sábado, 25 de marzo de 2017

SUSANA Y EL POQUER



Antes de que fuera Susana la lideresa andaluza que todos conocemos, la Susana que casi todos conocíamos era Susana la casta, la que en el libro de Daniel arrostró todas las penurias que le sobrevinieron por rechazar la pretensión libidinosa de dos viejos verdes que, para más INRI, pasaban por modelos de virtud.
La Susana Diaz de ahora, más que ser pretendida,  es ella la que pretende ligar una escalera real de color en el azaroso mundo de la política tan parecido al del póquer, para que ningún otro jugador se pueda llevar el pot al que asciendan las apuestas.
Ya posee los ases de secretaria general del PSOE andaluz y Presidenta de la Junta de Andalucía, a las que quiere añadir las de Secretaria general del PSOE y  Presidenta del Gobierno de España.
Si en el descarte final le dieran el comodín a cambio del naipe del que se desprenda, habrá ligado el repóquer.
Solo la jugada  de escalera de color real—combinación tan rara de naipes que por ahora solo se reserva al Rey, como Jefe del Estado—superaría, aunque solo en rango simbólico, a la que Susana aspira a presentar.
Si lo lograra, se abriría necesariamente el inevitable análisis posterior a toda partida de póquer:
¿Se ha quedado con toda la apuesta en disputa el jugador más afortunado o el más preparado para ganar?
¿Ha ganado el ganador porque era el mejor de los apostantes o porque los demás eran peores jugadores que el ganador?
¿Ganó Susana por ser la que llevaba cartas mejores para ganar, o porque los perdedores jugaron peor las cartas que les habían repartido?
Lo más probable será que, en este mundo calvinista en el que el éxito justifica los procedimientos para alcanzarlo, Susana se quede con los cuartos y sus contrincantes con la boca abierta.

viernes, 24 de marzo de 2017

BENAVENTE Y PABLO IGLESIAS



Se dice que don Jacinto Benavente, aquel premio nóbel de literatura español autor de “Los Intereses Creados” llegó a ser tan popular entre las opulentas señoras de su tiempo como en los suyos lo es Pablo Iglesias para sus escuálidas adoratrices.
En cierta ocasión un nutrido grupo de aquellas fans de Don Jacinto lo acosaban para que “les dijera algo”.
“No me gusta hablar a tontas y a locas”, dicen que se excusó.
Y en eso, y en mucho más, Don Jacinto se diferenciaba de Pablo Iglesias que, en cuanto tiene audiencia propicia, abre el grifo de sus palabras aunque se ahogue en la inundación que provoque.
Un ejemplo:
Entrevistaban en una emisora al locuaz Iglesias sobre su negativa y la de su partido a condenar la agresión a unos guardias civiles y sus novias en un bar de Alsasua, allá en la antes bucólica Navarra, en la que si un hombre pegaba a una mujer era considerado poco hombre.
Pues Iglesias contestó, pontificando como siempre que habla, a la pregunta que le hacía el entrevistador: ¿había leído el auto judicial en el que se basa la acusación a los pegamujeres?.
No lo había hecho, admitió.
De lo que se deduce que Pablo Iglesias no es Don Jacinto Benavente porque, al revés que al nóbel de literatura, lo pirra hablar a tontas y a locas.

jueves, 23 de marzo de 2017

LAS AVISPAS

   En cuanto le arranquemos un  par de hojas al almanaque renegaremos del verano que ya habrá llegado y añoraremos al invierno que ya se fue.
Y es que el hombre lo es porque su memoria le hace añorar lo perdido, menospreciar lo que tiene y envidiar lo que otro tenga.
El verano es tiempo de calor y de avispas, a una de las cuales ví ayer cuando, desde su asiento en el Congreso de los Diputados, incordiaba al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.
No es  Iglesias un nuevo Cassius Clay porque no vuela como una mariposa ni pica como una avispa.
Viste su magra figura, eso sí, con ropas tan llamativas, por su extravagancia al lucirlas donde por distinguirse de los demás desentona, como la avispa revolotea para hacerse notar con las rayas horizontales amarillas y negras de su cuerpo.
Montó el número, dio el espectáculo y logró que las televisiones repitieran las imágenes de un fulano que se cree gracioso, aunque no tenga ni chispa de gracia.
Recordaba la actuación de Iglesias aquella comedia conocida por Las Avispas, que Aristófanes estreno el año 422 antes de Cristo y en la que se escenificaba la trampa operada en una urna (como las que ahora se utilizan en las elecciones) para que el pillo consumara su pillería.
Impagable Pablo Iglesias que, por dejarse ver en el Congreso de los Diputados como se deja ver y oir, demuestra que en un sistema como esta democracia de guardarropía que es la democracia española, cualquiera puede ser diputado y hasta (ay, Zapatero) Presidente del Gobierno.


miércoles, 22 de marzo de 2017

LA ELECTRICIDAD DEL GOBIERNO



Dicen que el tiempo, si no es eterno, es más duradero que los artefactos inventados por el hombre, y hasta más que el hombre que ha inventado herramientas para medir el tiempo.
Así que, aunque San Mateo recomendara que no nos preocupemos por el mañana porque cada día tiene su propio afán, el afán actual de los españoles es sacudirnos esa pulga molesta que nos succiona la sangre, conocido por gobierno.
¡Pero si el gobierno que por fin tenemos los españoles es un gobierno democrático!
El cáncer no deja de serlo aunque lo diagnostiquen como benigno.
Vamos a suponer, lo de la energía  imprescindible para mover todos los inventos mecánicos o tecnológicos que el hombre actual necesita para que su vida sea más cómoda que la anterior a que los inventara la ingeniosidad del hombre.
Todos esos artefactos tienen dos características: una vez disfrutados sus beneficios cuesta prescindir de ellos, y todos funcionan gracias a la energía eléctrica.
Por eso cada día es mayor la demanda de artilugios que hagan la vida humana más placentera y, cada día, es más necesaria la energía, generalmente eléctrica, que los haga funcionar.
Cada vez  más escasa la energía hidráulica, la derivada de la combustión de petróleo o carbón, la que procede de la fuente natural de energía para la tierra que es el sol, se usa cada vez con más ahínco para que funcionen los artilugios que usamos.
Y el sol, además, está al alcance de todos los humanos y, por mucho que aumente la demanda de energía solar, durará tanto como dure el sol, de cuya existencia depende la existencia humana.
¿Y por qué no recurrimos cada vez más a la fuente inextinguible de energía que es el sol?
Porque el gobierno (por lo menos el gobierno español, que es el que se encarga de complicarle la vida a los españoles), lo impide.
Un ciudadano español no puede, si quiere, instalar placas solares en el tejado de su casa o en el jardín de su propiedad para dejar de pagar a las compañías eléctricas autorizadas por el Gobierno del Estado, que por gracia gubernamental monopolizan la producción y distribución de energía eléctrica.
En definitiva, que si el gobierno español es el gobierno de todos los españoles, lo es ante todo de las compañías productoras y distribuidoras de electricidad.
Y, encima, tiene ese gobierno la desfachatez de decir que su preocupación gubernamerntal somos todos los españoles, incluidos los que pagamos la electricidad que producen y distribuyen las empresas que se forran gracias al gobierno.
Es menester ver…

martes, 21 de marzo de 2017

APRENDER A MANDAR



  Es aconsejable simplificar conceptos de complicada comprensión para que, cuando el que diga querer, por ejemplo, el que lo oiga no entienda poder.
Y, ¿qué es poder?
a)  La capacidad de hacer o ser algo
b)  La capacidad de ejercer dominio sobre uno o varios individuos
c)  La capacidad de influir en la decisión de otros
d)  Ejercer la autoridad determinante en una sociedad.
Sabiendo de lo que hablamos, hablemos de lo que los españoles estamos hablando desde hace medio siglo sin saber de lo que hablamos: de la democracia.
Porque la democracia es eso de lo que tanto hablamos los españoles sin saber a ciencia cierta de lo que estamos hablando.
Trasladado el concepto de democracia a la realidad práctica, los españoles ejercemos el poder que la democracia le otorga una vez cada cuatro años, el momento en que depositamos un papel en una urna.
¿Y los 1.459 dias restantes?
Obedecemos al que le hayamos encargado mandar tan servilmente como obedeceríamos si mandara contra la voluntad de todos, menos de la suya.
Hablamos y discutimos tanto de democracia desde hace medio siglo porque de algo hay que hablar y, cuanto menos entendamos de lo que hablamos, más apasionante será la conversación que a veces termina en discusión,  para solventarla con la dialéctica del puño y la espada.
¿Acierta más el que manda porque en un día aciago lo eligieron para mandar o el que en otro día tan funesto empezó a mandar después de cargarse a todos los que se atrevieron a disputarle el mando?
Es como discutir si el huevo salió de la gallina o la gallina del huevo.
Hay huevos y hay gallinas, lo mismo que hay el que manda y los que obedecen.

Como dicen los que evocan la métrica latina, no hay que buscarle tres pies al gato.

lunes, 20 de marzo de 2017

LA COPA DE LA GENTE

 Se dice que al siempre ocurrente Pablo Iglesias se le ha ocurrido una ocurrencia que, como todas las suyas, si no origina un conflicto donde no lo había, enconará el que intente solucionar.
Parece que ahora anda diciendo que a la hasta ahora Copa del Rey que disputan todos los equipos de todas las disciplinas deportivas, debería cambíársele el nombre para que pase a llamarse “Copa de la Gente”.
(Podría habersele ocurrido Copa del Jefe del Estado, pero le hubiera salido sarpullido por recordarle al que durante 40 años ejerció ese cargo, el Innombrable Caudillo).
Como en anteriores ocurrencias de Iglesias para las que su solución enconó el conflicto, también ésta lo hará si se le hiciera caso.
Porque Rey o Jefe del Estado solo hay uno que representa a los cuarenta y pico millones de españoles así que, cuando le entrega el premio al capitán del equipo campeón del torneo, representa a todos los ciudadanos del Estado sobre los que reina o a los que jefatura.
Pero en ésta España fragmentada por los partidos políticos, ¿cómo se va a convencer el simpatizante del partido contrario que lo representa el que mande en otro partido distinto?
¿Se sentiría representado por Pablo Iglesias un ciudadano convencido de que el Jefe de Podemos es solo un malandrín bueno para nada?
En el fondo, y con su descabellada propuesta de llamar Copa de la Gente a la Copa del Rey, lo que el soñador Iglesias ha soñado es que será é mismo el que entregue la Copa, libre España de otros presuntos tiranos,  y que sea el propio Iglesias el que la tiranice.
Porque si no es así, y ojalá lo sea, los cuarenta y pico millones de gentes distintas que somos los españoles tendríamos que entregar uno a uno la Copa de la Gente al equipo triunfador.
¿Y donde metemos a cuarenta y tantos millones donde ahora solo caben poco más de cien mil?
¿Cuánto duraria la ceremonia de entrega que, ahora, se despacha en diez minutos?

Si se lo pensara mejor pensado, Iglesias se conformaría con su cometido actual de sultán de odaliscas y dejaría que otros menos afortunados gobernaran España.

domingo, 19 de marzo de 2017

SOMETIDOS PERO SATISFECHOS

¿Quién no conoce a algún adulto que ayunaría si alguien no le pone un plato delante, iría  por el mundo desnudo si alguien no le comprara la ropa que viste y, si no se la planchara y lavara alguien, saldría a la calle como un espantapájaros?
Pues, como los individuos que sumados unos a otros forman el pueblo, es el pueblo español.
Y el pueblo español, que nunca ha tenido que valerse por sí mismo para no arriesgarse a no depender del que lo alimenta, calza, viste y le da dinero para comprar el tabaco que fuma, es un pueblo eterna y felizmente dependiente de esa madre solícita y a veces tirana que es el Estado.
Y es que el entrenamiento más determinante para que un pueblo llegue a su madurez soberana es el de, progresivamente, hacerse cargo por sí mismo de la tutela tiránica y protectora de la madre,
El pueblo español de ahora no nacería si la madre-estado no le fija una clínica donde hacerlo, no se educaría si la madre-estado no le facilitara la escuela en la que lo eduquen, padecería todas las enfermedades de la infancia si el Estado no le fijara donde, cuando y qué vacunas debe administrarle la sanidad estatal.
¿Y el trabajo que el ciudadano no tendría si la madre protectora no se lo proporciona? ¿qué carrera universitaria cursaría si el estado no se la fijara de antemano manipulando la oferta de plazas en las facultades?
Si el Estado-madre solícita no le subvencionara su supervivencia cuando pierda su trabajo, ¿de qué viviría hasta que el Estado le dé otro empleo?
¿Y la tranquilidad de conciencia del que puede culpar al Estado porque no le resuelve los problemas que hubieran sido de su exclusiva responsabilidad si el Estado no existiera?
Echando cuentas, un ente abstracto como es el Estado resuelve  mal que bien los problemas particulares del ciudadano, que hasta puede y debe quejarse si la solución no le satisface.
¿Y si el ciudadano al que el Estado le dice lo que debe pensar, decir y  hacer no lo obligara a hacer, decir y pensar lo que le indique?
La perspectiva es tan incómoda que más vale que el Estado siga decidiendo por cada individuo sometido a su control.

Por lo menos éste Estado Democrático Español permite protestar al ciudadano, como el perro puede aullar en las noches de plenilunio.