martes, 24 de marzo de 2015

ANDALUCIA: VUELTA A LA NORMALIDAD



Esta Andalucía, que tanto preocupa a los españoles no andaluces, amaneció hoy alegre y normalizada tras recuperar la tranquilidad que siguió al estado general de preocupación, que se evaporó el domingo cuando se confirmó que Susana Diaz y su partido socialista seguirán gobernándonos.
Hasta los periódicos y los noticieros garantizan la vuelta a la normalidad. “Detenidos dos delegados y 14 ex altos cargos por el fraude de la formación”, dice un titular que leo en El Mundo.
No solo tranquiliza esa noticia, sino que garantiza que en los próximos cuatro años no cambiará en absoluto esta Andalucía tan peculiar que, sin políticos socialistas que metan la mano, sería algo tan extraña como la más desolada región de Laponia.
A ver si los demás españoles aprenden: si quieren tener el sol, el clima, las feraces tierras de Andalucía, la grasia de los andaluses, sus sentidas semanas santas y sus alegre ferias, que fichen a Susana Diaz o a alguno de sus discípulos: se lo cedemos sin cobrar traspaso.
Una advertencia, si lo hacen, los que queden bajo su administración deben cooperar para que su gestión dé los resultados pretendidos.
Tienen que imitar la actitud de esos tres monos que, mientras uno se tapa la boca, el otro se cubra los ojos y el tercero las orejas.
Si no están dispuestos a no hablar, no ver y no oir, que se queden como están que, al fin y al cabo, la vida es corta y respetar las leyes es un vicio al que están mejor acostumbrados que los que sabemos no hacerlo.
A lo mejor, si fichan andaluces para que los gobiernen, hasta los vascos, riojanos, castellano-leoneses y navarros aprenden a cantar soleares y contar chistes.
Porque, con los políticos que se lleven, les daremos como regalo a alguno de los muchos genios que, en la televisión Canal Sur, organizan concursos de cuentachistes, niños cantaores (cantaoritos) y viejos y viejas que busquen compañía.
Más que eso, no se nos ocurre nada para que los españoles no andaluces aprendan a vivir tan bien como vivimos los andaluces.

lunes, 23 de marzo de 2015

POR QUÉ HEMOPS VUELTO A CVOTAR A NUESTRO PSOE



--¡Tiene guasa la cosa…
--La tendrá en el culo, como las avispas, pero yo no le veo la guasa.
--Porque usté no es andalú y no vé donde está la guasa, la grasia de los andaluses…
Y el andaluz intentó explicar lo que decidió  a los andaluces a votar una vez más a los socialistas de Susana Diaz.
“Votamos a los socialistas porque, para que todos somos iguales, le quitarán a los ricos lo que les sobre, y se lo darán a los pobres para que nada les falte, trabajen o no”.
   “Además, dicen que acabarán con la corrupción, y no hay nadie que desmonte mejor un mecanismo que el que lo haya  montado. Como los socialistas han sido los únicos que han podido organizar la contaminación a la sociedad  de la corrupción administrativa, que ellos deshagan lo que tan bien supieron hacer”.
   “Es una tarea delicada porque la corrupción no es mala para todos: solo para los que no se beneficien de ella, y sería injusto perjudicar a los que beneficia. Para que todos seamos iguales, todos debemos estar igual de contentos.
     ¿Y cómo pueden estar tan contentos los que les gusta trabajar como los que el trabajo no les hace gracia?
   Los de derechas (los del PP), que estiman la libertad más que la igualdad, deberían respetar a los que trabajar no les gusta, sin privarlos del dinero necesario para procurarse lo que los haga felices.
Por eso deberían también votar a los socialistas que, con sus subvenciones, ayudas, enchufes y enjuagues permiten vivir bien a los que trabajan y a los que no lo hacen, pero sin obligar a trabajar a los que no les guste ni les impidan trabajar a los que disfruten trabajando.
De hecho, lo mejor que podrían hacer los del PP es olvidarse de Andalucía, una región autónoma en la que sus habitantes tan bien están sin ellos, y que se vayan a dar la tabarra a otros sitios en los que a sus habitantes no les incomode ganarse el pan con el sudor de su frente.
Los andaluces ya sudamos bastante por culpa del clima. Sudar además por culpa del trabajo sería adelantar en vida el infierno que nos espera a todos después de la muerte.
Les agradecemos a todos los españoles no andaluces su preocupación por nuestro malestar, pero por aquí vamos tirando la mar de bien con éste PSOE nuestro, un partido hecho a nuestra medida o, como diría un redicho, que se adapta a nuestra idiosincrasia.
Que trabajen los no andaluces y, lo que les sobre de lo que ganen,  que nos lo manden y nosotros sabremos gastarlo en lo que nos guste a nosotros, no en lo que les guste a ellos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

IMITADORES DE CRISTO



Gracias al mando a distancia, me dediqué un rato a comprobar la diversidad de ofertas—la siguiente tan poco atractiva como la anterior—de las emisoras de televisión.
En el cuarto canal me detuve unos minutos, captado por la voz de acentos rioplatenses de una monja malencarada y con síntomas en su discurso de padecer un mal insufrible.
Caí en la tentación de evocar aquella frase de San Pablo en su epístol a los Corintios:”Imitadme a mí como yo imito a Cristo”.
¿A qué Cristo imitaba la monja de la televisión?
Desde luego, no al Cristo que perdonó a la prostituta recomendándole que no volviera a prostituirse ni al Cristo que, agonizante en la cruz, pedía a Dios padre  que perdonara a sus torturadores “porque no saben lo que hacen”.
En su imitación de Cristo, la monja de la televisión me recordó al que azotó y expulsó del templo a los mercaderes.
Y es que el Cristo compasivo y generoso fue el mismo Cristo que el justiciero e intransigente con los pecadores. 

martes, 17 de marzo de 2015

SUSANA LA DICTADORA



Hay muy pocos ciudadanos a los que, aunque procuren y obtengan trato de favor por parte del dictador,  les gusten las dictaduras. Ni siquiera a los familiares del mandamás.
Pero, ¿cómo se detecta al dictador?
Es cierto que a todos los dictadores los incomodan los discrepantes y que, por todos los medios, intentan y consiguen que nadie los contradiga.
Pero, ¿cómo se detectan los síntomas iniciales del que tiende a ser dictador antes de que, para evitar su tiranía, haya que eliminarlo si la edad no se encarga de hacerlo?
Hay una prueba infalible, la prueba del algodón que despeja todas las dudas sobre el carácter dictatorial del que no permite que lo contradiga nadie de la familia o el país a los que someta a su dictado.
Es dictador o larva de director todo el que confunda el bienestar, el interés, y la honra de su país con su bienestar, interés y su propia honra, el que intenta mimetizar su individualidad con las de todos los individuos obligados a obedecerlo.
Como le ocurre a Susana Diaz, la presidente de la Junta de Andalucía.
En los dos debates televisados previos a las elecciones del 22 de Marzo, la dictadora andaluza se desenmascaró: todas las críticas en que el candidato del partido popular Juan Manuel Moreno Bonilla señaló como responsabilidad de Susana Diaz o su partido, la presidenta las desechó como ataques al buen nombre de Andalucía.
No era utilización dialéctica de la figura retórica conocida por sinécdoque que consiste en englobar la parte en el todo, sino la expresión del convencimiento de la presidenta de que quien la critique a ella o a su partido denigra a Andalucía.
Además de larva desarrollada de dictadora, Susana Diaz demostró su capacidad innata de exculparse a así misma y a su partido—el único que ha gobernado Andalucía—descargando toda la culpabilidad en el Partido Popular, que nunca la ha gobernado.
Hasta se le olvidó que durante 22 de los 37 años de historia de la Junta de Andalucía, los socialistas Felipe Gonzalez y Zapatero coincidieron con gobiernos socialistas  andaluces.
Bendita mala memoria de la dictadora andaluza, que de todos los males de Andalucía culpó en sus dos debates a los tres años y poco más que Mariano Rajoy, del Partido Popular, lleva gobernando España.
Y bendito Moreno Bonilla, que no cayó en la conveniencia de haberle señalado ese lapsus memoriae.

lunes, 16 de marzo de 2015

RAJOY EL TORPE



Si alguien duda de la inteligencia y honestidad de Mariano Rajoy, que eche la vista atrás y recuerde que, antes de que se metiera en el barrizal de la política, su ocupación era nada menos que registrador de la propiedad.
Ese oficio requiere que el propietario confíe ciegamente en la habilidad y honradez  de alguien al que, por registrar lo que no es suyo, no se quede con parte de lo que encuentre y dilucide si lo encontrado al registrar es del que dice que es su dueño o es de otros.
Pero aquél Mariano Rajoy, sin que nadie sepa por qué, fue degenerando paulatinamente hasta llegar a la política,ue también consiste en registrar los haberes y y pertenencias de los clientes pero para quedarse con todo lo que de ellas le apetezca.
El Rajoy político al que ha involucionado el registrador de la propiedad anda ahora  por Andalucía intentando un imposible: que los andaluces, una raza de gente lista y singular que prefiere ir tirando a vivir mejor,si lo segundo lo fuerza a trabajar más que lo primero, cambien ir tirando para vivir mejor.
Como es natural, los andaluces saben lo que quieren mejor que los que no son andaluces y Rajoy, que es gallego, no es andaluz.
Por eso, al ex registrador de la propiedad se le ha ocurrido una ocurrencia que  obligaría a los andaluces a cambiar su sabio estilo de plácida vida por otro sospechosamente incómodo: crear un millón adicional de puestos de trabajo para que puedan vivir en adelante no como andaluces, sino como los desgraciados forasteros.
Y es que un millón más de ocupaciones laborales, si son para andaluces y no para  inmigrantes venidos de tierras de costumbres ajenas a las andaluzas, empeora la vida tradicional de ir tirando sin tener que someterse al rigor de trabajar.
Por eso es más torpe el político Rajoy que el Rajoy registrador de la propiedad que, si hubiera seguido siendo listo, habría prometido a los andaluces, a cambio de que votaran a su partido, lo que los socialistas les garantizan para que no dejen de votarlos.
El político Rajoy debería haberles prometido multiplicar las subvenciones que  los socialistas garantizan a los andaluces, incrementar los enchufes en organismos del estado, hacer la vista más gorda que los socialistas a los trapicheos, multiplicar los dias de fiesta, premiar con más ventajas a los que los voten que a los que voten a otros.
En definitiva, que si Rajoy quería que los andaluces votaran a los de su partido, no tendría que haberles prometido nada más que la seguridad de que seguirán tirando más andaluces que los que lo hacen con un  gobierno socialista.

jueves, 12 de marzo de 2015

LA SEGUNDA TRANSICION



Durante años, y todavía, el recorrido de los españoles para transitar desde un régimen de responsabilidad política unipersonal a otro colectivo se consideró ejemplar para otros pueblos que se vieran en las mismas circunstancias.
Con el paso del tiempo, y 37 años después de que entrara en vigor la Constitución que remató la llamada Transición, se generalizan las dudas sobre el acierto del proceso de cambio y la idoneidad de la constitución resultante.
O las alabanzas generales a la transición española eran exageradas antes o son injustas las críticas actuales a su idoneidad.
Queda una tercera posibilidad intermedia: que la transición política española sirvió para salir del paso en una situación extrema, pero es inadecuada una vez descartada la amenaza que la propició: el temor cierto o imaginado de recurrir a la fuerza lo que podría evitarse con un pacto insatisfactorio.
“Un ejército de doctores”—había avisado ya el cordobés Averroes—“no basta para cambiar la naturaleza de un error y hacer de él una verdad”
O fue un error la ejemplaridad de la transición o lo es la supuesta inevitabilidad de liquidar ahora la Constitución emanada la Transición, y arriesgarse a cambiarla por otra que puede o no ser la más adecuada para el presente y el futuro.
Lo que se intentó con la Transición de hace 40 años y lo que se pretende con la que se propone ahora es lo mismo: adecuar el conjunto de leyes  que enmarcan los hábitos de la población y regulen su convivencia.
En 1975 se trataba de que los ciudadanos, desde tiempo inmemorial y más en los últimos 40 años entrenados para obedecer lo que sus gobernantes les mandaran, decidieran por sí mismos quien los mandaría y exigieran a los que se comprometían a obedecer lo que les debería mandar.
Al régimen anterior a 1975 se le denominaba dictadura y al de después de 1978 se le conoció por democracia.
Simplificando, la democracia consistió en que los que antes solo obedecían, pasaron a elegir a los que deberían mandar,  por lo que esa reducción al mínimo del amplio concepto de “democracia” quedó rebajado a “elecciones”.
Tanto como un error ideológico, la transición consistió en una trampa retórica: englobar en una parte de la democracia (la votación) la totalidad del sistema (la responsabilidad compartida de ciudadanos autosuficientes).
Los españoles, que en ningún momento de su larga historia habían sido entrenados para sobrevivir sin tutela de los poderosos, continuaron precisando la orientación, guía, subvenciones y el amparo para que los poderosos los educaran, curaran, protegieran y les dieran techo, pan y trabajo.
Los 37 años transcurridos desde la transición, que culminó en la Constitución que les otorgó la ficticia democracia nominal que ha continuado la eterna tutela de los poderosos sobre los ciudadanos españoles, han sido años perdidos.
Como desde siempre, los españoles siguen siendo menores de edad: necesitan que los curen, alimenten, eduquen, alojen, subsidien y les den empleo los que manden, los que a cambio les dicten lo que deben votar para seguir trabajando, comiendo, estudiando, alojándose y divirtiéndose.
¿Merece la pena sobrevivir por uno mismo, a cambio de la libertad y de sus riesgos?
Esa es la cuestión.

martes, 10 de marzo de 2015

EL DEBATE ANDALUZ



La de ayer fue una programación diferente a la habitual de las noches de los lunes en Canal Sur: en vez de los habituales reportajes, emitió un debate político entre tres candidatos a las elecciones parlamentarias regionales del 22 de Marzo.
Susana Diaz (PSOE), Juan Manuel Moreno Bonilla (PP) y Antonio Maillo (IU), demostraron una vez más que, cuando se cambia para peor, más vale no cambiar.
La primera ratificó que, si a su partido le ha ido tan bien su manera de atenazar Andalucía  en los últimos casi cuarenta años, no tiene por qué irle mejor si cambia el modelo de satrapía.
Moreno Bonilla confirmó la sospecha de que lo equivocó el que lo quitó de secretario de estado de sanidad en Madrid para que fracasara como aspirante a Presidente de una Andalucía demasiado compleja para la simplicidad de su talante.
Antonio Maillo, convidado para que la pareja Diaz-Moreno completara el trío, repartió culpas que su partido había compartido con los socialistas para aparentar que, de los tres, era el menos culpable del desastre andaluz.
La avispada Susana Díaz demostró que es la más lista de los tres porque supo descargar en un ausente, el presidente del gobierno Mariano Rajoy, la responsabilidad de todo el desbarajuste andaluz minuciosamente patroneado por los Presidente socialistas de la Junta.
La culpa de que Andalucía ocupe los últimos lugares en medidores de bienestar social, educativo y de paro entre todas las regiones europeas y españolas la tienen las medidas de ajuste presupuestario del gobierno de Mariano Rajoy.
Así, la presidenta Susana Diaz culpó a Rajoy de la responsabilidad de los recortes sociales, el atraso educativo, la deficiente atención sanitaria, la galopante corrupción político-sindical y el escandaloso paro en Andalucía.
Al impávido lugarteniente andaluz de Rajoy, que escuchaba como un buda  inmutable cómo la socialista culpaba a su jefe por sus propias culpas, ni se le ocurrió precisar que las medidas del gobierno central afectaban a todos los gobiernos autonómicos y no solo al andaluz.
¿Y de la corrupción? La socialista, que de eso de meter la mano en provecho propio en lo que es de todos sabe mucho, por lo que dicen jueces y prensa, señaló a Bonilla como al auténtico capomafiosi.
La candidata socialista lo acosó para que admitiera cuantos candidatos imputados por la justicia figuraban en las listas electorales del Partido Popular.
Moreno Bonilla, ante la insistencia de su adversaria, guardó un tozudo silencio y se negó reiteradamente a contestar.
Como el que calla otorga, los que oyeron el debate llegaron a la conclusión de que los del Partido Popular en Andalucía tienen más candidatos implicados en casos de corrupción por la justicia que el Partido Socialista, el aparentemente beneficiado por la corrupción.
Con adversarios como los que designa el PP, los socialistas tienen garantizado para rato el control del cortijo andaluz. Sarna con gusto no pica.