jueves, 23 de octubre de 2014

UNA SODOMA DE LADRONES



¿Encontraría Dios en la España actual un político honesto al que, como a Lot en Sodoma, mereciera la pena salvar de la destrucción general?
Al paso que la justicia hace que aumente el número de pujoles, bárcenas, ratos, blesas, griñanes, chaves y otras especies rapaces se confirma el convencimiento de que lo mejor sería exterminar todos los cargos públicos a los que se acceda por elección.
Muerto el sistema se acabó la corrupción lo mismo que, muerto el perro, se acaba la rabia.
Nada es casual: la martingala que montaron a la muerte de Franco los que querían heredar sus privilegios sin haber ganado una guerra tenía el propósito de vivir del cuento haciendo creer a los parasitados que les hacen el favor de parasitarlos.
Han sido (y los que quedan),tiempos de tunantes contra inocentes que de tan ingenuos no quieren convencerse de que los están engañando y de que los que viven a su costa no pueden dejar de hacerlo.
Si los honestos ciudadanos parasitados por huéspedes indeseables se decidieran a exterminarlos,experimentarían el beneficio de no tener que compartir su vigor y su esfuerzo.
Es de ilusos pretender un mundo sin individuos que vivan del cuento a costa de los demás o de organismos libres de parásitos que minen su vigor pero sería prudente la fumigación periódica para librar al organismo de piojos y a la sociedad de políticos
Si es conveniente, habría que hacerlo sin miedo, aunque los parásitos y los políticos fumigados se sientan víctimas de prácticas crueles y fascistas.

miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Y ADEMÁS QUIEREN QUE NO ROBEN?

¿Para qué llamar masa de harina fermentada y después horneada al pan? Por lo mismo que a la relación entre los que mandan y los que obedecen llaman política. Ganas de enmascarar la verdad para hacerla más tolerable.
En realidad, es la diferencia del grado de indolencia entre los que obedecen y los que mandan lo que determina la actitud de ambos grupos.
Es mucho más cómodo obedecer porque, haciendo lo que otro diga que hay que hacer, el error siempre será del que manda, no del que ha obedecido.
Por eso el que obedece nunca asume responsabilidad por lo que no ha decidido, sino que se limitó a hacer lo que otro decidió que hiciera.
El que obedece sufre las consecuencias del error del que manda, pero le queda el consuelo de culparlo de la decisión equivocada y sentirse absuelto de las consecuencias que sufrió por culpa del otro.
En definitiva, descargar en otros la responsabilidad de los daños sufridos por las decisiones de alguien en el que hemos delegado la función de adoptarlas es más cómodo que adoptarlas personalmente y admitir la culpa de haberlo hecho.
Eso de participar en la elección de los que otros señalan para gobernar, que no es más que es una de las herramientas para hacer realidad esa fantasía utópica que es la democracia, no es en realidad más que designar al chivo que expíe los culpas de los errores de quienes lo votaron.
Bastante hacen con esa desagradable función. ¿Y además pretenden que acierten en lo que decidan, que sean simpáticos y que no roben?

Mucho arroz es ese para un pollo o, como se decía antes del Pelargón, teta y sopa no caben en la boca.

lunes, 20 de octubre de 2014

JUNQUERAS, LA GAITA Y LA LIRA



El patriota catalán Oriol Junqueras, al que se le quebró la voz y apenas pudo contener el llanto cuando comprobó que se aplazaba la independencia de Cataluña que creía inminente, compartió mantel y tertulia con una familia sevillana. Lo recogió un programa de televisión y lo que dijo Junqueras y cómo lo dijo me trajo a la memoria un texto casi olvidado.
   Era “La gaita y la lira”, que firmado por el poeta José Antonio Primo de Rivera publicó FE el 11-enero- 1934 y que decía:


 ¡Cómo tira de nosotros! Ningún aire nos parece tan fino como el de nuestra tierra; ningún césped más tierno que el suyo; ninguna música comparable a la de sus arroyos. Pero… ¿no hay en esa succión de la tierra una venenosa sensualidad? Tiene algo de fluido físico, orgánico, casi de calidad vegetal, como si nos prendieran a la tierra sutiles raíces. Es la clase de amor que invita a disolverse. A ablandarse. A llorar. El que se diluye en melancolía cuando plañe la gaita. Amor que se abriga y se repliega más cada vez hacia la mayor intimidad; de la comarca al valle nativo; del valle al remanso donde la casa ancestral se refleja; del remanso a la casa; de la casa al rincón de los recuerdos.
Todo eso es muy dulce, como un dulce vino. Pero también, como en el vino, se esconden en esa dulzura embriaguez e indolencia.
A tal manera de amar, ¿puede llamarse patriotismo? Si el patriotismo fuera la ternura afectiva, no sería el mejor de los humanos amores. Los hombres cederían en patriotismo a las plantas, que les ganan en apego a la tierra. No puede ser llamado patriotismo lo primero que en nuestro espíritu hallamos a mano. Es elemental impregnación en lo telúrico. Tiene que ser, para que gane la mejor calidad, lo que esté cabalmente al otro extremo, lo más difícil; lo más depurado de gangas terrenas; lo más agudo y limpio de contornos; lo más invariable. Es decir, tiene que clavar sus puntales, no en lo sensible, sino en lo intelectual.

Bien está que bebamos el vino dulce de la gaita, pero sin entregarle nuestros secretos. Todo lo que es sensual dura poco. Miles y miles de primaveras se han marchitado, y aún dos y dos siguen sumando cuatro, como desde el origen de la creación. No plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; tendámoslos, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción exacta.
La canción que mide la lira, rica en empresas porque es sabia en números.
* * *
Así, pues, no veamos en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita; veamos un destino, una empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa no hay patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas, en sabores y colores locales. Calla la lira y suena la gaita. Ya no hay razón –si no es, por ejemplo, de subalterna condición económica– para que cada valle siga unido al vecino. Enmudecen los números de los imperios –geometría y arquitectura– para que silben su llamada los genios de la disgregación, que se esconden bajo los hongos de cada aldea.

domingo, 19 de octubre de 2014

MEJOR QUE VIVAN DEL CUENTO



Esta martingala urdida por los ratones cuando se murió el gato que los tenía a raya parece de goma: por mucho que la estiren, nunca se rompe.
Ahí siguen desde hace casi cuarenta años las cuadrillas de insaciables roedores que, siempre en competición para ver quién come más queso ajeno, se admiran de que al dueño no le importe que se aprovechen de su abuso.
La martingala de la parábola previa es el concierto de intereses, aparentemente enfrentados, de los que viven del cuento y apesebrados en partidos políticos y sindicatos.
Aunque en su vida hayan hecho nada de provecho, se quejan de que dejaron de lado el éxito en actividades privadas, que tenían garantizado, para servir a sus conciudadanos desinteresadamente y sacrificando sus ambiciones.
Y hasta puede que tengan razón porque, si como políticos han demostrado su ineptitud, ¿quién garantiza que hubieran hecho menos daño a sus semejantes en actividades privadas?
En la política han vivido la vida birlonga quedándose con lo que, por ser de todos no es de nadie, faltando a todas sus promesas  y demostrando la habilidad de que cada verdad que aseguran que dicen, encubra al menos media docena de mentiras.
No es para ponerle una medalla  a gente así pero, ¿se imaginan si sus habilidades las hubieran demostrado en honestas actividades privadas?
¿Qué daño habrían podido hacer con una hachuela de carnicero en sus manos? ¿y como albañiles de viviendas para los incautos que las habitaran? ¿se  hubiera puesto alguien en manos de un político con un bisturí en la mano y estudiando cómo meterle el primer tajo al futuro cadáver,tendido en la mesa de operaciones?
Bien pensado, mejor que sigan en política, por muy pesados que sean y por mucho que chupen del bote.

sábado, 18 de octubre de 2014

HOMENAJE A ORIOL JUNQUERAS



A los que se sometieron al sistemático lavado de cerebro franquista para que amaran por encima de todo a la Patria, la Religión y la Familia, el llanto de Oriol Junqueras ha debido retrotraerlos a los tiempos siempre felices de su cándida infancia.
El tartamudeo del esfuerzo por retener las lágrimas del independentista catalán evidenciaba a un político que, al contrario que a los demás de su pelaje, lo motiva algo más elevado que mangonear a sus semejantes.
Pero el llanto, como cualquier otra expresión sentimental que deje al descubierto que el hombre tiene alma, está mal visto en los españoles modernos.
Lo que ahora les importan por encima de todo es reclamar sus derechos, eludir sus deberes y ganar mientras más mejor con el menor esfuerzo posible.
Oriol Junqueras es un noble dinosaurio superviviente en esta fauna de híbridos de laboratorio fabricados para ganar cada vez más y fundir su individualidad con las del resto de una masa informe.
Todos iguales, con idéntico propósito vital utilitario y solo conscientes de su obligación de producir y consumir para que ese mundo alienado de sentimientos nobles no se contamine con deseos no rentables.
Por eso, porque no conciben que alguien pueda llorar porque se desvanece el romanticismo de su ideal, los pragmáticos neoespañoles se parten de risa.
Oriol Junquera me trajo a la memoria´, con su llanto por la Patria perdida, el noble sentimiento patriótico que a los niños españoles nos infundió el franquismo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

UN CUENTO PASTORIL



“Yo tenia en mi rebaño
una cordera
de tanto acariciarla
se volvió fiera”.
 A la cordera de la letra de esa serrana, para mi propósito didáctico, la voy a llamar Cataluña, la más garrida y lustrosa de las 17 de ese rebaño  que es España.
La oveja Cataluña, sabía que era hermosa y aprendió a utilizar su hermosura para que el pastor hiciera la vista gorda si decidía ser más díscola que las demás: se empeñaba en seguir su propia ruta, se negaba a comer las mismas hierbas e  intentaba  permanentemente separarse del rebaño.
El pastor, cuando su oveja preferida transgredía las normas válidas para todas, disimulaba la rebeldía, intensificaba sus caricias y cada vez era más indulgente con la insurrecta.
La oveja preferida del pastor, que era rebelde pero no era tonta, o que no era tonta porque era rebelde, decidió poner pié en pared: dijo que seguiría su propio camino y ni las caricias del pastor, ni el ladrido de sus perros, ni las advertencias de que si se apartaba de las otras se la comería el lobo la disuadieron.
La intransigencia de la oveja a formar parte del rebaño generó reacciones variadas entre sus hasta entonces compañeras:
1.- las más prudentes (o serviles), aconsejaron dialogar con la rebelde para concertar con ella un camino intermedio entre el que ella exigía seguir y el trazado de antemano por el pastor.
2.-Otras, molestas por la discriminación del pastor a favor de la rebelde y envidiosas porque no habían sido ellas las distinguidas, exigieron que la dejaran ir por donde quisiera para que se la comiera el lobo.
3.-Las tres o cuatro que se habían ganado fama de ponderadas, sensatas y juiciosas fueron las que impusieron su criterio: negociar sin prisas con la díscola para, con paciencia y generosidad, reanudar las conversaciones hasta llegar a un acuerdo aceptable para todos.
Como es lógico, se impuso la sensata recomendación de las ponderadas y comenzaron a tantear sin prisas la disponibilidad al diálogo de la rebelde.
Tan sin prisas que los lobos de las vecindades tuvieron tiempo de concertar reunirse en una sola jauría para atacar todos juntos a las ovejas.
Mientras los intermediarios con la rebelde iban y venían, una oscura noche de otoño cayó sobre ellas la manada de lobos y se comieron a todas las ovejas, a su pastor, a los perros del pastor y hasta al cacho de queso y el pan duro que el pastor llevaba en su quincana.

martes, 14 de octubre de 2014

A VUELTAS CON CATALUÑA



Al hablar castellano, solo en muy contadas ocasiones se usa la expresión “pensamiento ilusorio”, eso que en inglés llaman whisful thinking  y que consiste en creer ciegamente que es cierto lo que uno desea ardientemente que sea verdad.
La suegra del más ilustre periodista- dibujante español definía esa torpe  desviación de manera más explícita: “Siempre vive de ilusiones el tonto de los cojones”.
Y así ha vuelto a pasar esta mañana: cuando sonó a las diez el despertador, me saludó la voz emocionada, impaciente y alegre del locutor de noticias anunciando que Arturo Mas había decidido, por fin, entrar en razón y desconvocar el referendum para la independencia de Cataluña.
Cuando minutos después habló Mas a la ansiosa multitud de radioyentes que esperaban la anhelada buena nueva, su gozo volvió a caer en el pozo de la consternación: el referéndum será el dia 9 de noviembre, como desde el primer momento dijo.
Y ahora ya, tras la desilusión porque el tal referendum no haya sido desconvocado ¿qué nuevos sufrimientos podemos temer para darle sentido a nuestras vidas?
No hay sufrimiento más sensato que el de padecerlo después de que sobrevenga y no antes y, sin vivir sus consecuencias, no anticipar la certeza de que serán perjudiciales porque, ¿en qué cambiaría mi vida si Cataluña dejara de formar parte de España?
En éstos tiempos en los que se ha hecho natural que dos que no se lleven bien se separen aunque perjudique a los hijos que no tienen culpa del cambio de humor de los que se quieren separar, ¿qué importa que una región quiera dejar de ser parte de la estructura administrativa de la que ha formado parte?
Si Cataluña se hiciera independiente, ¿qué perderían los españoles además de la distracción de apostar consigo mismos si lograrán o no la independencia?
Hay algo que, estoy convencido, no cambiará: el concepto España, tan arraigado desde hace siglos entre los habitantes de todos los países desde que la civilización actual comenzó, seguirá siendo el mismo, con Cataluña y sin Cataluña.
Y será la misma España que, de desde la peña escarpada de Roncesvalles, se extendió por casi 40 millones de kilómetros cuadrados en toda la tierra y de la que, entre otros territorios desgajados posteriormente, formaba parte Cataluña.
En todo caso, Cataluña sería, como las Marianas o Yucatán, Cuba o Puerto Rico, un territorio más que en tiempos formó parte de España.