viernes, 4 de octubre de 2013

DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIO A NO ANDAR- 3- GUERRA CIVIL Y DICTADURA

El apaño para que un miembro de cada familia viviera del Estado calmó por un tiempo el descontento, que rebrotó violentamente cuando el sistema de escuchantes falló: se descubrió una mañana una mancha de sangre y, tras el recuento, se echó en falta un cordero.

Ni el titular del cargo ni su correturnos habían dado la voz de alarma y la agria disputa sobre el responsable se saldó con el acuerdo que forzó el patriarca de la familia más numerosa para que contrataran a su hijo mayor, un haragán de 30 años al que la madre tenía que dar de comer para que no se cansara al levantar la cuchara, como Jefe del “Servicio de observadores, escuchantes y alarma de la comunidad” (soeyac).

El descontento entre los miembros de la familia que quedó en minoría en el goce de las prebendas del incipiente Estado brotó como la hierba después de la lluvia, se exacerbó con el aire de mandamases de la familia más numerosa y finalmente desembocó en la primera guerra civil: los agraviados, con nocturnidad y sin previo aviso, asesinaron mientras dormían a más de la mitad de los varones de la familia mayoritaria.

En la dictadura que los vencedores asesinos establecieron sometieron a los varones enemigos supervivientes a esclavitud y a las hembras al concubinato, lo que unas aceptaron con curiosidad, otras con resignación y las demás con alivio por librarse de sus parejas.

Fue una dictadura totalitaria que no admitía discrepancias ni necesitó ejecutar a ningún disidente porque nadie se atrevía a disentir. La producción de bienes de consumo, su distribución y reparto se nacionalizó. Es decir, que el dictador mandaba lo que había que hacer, quien debía hacer cada cosa y lo que a cada uno había que darle.

Si hubieran existido ya indicadores ponderados del bienestar, habría que calificar de éxito aquella primera dictadura: aumentó cada año el número de corderos nacidos, el de frutos recogidos y el de niños traídos al mundo.

Había una mujer albina entre los habitantes predominantemente morenos de la llanura que, además de ejercer de partera, hacía cocciones medicinales y se decía que hablaba con los espíritus.

El dictador le preguntó por qué habían aumentado los nacimientos si el número de varones había disminuido.

“Porque en la variedad”, le replicó crípticamente la bruja—“esta el gusto”.

Es difícil calcular cuánto duró la aceptación por los gobernados de aquél sistema de gobierno, porque  faltaban siglos para que el tiempo se midiera en dias, semanas, meses y años.

El cambio más significativo fue la muerte de la bruja albina, cuyas funciones heredó una nieta suya de rostro en cuyas mejillas se formaban hoyuelos al sonreír, esbelta, de curvas voluptuosas, genio alegre y dispuesto a hacer favores.

La popularidad de aquella bruja embrujadora crecía al mismo ritmo que el dictador envejecía y se hacía avinagrado y caprichoso su carácter.

Imperceptiblemente al principio y más abiertamente con el paso del tiempo, se percibían síntomas de cambio. En voz baja al principio y abiertamente después empezaba a pronosticarse el fin de la dictadura, el cambio solamente de la persona del dictador  y hasta que gobernaría alguien a quien todos apoyaran.

Solo coincidían todos en que la bruja joven era eficaz, amable y. además, estaba muy buena.

 

 

 

 

 

 



 
 
 El apaño para que un miembro de cada familia viviera del Estado calmó por un tiempo el descontento, que rebrotó violentamente cuando el sistema de escuchantes falló: se descubrió una mañana una mancha de sangre y, tras el recuento, se echó en falta un cordero.
Ni el titular del cargo ni su correturnos habían dado la voz de alarma y la agria disputa sobre el responsable se saldó con el acuerdo que forzó el patriarca de la familia más numerosa para que contrataran a su hijo mayor, un haragán de 30 años al que la madre tenía que dar de comer para que no se cansara al levantar la cuchara, como Jefe del “Servicio de observadores, escuchantes y alarma de la comunidad” (soeyac).
El descontento entre los miembros de la familia que quedó en minoría en el goce de las prebendas del incipiente Estado brotó como la hierba después de la lluvia, se exacerbó con el aire de mandamases de la familia más numerosa y finalmente desembocó en la primera guerra civil: los agraviados, con nocturnidad y sin previo aviso, asesinaron mientras dormían a más de la mitad de los varones de la familia mayoritaria.
En la dictadura que los vencedores asesinos establecieron sometieron a los varones enemigos supervivientes a esclavitud y a las hembras al concubinato, lo que unas aceptaron con curiosidad, otras con resignación y las demás con alivio por librarse de sus parejas.
Fue una dictadura totalitaria que no admitía discrepancias ni necesitó ejecutar a ningún disidente porque nadie se atrevía a disentir. La producción de bienes de consumo, su distribución y reparto se nacionalizó. Es decir, que el dictador mandaba lo que había que hacer, quien debía hacer cada cosa y lo que a cada uno había que darle.
Si hubieran existido ya indicadores ponderados del bienestar, habría que calificar de éxito aquella primera dictadura: aumentó cada año el número de corderos nacidos, el de frutos recogidos y el de niños traídos al mundo.
Había una mujer albina entre los habitantes predominantemente morenos de la llanura que, además de ejercer de partera, hacía cocciones medicinales y se decía que hablaba con los espíritus.
El dictador le preguntó por qué habían aumentado los nacimientos si el número de varones había disminuido.
“Porque en la variedad”, le replicó crípticamente la bruja—“esta el gusto”.
Es difícil calcular cuánto duró la aceptación por los gobernados de aquél sistema de gobierno, porque  faltaban siglos para que el tiempo se midiera en dias, semanas, meses y años.
El cambio más significativo fue la muerte de la bruja albina, cuyas funciones heredó una nieta suya de rostro en cuyas mejillas se formaban hoyuelos al sonreír, esbelta, de curvas voluptuosas, genio alegre y dispuesto a hacer favores.
La popularidad de aquella bruja embrujadora crecía al mismo ritmo que el dictador envejecía y se hacía avinagrado y caprichoso su carácter.
Imperceptiblemente al principio y más abiertamente con el paso del tiempo, se percibían síntomas de cambio. En voz baja al principio y abiertamente después empezaba a pronosticarse el fin de la dictadura, el cambio solamente de la persona del dictador  y hasta que gobernaría alguien a quien todos apoyaran.
Solo coincidían todos en que la bruja joven era eficaz, amable y. además, estaba muy buena.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 2 de octubre de 2013

DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIO A NO ANDAR.-2 EL NACIMIENTO DEL ESTADO


2,-DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIÓ A NO ANDAR

EL NACIMIENTO DEL ESTADO 
Hay tanta anécdota incluida en la Historia de la Humanidad que cribar la paja para que quede el grano ha sido el cometido de un estudio multidisciplinar y plurinacional coordinado por el más prestigioso informático japonés.
Destaca entre sus conclusiones que El Paraíso al que se refieren todas las creencias como reino de la inocencia y la felicidad originales no era una especie de finca en la que todo era bueno y nada malo, sino un estado de ánimo que a cada individuo le provoca una particular sensación de felicidad y contento.
Hay plena coincidencia en que el descubrimiento que supuso el primer paso hacia el progreso de la Humanidad se debe el hijo poeta de una de las dos familias asentadas en cuevas al pié de un risco ante el que se abría una llanura orientada al sur.
 El lírico del descubrimiento, que no hacía hasta entonces nada útil, comprobó un día que si dejaba de hacer ruido y concentraba su atención, oía lo que antes no había oído.
Inventó así escuchar, actitud activa del que quiere oír algo que, sin esforzarse, no percibe.
Después perfeccionó ese invento con el de no oír lo que no le conviniera.
Pronto se difundió que se había inventado escuchar y el jefe de una de las dos familias del valle, que era padre del inventor, propuso que entre todos pagaran su alimentación,  vestido, la seguridad social, quinquenios y vacaciones.
Fue un acierto porque, gracias a lo que oía mientras escuchaba, alertó a los demás de la amenaza de merodeadores, por lo que salvaron muchos corderos.
Pero llegó el día en que se dio de baja temporal por stress y el jefe de la otra familia propuso, y se aceptó, que contrataran a un hijo que tenía la rara habilidad de quedarse durante horas sin mover un músculo, como correturnos del vigía titular y en las mismas condiciones sociales y laborales.
A la larga, aquél vino a ser el día más aciago en la Historia de la Humanidad porque fue en el que nació el Estado que, en tan poco tiempo desde  su fundación, ya había aumentado un cien por cien sus gastos de personal.
Como toda calamidad impredecible, la fundación del estado les hizo mucha gracias a todos, hasta que tuvieron que privarse de parte de lo suyo para pagar a los dos funcionarios. A partir sde entonces, los contribuyentes experimentaron dos sensaciones simultáneas: envidia por no tener un trabajo fijo y bien considerado y descontento porque los vigías cobraban hasta en los muchos días en los que no tenían que dar la alarma.
Envidia que, a la larga sería indispensable para el progreso de la Humanidad porque estimula la competencia que exige el esfuerzo necesario para alcanzar el poder.
 
 
 
 

lunes, 30 de septiembre de 2013

DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIÓ A NO ANDAR


 


 


DESDE QUE EL HOMBRE APRENDIÓ A NO ANDAR


1.-REPARTO, ESCENARIO Y EPOCA

(Con éste primero, empieza una serie de 18 capítulos que se emitirán lunes miércoles y viernes, hasta que se acaben)

Conviene centrar, antes de empezarla, el propósito de esta obra: seguir la evolución del hombre como sustantivo colectivo de la raza humana, que  engloba a mujeres, hombres, niños, niñas, viejos, viejas, maricas, tortilleras, tontos, listos y hasta híbridos de todas las variedades anteriores.

Intentará ser una historia social del hombre, por lo que ignora su etapa de nomadismo porque el hombre adquiere condición social cuando tiene domicilio postal y fiscal en el que localizarlo para que pague lo que se le reclame.

Queda para los zoólogos la etapa referida a lo que algunos califican de hombres primitivos, y que  no eran más que los hippies, zíngaros o feriantes originales, un escalón por debajo de la especie humana.

Con el sedentarismo, realmente, comienza la historia de la humanidad porque los nómadas no permanecían el suficiente tiempo en un mismo lugar como para influir determinantemente en su transformación y evolución.

Aclarado lo anterior, pasemos al objeto de ésta historia:

Se inicia  en un lugar del que solo se sabe que no correspondía a lo que fueron territorios del Imperio Romano ni del Oeste Americano ni de España, lo que nos evita insistir en la guerra civil española, los gladiadores y los indios, que ya han sido tratados con fidelidad por el cine.

Después de lo dicho, solo hay que precisar que este trabajo empieza cuando un hombre vigoroso seguido por una mujer a la que los partos han envejecido, y media docena de niños, descienden por la vereda de un escarpado risco, a cuyos pies se extiende una ancha llanura que se pierde en el horizonte.

Traen con ellos algunas ovejas, lo que hace pensar que son nómadas dedicados al pastoreo, en busca de mejores pastos.

   A la derecha de la vereda un rumoroso salto de agua se precipita desde la cumbre y, unos cientos de metros después de llegar a tierra llana, se remansa en una gran laguna, cuya contemplación fascina a los caminantes.

Encuentran cobijo en una honda cueva que descubren al pié del risco y es tan abundante la comida para sus ovejas, tan conveniente el río que fluye a su lado y del que siempre consiguen agua que, aunque sin decidirlo expresamente, se asientan en el lugar cambiando de hecho el atrasado nomadismo por el prometedor sedentarismo.

Fue satisfactorio el tiempo transcurrido desde que llegaron hasta el momento en que decidieron no seguir su itinerario de nómadas errantes: encontraron caza abundante e inocente, fácil de cobrar a pedradas o con  el cayado.   

Tiempo después, cuando el rebaño de corderos había triplicado su número, llegó  otra familia, de unos 12 miembros, que se instaló en otra cueva a unos mil pasos de distancia de la suya y supusieron que habrían descendido al llano por el mismo sendero que ellos.

Vivieron durante años las dos familias como los protagonistas de las “Vidas paralelas” de Plutarco, aunque coincidiendo en el tiempo y lugar de sus andanzas.

Aunque no consultaron entre ellos la decisión, los dos grupos debieron decidir por el mismo tiempo su decisión de liquidar el poco szerio nomadismo y sentar cabeza en aquel paraje de clima resguardado y alimentación abundante, pintiparado para el sedentarismo formal.

Siempre comienza de la misma manera el entrecruzamiento de dos grupos ajenos : la mujer de uno de los grupos cruza miradas con un hombre del otro,  uno devuelve el cordero que se ha mezclado con los suyos o los pastores de las dos familias espantan juntos a lobos o buitres amenazantes.

Aunque no hubiera todavía intercambio copulativo entre individuos de distinto sexo de los dos grupos, la población de de la llanura aumentaba sin parar.

”¡Qué barbaridad”, exclamará escandalizado un defensor de la moral establecida. “¿Insinúa que el abominable incesto era consentido?”

Ni siquiera  lo convencía que los primeros humanos creados por Dios con el mandato tajante de “crecer y multiplicarse” fueron hombre y mujer que tuvieron dos hijos varones, por lo que solo podían obedecer a su Creador haciendo de la necesidad virtud.

Consideraciones morales aparte, que de hecho no se plantearían  hasta que el ser humano estuvo en condiciones de filosofar después de solucionar el perentorio problema de alimentarse, lo cierto es que los ex nómadas y neosedentarios habitantes de la llanura pasaron a inscribirse en el registro civil de la historia como los primeros hombres.

De ellos podría decirse lo que ·The New York Times dice de las noticias que publica: merece la pena se sepan.

martes, 24 de septiembre de 2013

PROTEGER PARA DOMINAR


  Benditos padres que, desde que nacieron sus hijos, vivieron su vida en la de sus hijos y no recuperaron su propia vida hasta que la perdieron y los dejaron en el desamparo de su orfandad, aunque casados y con sus propios hijos.

Pasaron la infancia de los hijos cogidos de la mano para que no se cayeran en sus primeros pasos y hasta cuando competían en carreras infantiles.

Por la noche, se turnaban para vigilar despiertos y que no se sintieran solos y abandonados si alguna pesadilla los despertara.

Les buscaron las novias o novios con los que casarse y tener hijos y les desaconsejaron que les gustara alguien que a ellos los disgustara.

Trabajaron y estudiaron todos en lo que sus padres les aconsejaron y no tuvieron que buscar nuevas viviendas para su propio hogar porque sus padres ampliaron la vivienda familiar para que acogiera a abuelos, hijos y nietos, tres generaciones distintas pero con rechazos, gustos y apellidos iguales.

La igualdad los había hecho felices hasta que desaparecieron los fundadores de aquella armoniosa Arcadia.

La armonía pasiva se quebró por el freno roto a la durante tanto tiempo frenada individualidad.

Cuando faltó el administrador de los bienes comunales, cada uno quiso gastarlos en su afición particular reprimida, alguno intentó separarse para vivir por su cuenta y los otros se lo impidieron.

En definitiva, que aquella armonía impuesta por el sometimiento a la voluntad de los padres se parecía a la España de Franco.

Y la dispersa, en la que el acuerdo se rechaza sin tener siquiera en cuenta si sería bueno o malo, porque no ha sido negociado, es la España de hoy.

¿Deberían volver otros Franco para recuperar la armonía perdida? Jamás. Ni los que lo precedieron desde hace dos mil años.

Seguiría siendo el español un pueblo infantil, incapaz de asumir la responsabilidad de sus actos y de aprender de sus errores.

No hay mejor manera de educar a un educando que permitirle que cometa sus propios errores para que no los repita.

Tan dañino para hacer adultos a sus hijos superprotegidos son los padres superprotectores como para los pueblos son los gobernantes que solucionan todos los problemas a sus gobernados.

Es el sistema más eficaz para tenerlos siempre sometidos.

martes, 17 de septiembre de 2013

FEDERACION O CONFEDERACION


A estos socialistas que pasan del internacionalismo integrador, ( que se opone al nacionalismo excluyente), o les faltan principios o les sobra oportunismo.

Tampoco parecen entender muy bien el federalismo que propugnan, porque el actual estado de las autonomías lo es, salvo en el nombre.

Porque se llama federación a la agrupación regulada e institucionalizada de entidades sociales o regionales relativamente autónomas.

La aproximación que los socialistas españoles proponen para beneficiarse del voto independentista catalán es una confederación.

La confederación es, y los dirigentes socialistas catalanes deberían saber o sus correligionarios del resto de España deberían hacérselo saber, es la unión parcial de estados que, conservando sus soberanías, se rigen por algunas leyes comunes.

Los nacionalistas catalanes nunca han ocultado que su aspiración es la de estado confederado con el estado español, una relación en la que ambos conserven sus soberanías y apliquen leyes acordadas en común.

Exactamente la que, como parte de la corona de Aragón, había mantenido Castilla con los territorios pertenecientes a la Corona de Aragón: los reinos de Valencia y Aragón, el Principado de Cataluña y el Reino de Mallorca.

A todos ellos los privó Felipe V de las instituciones y los derechos propios, como castigo por haber apoyado al aspirante austriaco derrotado.

Muy posiblemente, la supresión de los derechos diferenciadores de las regiones españolas fue más una oportunidad política aprovechada por el Rey francés que venganza o castigo por la lealtad que dieron a su adversario.

Los decretos de nueva planta de Felipe V sirvieron políticamente al nuevo rey para sustituir las administración estatal diferenciada por regiones de los Austrias, por el centralismo administrativo de los borbones franceses, definido por la frase “el estado soy yo” de su abuelo Luis XIV.

Esa dispersión politico-administrativa, que podría haber tenido sentido cuando todavía se estaba consolidando la centralización del estado para acabar con el feudalismo, parece poco oportuna por el creciente internacionalismo económico y político actuales.

Pero ni las personas ni los estados actúan siempre al dictado de la razón, porque hay veces en que un sentimiento tan irracional, como la independentismo que divide, triunfa sobre la interdependencia que une.

domingo, 15 de septiembre de 2013

PATRIOTISMO


La Patria, que etimológicamente es el lugar de origen de los padres y antepasados, es también un sentimiento universal que comparten amigos y enemigos y que excitan para matarse entre ellos.

Suele llamarse Patria al territorio agrupado bajo una administración o Estados  y que ha alcanzado su extensión territorial mediante la suma, generalmente por victorias militares, de regiones y la pérdida, generalmente por guerras perdidas, de otros territorios.

La mayor parte de los habitantes de una patria comparten un mismo sentimiento ideal y heroico del pasado común,  en el que se rinde tributo tanto a los momentos de gloria como a los de desgracia.

La España que ahora se limita a 505.000 kilómetros cuadrados es la misma patria que cuando sus dominios llegaban a los 22.000.000 de kilómetros cuadrados, y seguirá siendo la misma si pierde alguno de sus actuales territorios.

El germen de la actual España empezó en un minúsculo rincón de Asturias cuando unos pocos de cristianos no sometidos por los ejércitos islámicos, los derrotaron en una escaramuza con armas poco más mortíferas que las piedras que les lanzaron.

Desde Asturias, y a lo largo de siglos de combates con distinto resultado, se impuso la civilización cristiana a la musulmana.

También mediante bodas entre reyes y príncipes sumó o perdió territorio España, hasta llegar a la extensión que ahora tiene.

Solo los audaces tienen la osadía de predecir el futuro, por lo que nadie puede vaticinar el futura de la extensión territorial de España.

El patriotismo, por lo tanto, debería medirse por algo menos grosero que el tamaño, como se suele utilizar para valorar un cortijo.

¿Qué sentimientos, pues, despierta la idea de Patria?

Los españoles coincidimos en calarnos las gafas negras de la tragedia y ponernos melodramáticos para expresar nuestro patriotismo:

y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra”

Samuel Johnson posiblemente el inglés más influyente de su tiempo, creía que”el patriotismo es el último recurso de los canallas” y el general George Patton, que de guerras sabía todo lo que tenía que saber, decía que “el patriotismo es conseguir que otro desgraciado muera por su país antes de conseguir que tú mueras por el tuyo”.

 

viernes, 13 de septiembre de 2013

UN SISTEMA QUE EN ESPAÑA NO SIRVE


   Una de las promesas de Mariano Rajoy para que su Partido Popular ganara las elecciones fue frenar el crecimiento de la deuda pública (la suma de la deuda del estado central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos) , que el socialista Zapatero había dejado en 734.962 millones, un 14, 2 por ciento más que el año anterior.

   Los resultados del año y medio de gobierno del Partido Popular bajo Mariano Rajoy indican que, en vez de mejorar la gestión del Estado, la ha empeorado:

    2012: 884.416 millones- 20,1 % más que 2011.

    2013: (hasta finales de Juio):  942.758 millones- 17,16%.

Esos números bastan para declarar vanas las promesas de Rajoy, pero ojalá fuera solamente eso.

Avisan una vez más que el sistema para administrar el Estado que sucedió al de Franco es, por lo menos, tan ineficaz como el franquismo, la república, y la monarquía previa.

Ninguno de ellos solucionó problemas permanentes de España como la educación, la concordia social, la aceptación de España como unidad o la maduración de los ciudadanos para que, de niños dependientes, pasen a adultos independientes.

Sin cambio de mentalidad de sus ciudadanos para asumir sus propias  decisiones, y no dejarlas en manos ajenas (el estado, la Iglesia, los sindicatos, el COI, la banca o la suerte), es imposible que el sistema de gobierno llamado democracia tenga futuro en España,

Porque la democracia (el poder de la gente) nace falsa si, en lugar de conquistarla el pueblo le es concedida, como ocurrió en España.

Lo que distingue esencialmente a la democracia de otros sistemas es que el poder nace en el pueblo y lo representa el gobernante.

En sistemas dictatoriales o personalistas el poder del pueblo eleva a la cumbre al que gobierna.

En España, sin embargo nace en el que manda para que lo acepte el pueblo.

Las elecciones que se celebran son una simple ratificación del que la burocracia del partido haya designado para mandar.

Para que la democracia real y no la ficticia se consolide en España (cuyo pueblo gritaba hasta hace dos siglos “viva las cadenas” se requiere tanto tiempo como los ciudadanos de Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Francia  y Holanda tardaron en conseguirla.

Solo se habrá asentado la democracia cuando el ciudadano se ruborice de que los demás lo ayuden, y no exija y alardee de que el Estado lo haga.

En definitiva, cuando los conceptos de deber y derecho se contrapesasen en la valoración de los ciudadanos, asuman sus responsabilidades y solo desde la convicción honesta de haberlas cumplido, reclamen sus derechos.