miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA PLURALIDAD DE EL PLURAL

Como la falsa moneda que va de mano en mano, va de ordenador en ordenador un leaflet, (lo digo en inglés porque su equivalente en español es folleto, palabra malsonante que a los de derechas nos provoca urticaria), que se apoda “El Plural”.
Pues bien, El Plural es tan singular que, para ver la vida del color del que le gustaría que fuera, la mira a través de un suplemento para las gafas que le permite contemplarla tan roja como un tomate en sazón.
“No se quedó corto Pedro Sánchez, cuando dijo lo que dijo respecto a la corrupción del Partido Popular. En efecto, el líder del PSOE dio nítidamente en el blanco al subrayar que el aún presidente del Gobierno de España sigue siendo una persona indecente”.(El Plural, 16-12-2015).
La equidistante pluralidad del panfleto quedó retratada. Podría haber reprochado a Sanchez que no le diera un sopapo a Rajoy, pero se mordió la lengua y no lo hizo.
Puede que fuera porque la ocasión no era la propicia.Había demasiados testigos como para acusar posteriormente a la víctima de ser el agresor.
Y es que a esta España pútrida, amenazada por el cainismo derechista,   hay que cambiarla.
El día ya inminente en que la libertad proletaria permita quitársela a los explotadores en el recato de un callejón oscuro, se van a enterar.
Y se enterarán de la pluralidad de métodos para hacerlo.



martes, 15 de diciembre de 2015

LA ENTRETENIDA ESPAÑA DE PEDRO SANCHEZ

Uno, en su sosegada jubilación, ha acentuado su preferencia por los espectáculos violentos (presencié el debut de Foreman contra Peralta en la misma gala que culminó con “el combate del siglo”  Frazier-Alí, marzo 1971).
He visto nobles boxeadores como Mantequilla Nápoles y marrulleros como Bonavena.
Pero a nadie como Pedro Sanchez. Saltó al ring con una idea fija: meter el pulgar en el ojo de su contrincante Rajoy para que reaccionara con un golpe bajo y lo descalificara el árbitro.
No el árbitro del combate Rajoy-Sanchez, que durante toda la agresión se mantuvo tan tranquilo como el Braulio.
Estoy impaciente por ver la España que module Sánchez cuando sea presidente del gobierno porque será una España pendenciera, de truhanes ventajistas y maleducados, que se meen en los cadáveres de sus víctimas.
Una España, en fin, violenta y sanguinaria en la que, por fin, mande el sicario traicionero y pierda el sheriff que ni siquiera intente desenfundar cuando tenga ya la espalda agujereada.
El mítico, falso y y truculento oeste de las películas que tanto me gustan. Y si tenemos suerte y la tecnología cinematográfica avanza, hasta se manchará la camisa de los espectadores  con las heces del bueno destripado.

Que el futuro se haga presente sin tener que esperar al 20 de diciembre.

lunes, 14 de diciembre de 2015

TELÓN DE CERDOS


Hubo en tiempos desgraciadamente desaparecidos un telón de acero que marcaba la frontera entre los buenos y los malos del mundo: Al Este malvivían los malos y, al Oeste, los buenos.
En general no había equívocos aunque en el este vivieran clandestinamente  partidarios del oeste y en  el oeste conspiraran abiertamente los partidarios del este.
Por desgracia un aciago día cayó el telón, marcando el final de aquella función que habían interpretado buenos y malos, y empezó un breve sainete en el que todos eran buenos y malos simultáneamente.
Afortunadamente duró poco aquel tiempo en el que todos eran o parecían buenos y malos al mismo tiempo.
¿Qué pasa ahora? Que vuelve a haber malos inconfundibles a un lado del nuevo telón y buenos indudables al otro y que los buenos para unos son malos para los de enfrente.
El telón de acero antiguo separaba a los partidarios de la libertad de los adeptos a la igualdad, a los capitalistas de los comunistas.
El telón nuevo es una frontera ambigua y permeable en uno de cuyos lados mandan los moros y en el de enfrente los cristianos o no moros.
Como en el añorado telón desaparecido cuando cayó el muro de Berlín, los malos (antiguamente rojos y ahora moros) llevan ventaja: operan libremente en territorio contrario mientras que los cristianos (antiguamente capitalistas) tienen que esconderse en territorio moro.
Hay que restablecer la antigua línea definitoria de las dos maneras distintas de entender la vida.
El añorado borrachín Churchill bautizó esa línea como Telón de Acero porque el metal de las armas disuadía a los enemigos de uno y otro lado de transgredir la línea de separación.
Pero los moros no parecen asustarse de las armas que manejan mejor y con más prodigalidad que los cristianos.
¿De qué hacemos pues el nuevo telón para que los moros teman atravesarlo?

Naturalmente, de cerdos. A ver qué moro se atreve a atravesar un telón de cerdos. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

CUIDADITO AL VOTAR

¿Puede un no votante convencido aconsejar a un votante indeciso a qué candidato debe o no debe votar?
Puede y debe.
Como el cura que sea fornicador consuetudinario puede y debe advertir al penitente de que fornicar es pecado.
Así que, aunque solo haya votado en dos ocasiones (si por votar se entiende entregar a la mesa el sobre con la papeleta que a uno le haya dado su hija) voy a aconsejar con la conciencia limpia a quién no deben votar el 20 de diciembre.
Hay que descartar a los rojos en primer lugar: ¿Porque son rojos?
No señor: porque se empeñan en que todos somos iguales, negando la evidencia de que todos somos distintos unos de otros y de que, hasta una misma persona, puede y es diferente un momento después a la de un momento antes.
No solo eso: se empeñan en igualar por abajo y no por arriba, desestimulando el impulso natural de la superación individual, que conduce a una sociedad mejor y no peor.
En segundo lugar, desconfíen de los que sin haber tenido oportunidad de dejarse seducir por la placentera tentación de meter la mano en la bolsa pública, condenen a los representantes de los partidos que se quedaron con dinero que no es de nadie en particular, porque es de todos en general.
Apuesto el negro de mis uñas a que los que no se han corrompido porque no han tenido ocasión de corromperse lo harán con mayor ímpetu que los que ya han moderado su rapacidad, saciada en parte por lo que ya han robado.
(Como andaluz que lleva ya varios meses sometido al gobierno de un partido experto en meter la mano, cuidadito con los partidos que los apoyan y, por asentimiento, permiten que se sigan forrando).
Esos partidos (es evidente que me refiero a Ciudadanos) son cómplices de corrupción y, además, son tontos porque la corrupción que propician no los engorda.
¿A qué partido votar entonces?
A cualquiera de los dos que ya han gobernado España: Populares o Socialistas.
Ya tienen experiencia de gobierno y por lo tanto, sus ansias de rapiña menguadas.

Y, sobre todo, porque a gobernar, como a comer, se aprende. No hay pelón de hospicio que saboree como un sibarita la exquisitez de una buena sopa de ajos.     

sábado, 12 de diciembre de 2015

GUIA PARA ACERTAR ALVOTAR




Los españoles a los que todavía no hayan convencido los partidos de izquierdas de que todos somos iguales, caerán de su burro gracias a los políticos de los partidos: todos son corruptos si han gobernado, y potenciales corruptos si no lo han hecho.
Ahí tienen a Ciudadanos y Podemos: todavía no han tomado posesión de sus limitadas responsabilidades políticas y ya apestan a corrupción algunos de sus teóricamente incorruptibles.
Ha bastado con que sus partidos los colocaran donde hubiera posibilidad de meter la mano para pasar de acusadores a acusados.
Y es que virtuales corruptos sómos todos los humanos, seamos del partido que seamos: sólo está libre de la tentación de quedarse con lo que no es suyo el que no tiene oportunidad de hacerlo.
Así que, si la honradez de un partido era un factor determinante para convencer al votante de que lo vote, el votante indeciso debería cambiar de criterio para escoger al aspirante a gobernar.
Desechada la confianza en la honradez del candidato, sobran motivos para adoptar una decisión: la simpatía, el atractivo físico, su madridismo o antimadridismo, la elegancia de su vestimenta, sus gustos musicales, su pelambrera o calvicie, la profesión de su cuñado, etc etecé.
Cualquier motivo es válido para votar a uno o a su adversario. Cuando ejerzan su cargo lo harán tan malamente unos como otros.

Y, sobre todo, votar es una de las pocas ditracciones por las que no hay que pagar.

viernes, 11 de diciembre de 2015

ESA INCURABLE ARGENTINA


 

 

ás,

“¿Te acordás Milonguita vos eras
la pebeta más linda “e Chiclana
la pollera cortona y las trenzas
y en las trenzas un beso de sol?”

Esa Argentina poéticamente canalla, de tangos que cantan a la minifaldera prostituta del bulín de Chiclana, sigue siendo un país en eterno debate entre la intelectualidad titulada y el desgarro del bandoneón.
Tierra de Papas y sicoanalistas y, simultáneamente, de Jefas del Estado con apariencia de mujer fatal, que se quita de en medio para no ver cómo pierde la corona de reina del cabaré.
Y es que Argentina es la síntesis de la alternancia entre lo que es y lo que podría ser, del orgullo de tener y de la insatisfacción de no ser dueña de lo que es suyo, de la incomodidad del europeo en un entorno indoafricano.
Sorprende más conocer a un carpintero argentino que a un boliviano astrónomo y, sin embargo, seguramente habrá bolivianos astrónomos y carpinteros argentinos.
Todos los humanos quisiéramos ser, si pudiéramos serlo, argentinos: ser lo que nos gustaría ser para dejar de ser lo que somos.
Por desgracia, en éste mundo ruin, pragmático y materialista, la propia identidad la establecen los demás, y no nosotros mismos.

Somos como los otros nos ven, no como nosotros nos vemos. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA ESPAÑA FELIZ

Como hay gente pa tó, abundan los que se ganan los langostinos vaticinando que, como la cosa siga así, vamos a tener que comernos la consecuencia de haber comido.
Se equivocan esos agoreros porque nunca habían vivido los españoles tan bien como ahora: pueden prescindir de que trabajen seis millones, además de los incontables políticos y enchufados políticos.
Y no hay ni un español sin telefono móvil ni un hogar sin televisión para ver ”Sálvame”.
Lo más llamativo: antiguamente, cuando tan mal se vivía, solo el que más mandaba se permitía perder un par de semanas pescando salmones y otro par de ellas matando perdices.
Ahora, como para hacer lo que hacía un tal Caudillo hacen falta unos cuantos de cientos de miles de políticos, se dedican todos durante 50 de las 52 semanas del año.a intentar que los elijan o reelijan para el cargo político del que comen o del que pretenden comer.
Las restantes dos semanas las emplean en la campaña electoral oficial, esos días frenéticos en los que unos se desgañitan porque quieren seguir mandando y otros quieren echarlos para vivir bien ellos.
Ese es el momento que ahora vivimos: oyendo cómo cada uno de ellos pone de vuelta y media a los demás para, después de 20 de diciembre, coincidir en que el que haya ganado y mande, nos ha engañado.

El pueblo. la chusma, los votantes  o los ciudadanos (que de forma tan variada  se llama a los votantes), nunca se equivoca. Esa es la esencia y la grandeza de la democracia.