).
Lo cierto es que en el debate electoral pasó lo que tenía que pasar: que los cañonazos dialécticos de Sanchez quedaron cortos porque el Partido Popular está fuera de alcance para la artillería de su PSOE y que Ciudadanos y Podemos aprovecharon para, impunemente, destrozarlo a trabucazos.
Y todo porque los asesores de Pedro Sánchez lo han engañado (para eso cobran) haciéndole creer que ganará las elecciones solo si descarta quedar segundo.

¿Y por qué lo habrán engañado? Seguramente porque la tarifa por asesorar a un aspirante a ganar es superior a la que se cobra a un aspirante a perder lo menos posible.

domingo, 6 de diciembre de 2015

LA FARSA ELECTORAL

Este tiempo por el que estamos atravesando los españoles es el  habitual en España desde que el invicto Caudillo dejó de mandarnos lo que teníamos que hacer, decir, pensar o callar.
Lo único que ha cambiado es que, en vez de un solo Caudillo,  ahora nos lo mandan aprendices de caudillo, sin capacidad de caudillaje.
En las campañas electorales, todos los aspirantes a caudillos entran en un frenético paroxismo de simulación de lo que no son, al prometer lo que saben que no pueden cumplir.
Juegan a redentores de los demás para redimirse a sí mismos y a la caterva de parásitos que esperan engordar con los desperdicios del festín del amo.
Es ésta España un constante festival teatrero con tres o cuatro aspirantes a primer actor, varios miles de comparsas para hacer bulto y un patio de butacas con millones de apasionados espectadores que siguen al pié de letra las instrucciones para aplaudir o abuchear del jefe de cada claque.
El pueblo español, desde sus butacas, está entrenado secularmente para desempeñar su cometido: los españoles siempre fueron espectadores de la farsa y nunca protagonistas.

Eso sí: pagaron la entrada que después de la función se repartieron empresarios, primeros actores, las chicas del coro, el villano de la farsa, los tramoyistas, el apuntador y, naturalmente, los críticos que después publicaron que la comedia había sido genial.

sábado, 5 de diciembre de 2015

LA INTERESADA IGUALDAD DE LOS ROJOS


    El rojo Pedro Sánchez (lo llamo rojo no por desmerecerlo sino para elevarlo a la altura de mi Susana Diaz, la socialista que más manda ahora), es evidente que no cree en la igualdad que su partido predica.

Estoy impaciente por rectificar esa apreciación mía: bastaría que me explicara por qué se propone privar al Partido Popular, tan escrupulosamente legal por lo menos como el suyo, de su obligación de intentar gobernar si es el que gana las próximas elecciones, aunque sin mayoría absoluta en el Congreso.

Dice hoy el periódico El Mundo—tan de fiar como El País, Público, o el Plural—que Sanchez se propone inducir a Podemos y Ciudadanos a que se unan a sus socialistas para que el Partido Popular no gobierne si, aunque sea el que más votos consiga, necesita el apoyo o la abstención de PSOE, Ciudadanos o Podemos para formar gobierno.

Y es que ésta peculiar democracia española es una filfa: en las de vcerdad, la gente  elegiría a sus gobernantes y en ésta, los votantes se limitan a apoyar a los desconocidos que los mandamases de los partidos ponen en sus listas.

Este tejemaneje del que tantos comen cigalas gracias a que los demás comemos espinacas, ha sustituido la dictadura unipersonal por otra en la que los jefes de los partidos ejercen dictauras turnantes.

Eso sí: las ranas podemos croar libre y escandalosamente en la charca cada vez más cenagosa, que es el hábitat reservado a los sapos.

Pero, siempre hay peros, ya la letra de aquella sevillana lo advertía: “¿Para qué quiero llorar si no tengo quien me oiga?”    

 

viernes, 4 de diciembre de 2015

LAS MODAS


Estoy hasta mi semítica nariz de casi todo pero lo que me sublevaría, si no fuera demasiado fatigoso sublevarse, sería lo de las modas, sus catálogos y, sobre todo, sus modelos.
Todos y todas son jóvenes, esbeltos, bonitos de cara y proporcionados de tipo.
Los y las modelos son raros especímenes que, en pelotas, estarían tanto o más vistosos que con las ropas que anuncian.
¡Vaya mérito el de los modistos! Se las rebuscan y ganan un dineral haciendo atractivos a los que ya lo son.
Es como si un plato de jamón de montanera necesitara estar bien ordenado en el plato para que sepa mejor al engullirlo.
Que echen en el plato un guiso pegado e incomible lo sirvan y lo adornen con el mayor esmero, a ver si consiguen que sea un manjar para un inapetente crónico.
Que se atrevan los modistos a hacer bonito a un viejo tripón, arrugado, desdentado, paticorto, calvo y con los ojos llorosos por un catarro incontenible.
Estaría bonito, únicamente, dentro de una caja de caudales cerrada e instalada en un salón a oscuras.

Y ni así.