viernes, 23 de junio de 2017

ZARZA Y LA CALOR



Seguramente no cree,  un derecho que nadie le discute en que, como no fue Dios el que creó el mundo tampoco puso a Adan y Eva para que disfrutaran de las delicias del Eden.
Me refiero a Vicente Zarza, que funge como delegado de Educación de la Junta de Andalucía en Huelva.
Don Vicente, por lo que dice o deja de decir, está convencido de que Eva y Adan eran jornaleros explotados por el terrateniente que era Dios para que tuvieran el Paraiso perfumado, a cambio de una rebanada de pan negro y una tenue loncha de tocino añejo.
Y es que el señor Zarza, quizás porque descienda de un antepasado experto en limpiar de ese molesto arbusto los amenos campos de cultivo del señorito, cree que el hombre no tiene que disfrutar de la naturaleza, sino servirla.
Cobra así sentido la decisión que, como responsable de educación en Huelva, adoptó ante la demanda de que en las aulas  se instalen acondicionadores de aire para que alumnos y maestros sobrevivan al infierno veraniego.
 Zarza dijo que no y tuvo la gentileza de argumentar su negativa: “porque originaría gastos y dañaría nuestro planeta”.
Como personero de ese partido socialista que predica con el ejemplo de sus dirigentes la conducta que deberían seguir los todavía no socialistas, seguramente el compañero Zarza no tendrá acondicionador de aire en su despacho, su domicilio ni su coche.

jueves, 22 de junio de 2017

LECTORES MASOQUISTAS



En aquellos tiempos pretéritos se enseñaba la teoría del periodismo corregida posteriormente por su práctica que, cada día, requiere revisión.
Por ejemplo: se elevaban la categoría social y los ingresos salariales de los periodistas con los del notario porque, se instaba a los estudiantes de periodismo a que fuéramos “notarios de la actualidad”.
Años más tarde, cuando ya me pagaba con mi trabajo mi sandwich de tuna fish, mi maestro Celso Collazo me enseñó en la practica la falacia de la neutralidad.
No sé por que, seria por la costumbre que crea hábito, los Estados Unidos y México  ya se remangaban para meterse mano por alguna discrepancia que solo podría solventarse a tiros.
Yo había estado siguiendo esa controversia y, una noche, Collazo me encargó que la desarrollara y actualizara con una información extensa.
Como las órdenes no se discuten, la cumplí y transmití antes de que Collazo saliera de su despacho y entregara un texto al teletipista para su transmisión.
Cortó el papel del texto que había enviado y me lo dio a leer: era el resumen de un editorial de The New York Times en el que se informaba de contactos entre los dos gobiernos que vaticinaban un acuerdo que resolviera el problema.
“Mañana verás en los controles de publicación que tu información la publican todos los periódicos de México y la mía ninguno. El lector es masoquista”.
Asi fue. Por eso Celso Collazo fue mi maestro y no lo fueron los profesores de la Escuela de Periodismo.

miércoles, 21 de junio de 2017

EL ERUCTO



El eructo es la expulsión espontánea de los gases estomacales acumulados durante la ingesta de la comida previa.
Aunque dos personas diferentes hayan ingerido los mismos alimentos, unos eructan con placer y otros con repugnancia.
Porque aunque haya sido el mismo menú el que ambos ingirieron, sus estómagos son diferentes.
Eso es la Patria.
El concepto de Patria se fundamenta en la Historia: los hechos, gestas y derrotas, heroicidades y vilezas que se sucedieron, como un plato sigue al anterior.
Hay a quien el pichón relleno de chocolate y arándanos le supo a manjar sutil y a otros una salvajada antropòfaga porque tuvo que comerse a un animal, tan digno de respeto como el ser humano.
¿Fue lícito castigar la antropofagia con la que los españoles acabaron en lugares de América matando a los antropófagos?
Hay quien dice que deberían haber dejado a los pueblos descubiertos que siguieran su propio camino hacia la modernidad y otros que hicieron bien al encauzar y acelerara el proceso.
A medida que la división de opiniones sobre la Historia se diluyan se enconan las del presente.
Si la demanda de puestos de trabajo es superior a la oferta,
A) ¿Convendría incentivar para que acepten cualquier trabajo a los que no trabajan, retirándoles o mermando la paga de subsistencia que las leyes les conceden?
B) ¿Sería mejor aumentar el monto del subsidio para disuadirlos de buscar empleo porque ganarían lo mismo trabajando que sin trabajar?
No es una disyuntiva banal porque de su solución depende el futuro: una sociedad mayoritariamente ociosa en las que los pocos que trabajen lo hagan para los que no lo hacen, o una humanidad mayoritariamente laboriosa en la que bienestar de cada ciudadano sea proporcional a la intensidad de su esfuerzo.


martes, 20 de junio de 2017

OBSERVATORIOS



Si la nueva presidenta del PSOE mandara en el partido y en el gobierno que se forme cuando, y si alguna vez ganara las elecciones, todos los secretos ocultos de ésta España trimilenaria quedarían al descubieerto.
Porque Cristina Narbona, el capirote que corona al espantapájaros que es el Partido Socialista Obrero Español, reanudaría la tarea que dejó inconclusa en su etapa de ministra: llenaría cada cerro del país y cada encrucijada de sus ciudades de observatorios.
Hasta que cada rincón oculto del alma de los españoles y cada pájaro, río, cordillera o anhelo pierda el encanto de su misterio.
Como un observatorio sin observadores sería un rosal sin rosas, los españoles tendríamos empleo en nuestra totalidad para observar todo lo digno de ser observado.
Empleo por cuenta del Estado, naturalmente.
El único trabajo seguro porque está garantizada la paga y prohibido el despido.
Como subsidiarias de los observatorios proliferarían las clínicas oftalmológicas, las ópticas y, como también puede observarse lo que se oye, las consultas de los otorrinolaringólogos.
Observar cualquier cosa sin anotar puntualmente lo observado y sin transmitir a analistas  meticulosos lo descubierto para que alerten a los ciudadanos sería un sinsentido.
Para que lo observado por los observatorios cumpla la función social con la que se crean, todo el complejo engranaje de la economía dependerá de lo observado,
De aquí a pocos años, pues, los observatorios y no los chiringuitos y las playas serán la sólida columna que cimente el bienestar de los españoles.    

lunes, 19 de junio de 2017

LA VICTORIA DEL INGLES



Al contrario que en aquellas batallas memorables en las que los vencidos peleaban aunque supieran de antemano  que iban a morir, la prudencia aconseja ahora no meterse en conflictos en los que llevas las de perder.
Me refiero a la guerra inútil del idioma español contra el inglés, en la que el visitante va ganando por goleada al titular del campo.
Basta frivolizarse un poco para comprobarlo.
Ojeen, aunque no lean, los farragosos textos literarios de las llamadas revistas del corazón que amenizan las fotografías de suculentas señoras y de sus equívocos caballeros.
Comprobarán la reiteración de la palabra “look” de ellos y ellas para que nos fijemos en su aspecto exterior.
 (El interior sería intromisión en su más íntima mismidad).
Y, ¿por qué dicen siempre look en inglés en lugar de los castellanos imagen, aspecto o apariencia?
Porque lo exótico resta plebeyez a lo nacional, que es una ordinariez.
¿Nunca se debe utilizar look?
Hay ocasiones en las que esta bien empleada.
Un amigo de mi todavía lozana juventud andaba por el campus de la New York City University cuando algo que vió lo hizo reaccionar:
“Look, a rat” gritó despavorido.
Cuando miraron los demás lo que mi amigo señalaba no vieron ninguna sucia rata, sino una traviesa ardilla.

domingo, 18 de junio de 2017

CALOR



Hay dudas que al hombre, encastillado en sus convicciones, le entran por las troneras y corroen hasta demolerlas las más inexpugnables certidumbres en las que ha vivido en falsa seguridad.
Por ejemplo, la maldad absoluta del infierno.
¿Tan malo es que hasta al más enviciado pecador lo asalta algunas veces la tentación de ser bueno?
La gente que desconoce la tortura aniquiladora del calor puede que no quiera acabar en el infierno.
Pero a los que vivimos en éste Valle del Guadalquivir donde el infierno dura cuatro de los doce meses de cada año, el infierno no nos asusta.
Uno de esos cuentos que ruedan varios siglos durante generaciones relata que un vecino de Palma del Río murió en los primeros días de un mes de Julio y, naturalmente, lo destinaron al infierno.
Preocupada iba el alma del hombre por lo que temía que la aguardara.
Llegó a un gran portón con cerradura hermética y, a regañadientes, tocó la aldaba para que le abrieran la puerta.
La puerta se abrió y percibió que, del interior del infierno, escapaba un soplo de la temperatura de dentro.
--“Coño”, --exclamó la palabrota propia de su condición de pecador—“qué bien se está aquí”.  

sábado, 17 de junio de 2017

DAR Y RECIBIR



Como las enfermedades del cuerpo que parecían curadas y sin embargo recidivan, también las del pensamiento retoñan después de aparente y definitivamente mustias.
Un ejemplo: el trabajo corporal que algunas órdenes mendicantes condenaban  hace diez siglos por contravenir el mandato evangélico de pobreza.
Solo era para ellos evangélicamente pobre el que subsistía de las limosnas que recibiera. Hasta el cultivo de los alimentos que consumían los frailes en los huertos de sus conventos les parecía pecaminoso.
Nueve siglos, que en comparación con la edad del mundo son un suspiro, la mendicidad disfrazada ahora de justicia social se ha impuesto.
Todo aquel que busque y encuentre su manutención al margen de la limosna del Estado es un hereje digno de ser quemado por la repulsa social, para que su ejemplo no contamine.
Fuera de la antigua fe no había salvación. Cualquier actividad al margen de la tutela estatal es ahora herética.
Si alguien quiere compartir lo que le sobra de lo que tiene con los que carecen de lo que necesitan, ¿para qué hacerlo llegar directamente al necesitado, con el peligro de que el donante le dé lo superfluo al necesitado, cuyas necesidades solo conoce el Estado?
¿Hay más cumplida filantropía que la de huir de agradecimientos personales a cambio de una donación?
El Estado, que es neutro, sabe lo que le sobra a cada uno de los ciudadanos y lo que les falta a otros.
Que sea, pues, el Estado el que fije lo que a cada uno le sobra y lo que a cada uno de los ciudadanos les falta.
Y, así, el donante sabrá que su dinero se emplea en lo más necesario y el que reciba no se sentirá humillado por recibir,  sino confortado porque ha conseguido lo que se merecía.