miércoles, 16 de diciembre de 2009

SONREIR A MARRUECOS

Los europeos están cabreando a Marruecos sin darse cuenta de con quién se juegan los cuartos.
Por fortuna, el ministro marroquí de Comunicación, Jalid Naciri, tiene más paciencia que el Santo Job, que para los moros es el profeta Ayub, y le ha dado una última oportunidad a los entrometidos europeos.
Naciri advirtió al Parlamento Europeo que “le interesa ayudar a Marruecos a construir su democracia y no a crearle dificultades”.
En conversación con periodistas españoles, el ministro Naciri avisó—y el que avisa no es traidor—“que supondría un problema muy serio la presentación en el Parlamento Europeo de una resolución desequilibrada” para Marruecos.
Lo que no quiere el moro Naciri es que el Parlamento debata una resolución que apoye el regreso de Aminatu Haidar a su casa del Sahara Occidental de donde fue expulsada por declararse saharaui y no marroquí.
El Sahara Occidental es un territorio sobre el que Marruecos reclama una soberanía que la ONU no reconoce, al no haberse completado el proceso de descolonización emprendido por España, la potencia administradora.
Un acto de violencia marroquí, la marcha verde impulsada por Marruecos aprovechando un vacio real de poder en España por la agonía del dictador Franco, forzó al abandono del territorio, tras la firma de los Acuerdos de Madrid.
Marruecos y Mauritania ocuparon el Sahara que ocupaba España, que sin embargo carecía de capacidad para ceder administración o soberanía a las dos potencias ocupantes.
La anexión del Sahara Occidental a Marruecos como sus “provincias del Sur” que reivindica el Rey Marroquí no la reconoce ningún Estado “ya que ello implicaría el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental”, según el Informe del Secretario General de la ONU del 19 de Abril de 2006.
Como su ocupación en 1975, Marruecos recurre a los hechos para negar o autorizar a la saharaui Aminatu Haidar su derecho a entrar o salir de su tierra.
A los hechos y, por boca de Jalid Naciri, a argumentos de peso: a la Union Europea le conviene mas en el Magreb “un interlocutor como Marruecos” que “unos aventureros” como Argelia y el Polisario.
Ahí puede que lleve razón el ministro moro aunque la elección del mal menor no es, necesariamente, la única alternativa posible.
Lo que Europa y el mundo no moro deberían decidir es si necesitamos más a los moros de lo que los moros nos necesitan a nosotros.
Si el primero fuera el caso, habrá que aguantarlos y capear el temporal pero si podemos pasar sin ellos, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Que los moros se queden en la morería y, si alguno asoma el turbante por aquí, que se tope con el Guerrero del Antifaz, que sabía cómo tratarlos

miércoles, 9 de diciembre de 2009

ROMANCE DE LA NUEVA ESPAÑA

Unos lo llaman cajeta,
otros concha lo llamaban,
conejo también le dicen
por su apariencia afelpada.
Almeja, potorro o chirri
son nombres que igual le cuadran.
Se llame como se llame
no debe ser cosa mala
porque quien puede lo toca,
y lo acaricia o lo atrapa
sin que su dueña proteste
ni le ponga mala cara.
Hay quien dice que lo lleva
en su entrepierna Bernarda
y que llanitos, gabachos,
marroquíes y piratas
se turnan en su magreo
con dictadores sudacas.
Eso que Bernarda tiene
y que impunemente palpan
los que saben que es juguete
que a nadie le importa nada
lo admiraban con respeto,
lo temían o lo odiaban
cuando solo tenía un nombre
lo que entonces era España.

domingo, 6 de diciembre de 2009

CHANTAJE CRONICO DE MARRUECOS

Lo ha sentenciado Zapatero, y punto en boca: en el desenlace del caso de la saharaui Aminatu Haidar “debe prevalecer el interés general”, el mantenimiento de las buenas relaciones entre España y Marruecos.
Y la experiencia enseña que la concordia entre los dos países depende de la diligencia con que el gobierno español acate lo que el Rey de Marruecos mande.
El chantaje al que la Monarquía alauí sometió a la España catatónica en la fase terminal de la esquizofrenia franquista coincidió con el inicio de la Monarquía Constitucional española.
Aquella España indefensa tuvo que ceder al gran chantaje de la Marcha Verde y abandonar el Sahara Occidental. La Monarquía Constitucional que nació al rebufo de aquella extorsión se ha habituado a ceder y el éxito ha enviciado a Marruecos en la extorsión impune a España.
Pero las circunstancias de aquél otoño de 1975 nada tienen que ver con la realidad actual de España, de Marruecos ni del mundo.
Faltaban 14 años para que cayera el Muro de Berlin y la Unión Soviética todavía aspiraba a una salida al Atlántico desde un Sahara Occidental bajo influencia de Argelia.
Las Democracias Occidentales toleraban con escrúpulos a la Dictadura de Franco, y acentuaban su repulsa por los fusilamientos de dos meses antes.
En España, el Dictador agonizaba desde que en Octubre contrajo gripe y las soterradas luchas internas por su herencia pasaron a ser navajeos cainitas.
La disputa interna por el poder se trasladaba a la lucha exterior en el conflicto hispanomarroquí: Jaime Piniés, embajador en las Naciones Unidas, abogaba por la facción proargelina, partidaria de completar el proceso de descolonización que culminaría en la independencia del Sahara Occidental.
Pedro Cortina, ministro español de asuntos exteriores, era considerado interlocutor no válido por Rabat, que lo acusaba de antimarroquí, y prefería entenderse con el ministro José Solís.
Era embajador en Rabat Adolfo Martín Gamero. Durante años había coincidido en Nueva York, donde era Cónsul General, con Piniés, al que voluntaria o involuntariamente disputaba la preeminencia como el funcionario español de mayor rango.
Llegué a Rabat el seis de Noviembre de 1975, el día en que comenzó la marcha verde, el oportunista desafío marroquí a una España paralizada para apoderarse del hasta entonces Sahara Español.
El embajador Adolfo Martín Gamero, el ministro consejero Amaro González Mesa y el secretario Pedro Gamero se veían obligados a recurrir a toda su profesionalidad para simular su desconcierto: Marruecos se echó atrás de un pacto inicial para que la marcha verde simbólica se suspendiera en cuanto la vanguardia de los 300.000 movilizados atravesara la frontera, para iniciar conversaciones en Madrid.
El Rey se había ido a Agadir y el embajador solo pudo hablar con Mohamed Benhima, el único ministro que se había quedado en Rabat. Cuando Martín Gamero le hizo ver el peligro de que hubiera bajas marroquíes si la Marcha Verde se internaba en el Sahara, replicó: “Sa Majesté á dejá 30.000 marocains rayés” (“Su Majestad ya da por perdidos 30.000 marrquíes”).
(Cuando, finalizada la Marcha Verde, asistí en Rabat a una conferencia de prensa convocada por el Rey, oí contestar a Hassa II a la pregunta de si había tenido en cuenta la posibilidad de que hubieran muerto muchos marroquíes en la Marcha Verde: “Estimamos que la recuperación de las provincias del sur bien valía “la moisson de un année de naissances en Maroc”(la cosecha de un año de nacimientos).
En Marruecos, la vida de Aminatu Haidar sigue siendo—como cuando la Marcha Verde—una simple moneda para pagar objetivos políticos, pero la España de 2009 ya no está aislada, sino que forma parte de la Europa Comunitaria en la que necesita vender sus tomates Marruecos.
Los Estados Unidos ya no necesitan a Marruecos para frenar el expansionismo argelino-soviético y a la monarquía alauita, que tan provechosamente ha utilizado el chantaje en sus tratos con España, puede que le siente bien su medicina.
Al gobierno español le bastaría con mostrarse neutral—y no parcial hacia Marruecos como hasta ahora—en el conflicto saharaui-marroquí.

lunes, 30 de noviembre de 2009

MINISTERIO PARA LA REDENCION DE CAUTIVOS

El error de los tacaños recalcitrantes que niegan a las “Organizaciones No Gubernamentales” su colaboración económica no es su falta de espíritu solidario, sino su irresponsabilidad conservacionista.
Porque las ONG, al menos nominalmente, son los únicos reductos que, al no estar financiadas por los gobiernos, escapan a la manipulación gubernamental.
Es cierto que las ONG se financian principalmente con fondos públicos, pero son dineros bien gastados aunque solo sea porque se destinan a organizaciones que proclaman, aunque mientan, que no tienen nada que ver con los gobiernos.
Hay otras contradicciones en las ONG que llaman la atención: ¿no necesitan su solidaridad en los paises que las financian y tienen que buscar pobres en el extranjero?
El exotismo y la distancia, ¿hacen más perentoria la necesidad de ayuda que las ONG se desviven por prestar?
Es cierto que la sociedad española carece de problemas materiales porque la acción gubernamental los ataja antes de que puedan enconarse, pero la soledad y la fragmentación familiar abundan y los cooperantes podrían mitigar esos dolores con algo tan barato como la compañía, que no cuesta dinero.
Si se reparte fuera lo que dentro hace falta, ¿no será porque interesa más llevar consuelo lejos que repartirlo en casa?
Habrá malpensados, inevitablemente, que sospechen que la de las ONG es una martingala para que sus cooperantes se peguen viajes gratis de aúpa que, por su cuenta, les costaría un Potosí.
Aunque los pobres de Mauritania, Marruecos, Senegal y Gambia precisaran la ayuda de Acció Solidaria, tenían mas cerca La Mina, El Pomar, Torre Baró o Trinidad Vieja tan exóticos para un burgués catalán como donde han tenido que ir a que los secuestren.
Han ido los tres secuestradores voluntarios catalanes a remediar problemas ajenos y han creado un problema en casa: el de tener que negociar el rescate que sus secuestradores pidan.
Si a la racha que empezó en el Océano Índico con el Alakrana y ha continuado con el de Mauritania le sigue algún caso de secuestro más--no hay dos sin tres—en la próxima reorganización ministerial haría bien el Presidente del Gobierno en crear un ministerio y encargárselo a algún Trinitario: el de la Redención de Cautivos.

domingo, 29 de noviembre de 2009

DESIGUALDAD HUMANA

Que todos los hombres son iguales es, como otros dogmas políticamente correctos, verdad de muchos que no consuela más que a quien teme o sabe que es menos que los demás.
Hasta el carbonero más crédulo debería extrañarse de que, siendo todos diferentes, seamos todos iguales.
Pero hay que ser suspicaz patológico para desafiar la tiranía del igualitarismo imperante y dudar de esa afirmación abstracta, sin pruebas irrefutables de su falacia.
La prueba se ha hecho esperar pero, afortunadamente, ha llegado.
En una transacción comercial tradicional, en la que el valor de lo que se vende lo fija el que está interesado en su compra, se va a pagar la libertad de un solo hombre con la de 980.
Si todos ,los hombre fueran iguales, el Estado de Israel pondría en libertad a un solo palestino, y no a 980, a cambio de que la organización terrorista palestina Hamás suelte al soldado israelí Guillad Shalit, al que retiene desde hace más de 1.250 días.
Seguramente habrá sido una tasación ecuánime porque árabes e israelíes—antiguamente conocidos por judíos—comparten fama bien merecida de habilidad para el comercio y el regateo.
La noticia del acuerdo entre el tribunal supremo israelí y Hamás para el intercambio de presos, si repercute como debiera y se usa en adelante como norma, puede revolucionar la filosofía política y las relaciones humanas.
Si los hombres no valen lo mismo y son diferentes, ¿por qué deben gozar de los mismos derechos y soportar las mismas obligaciones?
¿Qué baremo debe aplicarse para encuadrar en castas y clases diferenciadas a los humanos?
Llevado a sus últimas consecuencias, el ejemplo palestino-israelí significará el principio de una nueva sociedad racionalmente desigualitaria que, posiblemente, será tan injusta como la actual, pero mucho más acorde con la realidad.

viernes, 27 de noviembre de 2009

ESPAÑA Y CATALUÑA

Porque la compartan, la opinión difundida por una docena de periódicos catalanes no la hace más certera que la de un solo individuo, la mía.
El de opinión es un derecho individual y su ejercicio en grupo demuestra la coincidencia de quienes la suscriben, no su justeza.
Así que tanto derecho tiene la pandilla de editorialistas a decir lo que piensan como yo a opinar sobre lo que dicen.
El escrito coral no me molesta.
Lo que me fastidia es que intenten venderme el burro cojo de su preocupación por el bienestar de España.
Si por conveniencia política inmediata ocultan que quieren independizarse de España, que no envenenen la relación de vecindad futura timando a los que todavía son sus compatriotas.
Cataluña, seguramente, conseguirá su independencia porque los que alborotan para lograrla demuestran más diligencia que quienes no la desean. Capador es el que más chifla, no el que chifle mejor,
Pero, cuando por fin se libren de la opresión española que padecen, los catalanes seguirán teniendo a los españoles por vecinos, porque España continuará sin ellos.
La actual es la misma España que abarcaba desde Finisterre a las islas Palau y sobrevivirá cuando otros territorios que ahora la integran se hayan desmembrado.
En el caso de Cataluña y las Provincias Vascongadas parece que le está costando convencerse de que, contra pueblos que se dejan arrastrar por dirigentes independentistas audaces, fracasan la fuerza y el soborno.
No es a los españoles de fuera de las Vascongadas o de Cataluña a los que corresponde oponerse al ansia independentista de sus dirigentes, sino a los que en esos territorios no quieran la independencia.
Si no lo hacen, les corresponderá por su pasividad el mérito y la responsabilidad de la inevitable independencia.
Mejor independientes de España que españoles a disgusto porque tan malo es encizañar la convivencia de una familia de la que no se quiere formar parte como obligar a que forme parte de esa familia a quiera no quiera ser parte de ella.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

UN PARASITO LLAMADO ESTADO

El Estado es un organismo parasitario que se sirve del Gobierno para succionar de la sociedad los nutrientes de los que vive.
¿Por qué legitiman los ciudadanos la tropelía de que el Estado viva a su costa al prestarse a elegir al Gobierno?
Es un misterio más inexplicable que el propio hombre que, según Sócrates, es el misterio mayor porque, ¿cómo se explica que siendo el Estado una treta inventada por el hombre engañe a la sociedad, integrada por seres humanos?
Puede que la estupidez colectiva inhiba la inteligencia individual y que el hombre, al arrebañarse en grupo, renuncie a su libre raciocinio para amoldarlo al consensuado por la mayoría.
Y la mayoría, al renunciar cada uno de los individuos a expresar sus pensamientos íntimos para no incomodar al discrepante, se adapta al pensamiento colectivo para evitar que el grupo lo margine.
Ese es el origen de “lo políticamente correcto”, una hipocresía conveniente para que los demás te admitan como a uno de ellos.
El parásito llamado Estado es un ente artificial amorfo y multiforme. Contamina a toda la sociedad de la que vive y la mayor parte de las víctimas a las que parasita aspiran a convertirse en miembro del organismo parasitario.
Huésped del parásito es todo aquél que paga impuestos y se gana el pan fuera de las nóminas del Estado.
La epidemia parasitaria es ya pandemia y, en la misma medida en que crecen los que viven del parásito llamado estado, aumenta su demanda de nutrientes de los cada vez más escasos parasitados.
La creciente robustez del Estado es inversamente proporcional a la paulatina anemia de los huéspedes que parasita y representa una amenaza letal por desfallecimiento de la sociedad.
Lo que realmente asombra de la vitalidad del fenómeno parasitario estatal es la simpleza argumental de que se vale para que la sociedad parasitada no se percate del engaño:
Ha bastado reiterarle a los votantes que el Estado es de toda la sociedad porque todos los ciudadanos tienen derecho a participar en la elección del Gobierno, que maneja el Estado.
Y los ciudadanos se lo han creído, o les conviene creerlo.